El día del amor

Por: Televisión Granmense

Hoy las postales, versos propios o prestados, atrevimientos, guiños de ojos, besos inesperados… adornan el ambiente.
Algunos, por primera vez, sienten el impulso para declarar su sentimiento. Otros recuerdan a la persona que acelera su corazón. Unos caminan junto a ella o siguen anhelando.

Hay algo distinto en el aire, en las palabras, en los anhelos, en los rostros. Flechas imaginarias surcan el viento con formas de rosas sin espinas. Sonrisas, pétalos y suspiros gravitan como nubes de lo posible.

Verdad que, en cuestiones de amor, a veces, se sufre, pero lo más bello es estar dispuesto, como Bécquer, a dar “por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… yo no sé…” y amar con la intensidad del sol.

Sin la rara mezcla de nerviosismo y felicidad, sin los desvelos en las noches y ese frío caliente recorriendo el cuerpo, la vida sería demasiado aburrida.

En ocasiones, somos “torpes”: Callamos cuando no debemos, lloramos cuando no corresponde, reímos de nerviosismo o perdemos el sueño por tanto pensar en ese alguien tan especial.

Quizás, hasta regalamos un libro o algo más, con la esperanza de que las hojas y líneas leídas, historias finalizadas… sean como caricias, y la otra persona recuerde aquella tarde, cuando recostados bajo un árbol, hablamos de planes futuros e intentamos tocar la línea desdibujada del horizonte.

Mas, el tiempo puede ser cruel y, junto a las circunstancias, apagar la pasión. Por suerte, varias páginas persisten, sin deteriorase y casi nunca son disfrutadas en soledad.

Los tropiezos, las pérdidas, el no ser correspondido… duelen, como huracanes del desamor, y borran la sonrisa, pero siempre quedan recuerdos agradables. Así continúa la vida hasta que aparece esa persona con quien sobran las promesas.

No existe fórmula exacta para garantizar felicidad. En los mares del amor, los vientos suelen resultar impredecibles. Allí, bajo el sol de la pasión, todo parece más puro y la vida con más colores. Recuerda, como canta Silvio Rodríguez, solo ese sentimiento engendra la maravilla.

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