Envejecimiento poblacional en Cuba, otra asignatura pendiente

 Cuba está envejeciendo y no lo digo precisamente por sus más de cinco siglos de haber sido descubierta, sino porque en los últimos años ha aumentado el índice de ancianidad en su población.

 Hace algunas décadas se percibía – sobre todo en las zonas rurales-, un elevado número de mujeres que procreaban gran cantidad de hijos. En las ciudades las féminas esperaban cerca de los 26 a 30 años para concebir, pero después de ese lapso la mayoría engendraba dos o tres pequeños.

 Los tiempos han cambiado, ahora las mujeres rurales lo piensan más de una vez para embarazarse y las citadinas esperan cierto acomodo laboral y económico para parir, dos niños en el mejor de los casos.

 Este es uno de los factores que inciden negativamente en la problemática. Conozco jóvenes a quienes la idea de ser madres no les hace mucha gracia, como decimos en buen cubano; la situación es complicada para traer al mundo a un pequeño a pasar necesidades –es la respuesta que recibo casi siempre.

 Resulta que –si bien la economía no es el factor más importante-, es tenido muy en cuenta por las jóvenes parejas, quienes además se enfrentan a hogares “plurales” donde conviven generaciones diferentes: esto, a veces, atenta contra la estabilidad de los recién casados, o “ajuntados”.

 La situación en Granma

 Granma es la cuarta provincia más poblada del país –después de La Habana, Santiago de Cuba y Holguín- , sin embargo, no está ajena al crecimiento de la ancianidad. El censo de población y vivienda realizado en 2012 reveló que el 16,3 por ciento de la población granmense es mayor de 60 años, o sea, 135 mil 681 habitantes.

 Marisol Frómeta Gómez, Directora de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) en el municipio granmense de Jiguaní comenta que “el envejecimiento de la población tiene que estar acompañado de una serie de medidas que contribuyan a potenciar la calidad de vida y darle mayor participación en la sociedad. Algunos de los factores que inciden en el envejecimiento demográfico son la baja fecundidad y el aumento de las expectativas de vida de la población.

 El proceso de envejecimiento se comienza a percibir, en Cuba, a partir de la década del 70 –en 1972, exactamente-; en el año 1978 es que se diagnostica que las personas mayores de 60 años rebasan el 10 por ciento de la población total de la isla.

 En el período, la tasa bruta de reproducción comienza a tomar valores por debajo del nivel de reemplazo, o sea, que las mujeres no concibieron, al menos, un hijo.”

 “En el caso particular de la provincia –prosigue la especialista-, la llegada a la cifra del 10 por ciento se comenzó a observar en 1994, resaltando el municipio de Jiguaní, el cual la alcanzó desde 1988”.

 Actualmente los municipios más envejecidos son Manzanillo, Jiguaní y Bayamo, entre los tres representan el 52 por ciento del total de personas mayores de 60 años en Granma. La causa número uno es la disminución de la fecundidad, lo cual, al decir de Frómeta Gómez, es un factor determinante que viene sucediendo desde los inicios del llamado Período Especial.

 Asimismo la natalidad exhibe números discretos como consecuencia del nivel cultural y educacional de las féminas y, por ende, su incorporación al trabajo. Disímiles pueden ser las causas, esta es la opinión de la población:

 Algo preocupante que tiene mucho en común con esta problemática es el aumento de los abortos efectuados en los últimos años. Lo más triste es que esta técnica se ha tomado como otro método anticonceptivo; tanto así, que Cuba posee uno de los mayores índices de abortos del mundo, un procedimiento que no solo acaba con la vida del feto, sino que pone en grave peligro la existencia de la paciente.

 Las proyecciones son alarmantes: la ONEI prevé que para el 2015 las personas de más de 60 años representen el 19,5 por ciento de la población cubana, pero, dentro de diez años, la cifra se incrementará al 26,1 por ciento de lo habitantes de la isla y nos convertiremos en el país más envejecido de América Latina.

 En otras palabras, decrecerá el número de jóvenes y por tanto de fuerza productiva en el país. Tal vez esta sea una de las razones por las cuales se retrasó el límite de retiro laboral a los 65 años para los hombres y 60 para las mujeres, aunque no creo que esa alternativa sea la solución al problema.

 Otra de las causas que provocó esta situación es la cantidad de jóvenes que han emigrado hacia el exterior –principalmente hacia los Estado Unidos, donde conviven alrededor de 1,52 millones de cubanos-, la mayoría por cuestiones económicas.

 Resulta que la juventud cubana convive con sueños de prosperidad, muchas veces mal enfocados por una ideología de consumo distinta por completo a nuestra realidad, a eso se añade, además, la frustración que muchos experimentan tras cursar cinco o seis años en las universidades y toparse en la vida real con personas reacias al estudio o al trabajo estatal, sin embargo, ostentan mejor calidad de vida: una triste verdad con la que desgraciadamente convivimos.

 Es cierto que se requiere disímiles recursos materiales, humanos e incluso divinos, pero es necesario trabajar con respecto al envejecimiento poblacional en Cuba y no necesariamente construyendo más hogares de ancianos, sino desarrollando alternativas que llenen de juventud el futuro.

 Ojalá estas palabras no solo sirvan para llenar algún espacio en los medios de comunicación y sean tomadas en cuenta, entonces lograremos espantar las canas de un caimán al que le quedan aún muchas batallas por vencer.

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