El Apóstol, más allá de una fecha

Lo conocemos por fotos y libros que nos susurran parte de su vida, por obras en las que parecía dejar pedazos del alma, por su grandeza de patriota, escritor y cubano que camina hacia la eternidad.

Nació un 28 de enero de la gris colonia, y con su ejemplo iluminó a las generaciones futuras. En la iglesia El ángel creador, lo bautizaron con el nombre de José Julián Martí Pérez, pero sus familiares y amigos le decían Pepe.

Nosotros lo llamamos Apóstol, El Maestro… porque parece gravitar en este archipiélago y acompañarnos, como brújula inviolable, en cada reto y victoria, con la sensación de inmortal presencia.

Calificó a su excompañero de estudios Carlos de Castro y de Castro, como apóstata por incorporarse al ejército español, y fue condenado a prisión en las Canteras de San Lázaro, con apenas 17 años de edad.

Trabajaba desde las cuatro y media de la mañana: arrastraba cadenas y grilletes por un pedregoso camino, excavaba y desbarataba piedras a golpe de pico.

Desterrado en España, cada cierto tiempo daba vueltas al anillo, forjado con el grillete del castigo, miraba la inscripción (Cuba) y un torbellino de pasiones se agitaba en su interior, como la borrasca que afuera arreciaba, durante el invierno de 1889.

Su mente no descansaba, cual volcán en ebullición que en vez de lava arrojaba luz. Le preocupaba lo que en Washington se tramaba a espaldas de los pueblos de América. La necesidad de desahogo era inevitable. Tomaba papel y pluma y dejaba su mente al libre albedrío.

El frío de estar en una nación extranjera le penetraba el pecho como daga de hielo y le recordaba el presidio. ¡Ah, el presidio! “Dolor infinito debía ser el nombre de estás páginas”, escribió en España, después del indulto que le consiguió el padre, quién lloró abrazado a su pierna, casi desecha, durante una visita a Las Canteras. ¡Día amargo ese!

Sobre los hombros y los de varios gigantes, el peso de una época, la posibilidad de otro destino para Cuba.

El 19 de mayo de 1895 su corazón dejó de latir en Dos Ríos, donde hoy se levanta un obelisco, como homenaje que se multiplica en la Mayor de las Antillas y recorre las venas de quienes lo admiran y quieren más allá de metáforas y las campanadas de una fecha.

Síganos en las redes sociales:

Deja un comentario

Facebook
Facebook
YouTube
YouTube
Instagram
RSS
Follow by Email