Un Conde en pueblo pequeño

Lo veía desandar por las callejuelas empolvadas de Media Luna. Su quijotesca figura pasaba casi desapercibida. Parecía un caballero sin armadura que luchaba contra problemas cotidianos. Pocas veces lo vi sonreír, y eso me llamaba la atención.

Durante aquellos años adolescentes, poemas de un escritor local me cautivaban en los atardeceres. Hablaban del poblado con centro en su gente, de amores, tristezas, nostalgias, desencuentros. Su escritor: Andrés Conde Vázquez, el mismo señor de las andanzas diurnas.

Alguien me lo presentó, y nació la amistad. Ahora sé de su ruidosa sonrisa, amor por el cigarro, el café y los vecinos, de su preocupación por la superación personal y de los amigos.

Él vive en Media Luna, desde su nacimiento en 1949. Es poeta y ensayista. Autor de los libros En el aire debe estar la transparencia, Certifíquese a la mar y Esfinge en el tiempo. Ha obtenido galardones en concursos literarios como el Manuel Navarro Luna, en cuatro ocasiones, el Adelaida de Mármol, en 1989, y el Premio 20 de octubre, de 1987. Varias de sus obras aparecen en la antología de poetas granmenses Al sur está la poesía (Ediciones Bayamo, 1997), en la revista Santiago y en el suplemento literario Vértice.

Su andar lento convierte cada segundo de su vida en murmullo melodioso de quietud, con ecos en estrofas inevitables.

Conde prefiere la elegante sencillez del verbo y el desenfado, a la complicada búsqueda de terminologías con que muchos impostan erudición. Ese es un mérito ineludible de su creatividad: el don de utilizar el lenguaje de todos los días, para formar expresiones distintas a las que todos decimos. También esa forma de poetizar como si contara una historia, la suya, la de quienes se asoman al espejo que no refleja máscaras ni poses, sino rostros auténticos y actitudes verdaderas. Aquí les muestro su poema Medialunerismos.

Canto primero
Aquí el sol es más chato
no hay paredes altas
entre las que recortar sus rayos
sin embargo hay flores
hay caras secas
vecinas intrigantes y muy buenas
que nunca negarán la sonrisa el saludo
y el agua
la belleza de una que otra muchacha
al pasar te haga feliz
ella la del buen decir la del frente
tan llena de masas
algunos otros hombres viejos y serios
que llevan en sus rostros no sé qué arrugas
en los ojos una luz de no haber vivido todo
lo que quedó no sé lo que faltó no sé
volver al tiempo ya pasado
y llenar los huecos
qué más ansían los que llevan
el rostro viejo y serio
tozudez de la edad
juventud del que joven observa y analiza
para rellenarlos a tiempo
y luego no tener la boca
así de insatisfecha
tú la que te fuiste
tú la que te escapas
tú la que no eres mía aunque te posea
insatisfacción de hombres viejos y serios
y esa luz filosófica en los ojos
hay más es cierto
el ojo perfecto que todo lo observa
y queda en la pupila dentro muy dentro
el tiempo que no llegan sus ojos
ni mis rápidas manos a decir.

Canto segundo
Aquí hay un parque
adonde nadie viene
ah belleza del parque
soledad árbol lleno de flores
y el banco el simple banco
donde esperar y saborear el tiempo.

Canto Tercero
Aquí es el centro del pueblo
pero no es aquí tampoco
donde es en realidad el centro del pueblo:
en la amplia calle que por aquí no pasa
en el barrio que aquí no es
dónde situar un punto y decir:
este es el centro del pueblo
donde se hace el amor en las noches de fiesta
en el río en la luz de la luna
cuando llega hasta el agua
allí clavar el alfiler y decir aquí es
puede ser en el Carmen
en el barrio Maceo
tan de gentes de su propio color
donde hay familias en quienes contemplar los labios
y escuchar el eco sordo de la infancia
no es en Pueblo Nuevo
el barrio donde más encuentro los pasos y piedras
de la infancia adolescencia y juventud
o en La Marina donde hay playa
y olas y arenas
será en sus gentes
debe ser en sus gentes donde está el centro del pueblo.

Canto Cuarto
Ah este es el balcón
ah aquel el edificio
ah este es el aire
bien fantástico todo muy bien
perfecta la pared los muebles
el color el baño todo perfecto es
y el cuarto del amor
la piel sí el pellejo también perfecto es
bien sea blanco mestizo negro
todo perfecto es
he visto la piel blanca sin arrugas
la tostada por el sol de tanto machetear
la del que resopla de tanto fastidio
al finalizar el sol ojos y sombreros
pasan a raudales
la del que va y viene al central
he visto vuestras ropas así de sucias y de grasas
desde pequeño no tuve otra elegancia
el campesino y su sombrero
el obrero y su herramienta
el que hace el pan
los de la mano franca
los del corazón sencillo
los que aportan a la complejidad del vivir
no sé qué extraño y simple secreto
de su existir
verles al pasar
bien en grupos bien en soledad
cualquier manera es ésta
simple vivir simple existir
puerilidad ajena y propia
es esta la gran belleza que acaricié
y respiré en soledad en público
es ésta
la de la mano abierta
ojos de niño adulto para vivir el tiempo
a como plazca eso reclamo
ojos para vivir el tiempo
y apresarlos a ustedes y a mí en este poema.

Canto Quinto
los mitos las leyendas
yo me quedo con las leyendas
que vengan los viejos y reviejos
y destapen la olla de sus cuentos de magia
y hablen de cuando el río era
de cuando el pueblo era de una casa allí y la
otra allá
del mambí que quedó sordo y no pudo hacerme
sus cuentos de la guerra
de extraños sucesos acaecidos
de la prostitución el crimen
el crimen pasional
de los amores
de Don y de Don y de Don
que vengan los viejos y reviejos
y destapen la olla de sus cuentos de magia
mis escasos cronistas
y echen aire al polvo y despierten lo dormido
el tiempo virginal que todo maravilla
con su palabra vívida
esta casa es de ustedes
vengan lleguen y digan sus hechos sus palabras
para entre todos ver frente a estos jóvenes
cómo nace de sus labios y palabras
Media Luna.

 

 

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