Médicos y enfermeros granmenses recibidos en Bayamo a su regreso del enfrentamiento al ébola en África.

Por: Televisión Granmense

BAYAMO, Granma.— Como el héroe que regresa de una guerra a muerte, vivo y victorioso, y suspira fuerte el final del peligro sobre el hombro de la esposa, el cachete del hijo, el llanto de la madre que lo abraza otra vez y no lo suelta, así volvieron ayer a sus casas los hijos de esta provincia que enfrentaron el azote terrible del ébola en África.

Como el héroe que regresa de una guerra a muerte, vivo y victorioso, y suspira fuerte el final del peligro sobre el hombro de la esposa, el cachete del hijo, el llanto de la madre que lo abraza otra vez y no lo suelta, así volvieron ayer a sus casas los hijos de esta provincia que enfrentaron el azote terrible del ébola en África.

Fueron pocos minutos de un encuentro esperado, de esos instantes profundos en que la alegría se convierte en lágrima y un abrazo largo dice más que las palabras; aunque hubo algunas que dijeron demasiado, como el grito de ¡Papá!, sin pena alguna, o el sonido de un beso reservado.

Fue un recibimiento rápido y hondo —a la altura del Céspedes y el Perucho Figueredo que enaltecen la Plaza de la Revolución de Bayamo— el que dio la bienvenida a casa a los médicos y enfermeros granmenses escogidos para la misión.
 

   
   A su llegada a Bayamo, los médicos y enfermeros granmenses rindieron tributo a Céspedes y Perucho Figueredo en la Plaza de la Revolución. / Foto del autor.  
     

Sin detener las caricias sobre el niño en brazos, el enfermero Fabián Diego Smith, describe su participación como un agradecimiento:

“Fue un deber que cumplimos como se nos pidió: de vuelta vivos y sanos, pero además victoriosos. Yo mismo, licenciado en enfermería, soy resultado de esta sociedad que se preocupa por la salud de la gente, los de aquí y los de cualquier parte. Por eso di el paso al frente cuando se nos convocó. Eso hace un revolucionario agradecido.”

Niorge Matamoros, también enfermero, de 32 años, sintió vibrar en Sierra Leona el nombre Cuba: “Lo pusimos en alto, muy alto, y recibimos el premio del agradecimiento de muchas personas que aunque no hablaban nuestro idioma, nos lo hacían saber de cualquier modo, en una nota, una mirada, una sonrisa por la vida salvada.”

También por Cuba y en nombre de sus colegas habló el doctor Ángel Mejías, especialista de primer grado en Medicina Interna, emplazado en Liberia: “Fuimos los primeros en llegar y demostrar que el modo de enfrentamiento era al lado del paciente. Luego de imponer nuestro protocolo, de vernos proceder con éxito, bien protegidos, pero de pie junto al enfermo, varias misiones de otros países comenzaron a atreverse. Fuimos realmente un paradigma.

“Claro que temíamos por nuestras vidas. Religiosos o no, todos nos persignábamos antes de entrar a las áreas rojas, pero nadie dio un paso atrás y cada día confirmamos el sentido humano y altruista de nuestra Medicina.”

“No importan los nombres de quienes salvamos”, volvió Fabián, después de los abrazos. “Si algo aprendimos es que la vida es valiosa en cualquier hombre, sin importar el lugar. Es verdad que la muerte estaba ahí, desde que pisamos tierra africana hasta el día de vuelta sobre el avión, sabíamos que podíamos o no regresar con vida, pero por nuestros principios fuimos… y aquí estamos.”

El recibimiento en Bayamo estuvo encabezado por Sonia Pérez, primera secretaria del Partido en Granma, y Manuel Sobrino, presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular.

Médicos y enfermeros granmenses son recibidos en Bayamo a su regreso del enfrentamiento al ébola en África.
 
Médicos y enfermeros granmenses son recibidos en Bayamo a su regreso del enfrentamiento al ébola en África.
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