La originalidad

Por: Televisión Granmense

¿Como soy original? ¿Cómo escribo un comentario totalmente diferente al resto en la historia del periodismo? Uno que lo deje a usted boquiabierto, y pensando “jamás leí algo como esto”. Y si me decido por un cuento, ¿podré renovar formas y contenidos?

¿Cuánta gente ha concebido lo mismo o con similitudes? ¿Cómo describo los labios de aquella mujer? ¿Con qué palabras? ¿En qué tono? Las descripciones de labios están agotadas, siempre habrá de realismo sucio, de naturalismo, de poética o de lo que sea en el interior de una expresión relacionada con eso, siempre habrá de otros autores.

Muchos podrían pensar que las historias del periodismo y la literatura son demasiado amplias, y que es difícil lograr un estilo distinto después de tanto tiempo. Hay mucho de verdad en eso.

Hasta Vargas Llosa, considerado por la mayoría como uno de los mayores modernizadores de la técnica en la actualidad, dice que cuanto se le atribuye está en Tirantes blancos, novela de caballería de hace casi dos siglos antes de su primer libro. Y si lo dice, por algo es. ¿Entonces, qué podemos hacer nosotros?

¿Cómo es original el jefe, el chofer, la recepcionista, la peluquera, el trabajador de Comunales, el maestro, el plomero…?
Aclaro que no me rijo por definiciones académicas, incluidos diccionarios, que privilegian la “condición de ideas, productos o acciones con características únicas”.

Mi idea de lo original privilegia la bondad y el afán de superación en interés personal y colectivo. Motivación y empatía constituyen las claves. Ojalá cada quien comprendiera la importancia de su labor y se sintiera orgulloso. El jefe amara a sus subordinados, se preocupara por ellos y los ayudara siempre, sin restar exigencia.

El chofer recordara cuando andaba a pie y pasaba horas en las paradas. Y así, sin importar profesiones ni oficios, todos debiéramos ponernos en lugar de otros, sin exceso de “sentimentalismo”

Eso no se logra con apretar un botón, catarsis a escondidas o levantar los brazos y dar unos brinquitos. Detrás hay otros factores. Por eso la conciencia y pretensión de ser cada día mejores, como personas y sociedad, es vital.

Nuestra realidad es demasiado compleja como para también vocearnos, dificultar el sueño del vecino o no brindarle el asiento a la señora mayor, que mañana pudiera ser nuestra abuela o nosotros mismos.

Es decepcionante ir a instituciones o a otros lugares para realizar trámites, y encontrarnos con una recepcionista que nos trate mal o puertas cerradas que pudieran abrirse con facilidad.

Mi abuelo dice que la sonrisa es medicinal, que medio problema está resuelto cuando a uno lo tratan bien. Y se lo creo.
Cada quien es el primer eslabón en esa búsqueda de “originalidad” colectiva, que exige trabajo y amistad para subir escalones, conscientes de quienes somos y el país que deseamos. El propósito es honorable.

Etiquetado con:

Acerca del Autor

Artículos Relacionados

Escriba un comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *