El gran premio de un empedernido soñador

Durante la segunda mitad de la década de los años 70 del siglo precedente, un grupo de reporteros, noveles unos y experimentados otros, divulgadores estatales y dirigentes políticos de Las Tunas, Granma y Holguín, estudiamos Licenciatura en Periodismo mediante cursos regulares por encuentros, que tenían lugar en la última ciudad mencionada.

Ahora pienso que la experiencia fue uno de los muchos antecedentes de ese asombrador paso de universalizar la Enseñanza Superior en Cuba.

En una ocasión en que la cantidad de cierto libro de texto no era suficiente para entregarnos uno per cápita, fue propuesto hacerlo por equipos formados por quienes vivieran cerca entre sí.

Un integrante del grupo pidió tener en cuenta su caso, pues además de ser único representante allí de su localidad, esta se encontraba en la Sierra Maestra. En esa y posteriores situaciones parecidas, tuvo el beneficio de educadores y compañeros de pupitres.

Como mi principal referente tangible de montaña entonces era una simple espinilla en la piel del planeta, llamada Loma de la Yuca, en el natal barrio rural banense con nombre de planta acuática, imaginaba que el entorno del susodicho colega era el lomerío donde el Ejército Rebelde abrió sendas de triunfos a golpes de coraje.

Los resultados de sus evaluaciones periódicas y proclamación, en la graduación del grupo, de mejor expediente, pusieron de manifiesto el buen uso dado por él a la bibliografía.

En ese instante de júbilo y despedida, algunos nos enteramos que Eulice Proenza de la Torre era un compositor reconocido, de quien Barbarito Diez había grabado, en 1957, Divina Fantasía, su declaración de amor –asegura- a Yolanda, la esposa, y la orquesta Hermanos Avilés Que sí, que sí, que sí, con arreglo de Juanito Márquez.

COMO EL AIRE Y LA LUZ SOLAR

En su casa, que está a la entrada principal de la ciudad de Guisa, muy cerca de las históricas montañas orientales, pero no en medio de ellas, conversamos sin prisa sobre algunos del inagotable arsenal de temas que lo apasionan.

El diálogo es en su amplia biblioteca personal, atiborrada de estantes, libros, revistas, folletos, periódicos….
-Los libros, siempre, los libros –comento-, y le recuerdo la anécdota antes narrada.

-Sí. Son una de mis pasiones –dice riéndose.

“Escucha bien esto que voy a contar. Guisa, desde su fundación en 1765 hasta 1959, solo dio cinco intelectuales: un farmacéutico, dos pedagogas, un abogado y una arquitecta. Ahora, en este CDR, vivimos 21 profesionales. ¿Qué te parece?

“Cuando llego aquí, en 1953, con 17 años de edad, me llama la atención que no hay inquietudes culturales, excepto en siete u ocho extranjeros ricos.

“Me uní a César Hernández, abogado, y a Armando Carrazana, ingeniero, quien había intentado crear un centro introductorio para hacer el bachillerato, y a Marino Jiménez, que componía décimas, recogimos libros e intentamos, infructuosamente, hacer una pequeña biblioteca pública.”

La causa, explica, es el triste panorama de la educación en Cuba antes del primero de enero de 1959, descrito por Fidel en su alegato La Historia me Absolverá, acrecentado en territorio guisero por ser montañoso, y “quizás no pasaban de 15 las escuelitas existentes, y nada más se impartía hasta quinto grado”.

El viejo anhelo del compositor que dejaba descansar sus musas para ponerse por completo a disposición de la Revolución, lo materializó en 1963. “Traje 500 libros para venderlos en una tienda mixta. Eso no se había hecho antes en ningún lugar de este país; después se generalizó”.

-En Granma, ediciones de la Feria Internacional del Libro han incluido a Guisa. ¿Qué opinión le merece?
-Sencillamente es algo que no cabía en mis sueños. Y soy, por naturaleza, un soñador.

“Aunque salgo poco porque para caminar tengo que emplear muletas, he ido y comprado varios títulos, entre ellos Absuelto por la Historia, que lo esperaba ansioso.

“Aquí, a la casa, vino a verme en una ocasión (el poeta) Alex Pausides y me alegró mucho, porque es mi amigo y me gusta como escribe. Además, es un buen editor.”

HACEN FALTA 40

Vaciada la segunda tasa de café bien negro, caliente y amargo, le insinúo hablar de su quehacer en el campo de la composición musical, pero decide dejarlo para más adelante y continuar con el asunto educacional.
-Es interesante y me seduce, expone en tono justificativo.

“Por aquella época de empezar a vender libros en unidades de Comercio, Guisa era como un barrio de Bayamo y yo algo así como jefe de despacho de Julio Báez, ya fallecido, director de la JUCEI.

“Habíamos vivido intensamente la alfabetización y su seguimiento, pero aún en este territorio no había secundaria obrera, fui y hablé en Educación con Guido Castel, hombre generoso, entusiasta, y me dice: ’Busca 40 alumnos con sexto grado, por que son cinco los profesores requeridos, y te pongo la escuela’.

“Me di a la tarea, no creas que fue fácil, la Federación (de Mujeres Cubanas) me ayudó, pero no llegaba a la cifra y tuve que completarla con gente de El Horno. Abrir ese plantel fue un suceso maravilloso.”

COMPOSITOR, PERIODISTA Y VARIAS COSAS MÁS

Además de compositor y periodista, Proenza de la Torre es acucioso investigador de la historia local, escritor radial y varias cosas más, pero por sobre todas ellas un cubano desde el cabello hasta las puntas de los pies.

Aunque tenía varias creaciones musicales conocidas, montadas por orquestas de primer nivel, dejó de componer un tiempo y se entregó todo a impulsar la obra de la Revolución. Fue jefe de recreación regional, laboró en el INRA (Instituto de Reforma Agraria), Poder Local, Radio Bayamo…

Eso sí, en todo momento mantiene estrechos lazos con Educación. Se desempeña, en Guisa, como profesor de Economía Política y Filosofía, en la Escuela de Economía, jefe de cátedra de Educación Estétetica en el desaparecido Instituto de Perfeccionamiento Educacional, conferencista habitual en la Unidad Docente de agronomía del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de Bayamo (ISCAB), devenido Universidad de Granma.

“En el `72, rememora, comencé de nuevo a escribir canciones, fundamentalmente patrióticas, y gané un gran premio con una cantata.”

Es autor de Canto a Granma, que no la considera propia, sino de los habitantes de dicha provincia, y se emociona cuantas veces la escucha.

Una de sus más recientes composiciones está dedicada a los Cinco Héroes antiterroristas cubanos, en la que mezcla ritmos criollos y norteamericanos.

EL MÁS GRANDE DE LOS HONORES

En sus abundantes años de intenso hacer en diversas zonas de la realidad, muchos son los alegrones que ha tenido Proenza de la Torre, pero “los honores más grandes me los ha hecho la Universidad (de Granma). Primero, pedirme que compusiera el Himno de la institución, en ocasión de su vigésimo quinto aniversario, en el 2001, y que fuera profesor de su sede aquí (en Guisa). Esto es el gran premio de mi vida; conmovedor. Para mí no hay nada más trascendente”.

“Soy un soñador empedernido, como compositor y escritor, tengo que soñar, pero esto nunca me pasó por la mente: la existencia de universidad en Guisa y yo ser uno de sus profesores.”

UN PRIVILEGIO

Para Marta Margarita Labrada, quien se desempeñara como directora de la Sede Universitaria Municipal en Guisa, trabajar con el profesor Eulice Proenza fue una de las mejores experiencias de dicha institución, “por su elevado nivel de preparación, ante todo político e ideológico, y científico técnico; su positiva influencia en el proceso de integración del colectivo de profesores, y poner su biblioteca gigante al servicio de todo el que lo necesite”.
Quizás va siendo hora de que los organizadores en Granma de la Feria internacional del Libro, le dediquen una de sus ediciones a Eulice Proenza de la Torre. Sin dudas, se lo ha ganado.

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