La novia de la televisión en Granma

Camina con frecuencia por pasillos del telecentro provincial, CNC. Saluda a los demás y sonríe o conversa algo y se va para el cubículo de edición, sets u otros lugares.

Gloria Guerrero Pereda, iniciadora de la televisión en Granma, periodista, guionista y directora de programas, lleva más de 40 años entre micrófonos y cámaras, un romance que persiste, junto a medallas, distinciones y premios.

Hace apenas unas jornadas le concedieron el Rubén Castillo Ramos, Por la obra de la vida, el más importante que otorga la Unión de Periodistas de Cuba (Upec) en la provincia.

El día siguiente, dialogamos en el patio de la Casa de la Prensa, en Bayamo.

“Me puse feliz con la noticia. Esto significa mucho desde el punto de vista sentimental, porque es el reconocimiento de quienes me conocen en verdad y el fruto de tanto tiempo de labor. Además, admiré a Rubén, excelente profesional y persona, por eso constituye también un compromiso”.

“Agradezco a quienes me quieren y ayudan, a la televisión y equipos de trabajo, a los jóvenes que me inspiran a seguir”.

Habla despacio, como si viera imágenes de cada etapa de su existencia. Cuenta que cuando niña era tímida, pero “siempre quise luchar contra eso”. Y hace un leve silencio. Pareciera que recuerda aquellos días en el poblado de Julia, Mabay, a donde llegó desde Manzanillo con apenas tres días después de nacida.

Junto a ella veo a la pequeña que vivía con sus abuelos maternos y corría en el patio y traspatio, brincaba cercas y se enterraba espinas y hasta un clavo. “Era traviesa, por allí no pasaban carros y eso también me daba más libertad”.

A nuestro lado, se forma una gran pantalla, gracias a sus palabras y encanto comunicativo. Gloria sube el tono de voz o lo baja, los gestos muestran la emoción, la nostalgia Ahí está la chiquilla que oía la pelota por radio, pasaba horas viendo ilustraciones de cómics, y preguntaba lo que significaba cada palabra, para no olvidarla jamás.
“Mi abuelo se dio cuenta y me pidió que leyera un periódico. Lo hice con dificultad, yo apenas tenía tres años de edad, por eso el asombro de todos, en verdad era memoria fotográfica”.

Aparece en Bayamo, también alegre y mira a todas partes, porque la ciudad la deslumbró con sus olores y colores diferentes. “Venir de visita era una fiesta. Luego me sucedió con Santiago de Cuba. Me levantaba temprano para mirar por la ventana el amanecer y el movimiento de la gente. Ahora adoro ir a Julia. Por fortuna, tengo familia allá”.
Confiesa que detesta los números, por eso estudió Licenciatura en Letras, en la Universidad de Oriente, pero, en tercer año, comprendió que aquello no era lo suyo y cambió para primero de Periodismo.

“Poco a poco me enamoré de la carrera. Tuve profesores de prestigio en la práctica reporteril e iba a los medios con frecuencia, donde conocí los linotipos y la realización de planas. Tuve una sección de Cultura en el periódico Sierra Maestra, llamada Algo para todos, y cuando llegué a la televisión, dije ‘aquí me quedo’, pues me fascinó”.

Después de su graduación en 1974, Gloria estuvo en Holguín, donde participó en la apertura de la corresponsalía del noticiero nacional y, más tarde, lo hizo en Granma. Durante aquella época debía editar en Santiago o la Ciudad de los Parques, sin importar horarios ni cansancio.

“Fueron días de bastante sacrificio, pero me sentía de maravilla. Guardaba los equipos en mi cuarto.

“A veces, carecíamos de medios de transporte para movernos y lo hacíamos en lo que fuera, hasta de madrugada. No soy llorona, pero en ocasiones he sufrido bastante. Cuando tengo alguna información debo publicarla rápido, porque me quema. Por mí no puede fallar nada. Lo hago enferma o de cualquier modo”, dice esta mujer de estatura baja, apasionada de los documentales y sus dos actuales programas, Convergencia y Aristas, quien se define como alguien con una coraza por fuera y blandita dentro, amante de la música, el baile, la poesía, y las películas.

“A veces, soy dura y caprichosa, no transijo con lo mal hecho, pero, en el fondo, tierna y amorosa, sobre todo con mi nieta Camila, a ella casi ni la regaño. Además, le encanta mi comida”.

Sonrío, y ella riposta: 

“Sí, sé que mi fama no es favorable en cuestiones de cocina, pero no lo hago tan mal. Es que no nací para eso, sino para estudiar. Cuando escribo, olvido la olla, y se me quema a veces. Cada quien tiene sus debilidades y fortalezas”.

Su charla es entretenida y amena. En ocasiones, disfruta sus propias anécdotas, y sigue. La etapa en Haití, como corresponsal, persiste en su mente.

“Casi nunca había luz eléctrica ni agua potable, en ocasiones ni para bañarse, pero me encantó, porque ese país siempre me ha interesado. Me preguntaba por qué sus pobladores son tan alegres y bailadores si tienen tantos problemas, por qué quieren tanto a los cubanos…

“Sentí el amor hacia nosotros. Y traté de reflejarlo en mis trabajos. Conté historias de por qué le ponían nombres de médicos a los niños, como agradecimiento, por qué nos entendíamos tan fácil, aunque el idioma fuera distinto, por qué decían ‘después de Dios ustedes’. Lo hice desde la añoranza, el dolor o la alegría, el sentimiento”.

En la pantalla imaginaria, uno de los momentos más especiales para ella: la fundación del telecentro provincial, el nueve de mayo de 1995, donde fue Jefa del departamento informativo hasta el 2006.

“Soñaba con la instalación, la creía distante, por eso tanta alegría aquel día”.

En otra de las secuencias que evoca, observamos a una joven intranquila y algo tensa. “Después de un terremoto ocurrido en 1992, pensé que me había equivocado, por ser rápida y confiar en una fuente, sin constatar. Hasta interrumpieron la transmisión nacional para poner mi trabajo. Cuando llegué al lugar con mayores afectaciones, pensé que antes había exagerado.

“Me avisaron que Fidel venía para Bayamo y quería verme. Imagínate. Él dijo ‘vi tu información, por eso estoy aquí, me dejaste pensando’. Yo temblaba.

“Luego me felicitó por los datos que incluí hasta sobre terremotos de similar intensidad en siglos precedentes. Ya él había estado en el Centro de sismología en Santiago, para comprobar todo. Luego hicimos un recorrido por las zonas con daños”.

Gloria señala peculiaridades de la prensa en la actualidad. Parece aconsejar a un discípulo.

“A quienes comienzan les aconsejo que investiguen hasta lo más mínimo, hagan sus archivos. No basta con escribir bonito, deben superarse y adquirir oficio. Sean valientes, creativos, respeten a la profesión y jamás se equivoquen en cuestiones de principios.

“A veces, percibo que algunos no tienen tantos deseos de hacer. Uno debe traer el periodismo en la sangre, el talento y la vocación no se enseñan. Los de más edad debemos ayudarlos, inculcarles el espíritu de sacrificio y dejarlos que abran las alas.

“Trato de comprenderlos y varios también me ayudan. En ocasiones, los critico, aunque en privado”, expresa quien asegura no cambiaría nada en su vida profesional, porque “me siento afortunada hasta por los momentos más difíciles”.

A pesar de mis 65 años, sigo siendo la misma muchacha que empezó en la Universidad y en el periódico Sierra maestra, aunque con más experiencia. He aprendido de muchas personas, incluido Víctor Montero, profesor y amigo fallecido hace algún tiempo. Él me señaló caminos, y recuerdo sus consejos con frecuencia. Por supuesto, esa muchacha está más vieja, pero con el alma intacta y el mismo amor por el periodismo y la televisión”.

Gloria Guerrero Pereda se levanta de la silla y juntos caminamos por parte del casco histórico de Bayamo. Ella habla con la misma tranquilidad de antes. Sonríe, saluda a varias personas, mira a uno y otro lado, y sigue. Su mente, cuna de tantas ideas y creatividad, quizá busque un tema para otro documental. Un beso es la despedida y, mientras me marcho, la imagino con su nieta, en el cubículo de edición o tomando el café que tanto le gusta, casi siempre frente a la computadora. Con la misma sencillez de siempre, sigue en su querido CNC, como una novia fiel.

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