“El historiador, mientras más viejo, mejor.”

Por: Televisión Granmense

En este juicio, como en otros tantos, la destacada historiadora de Santiago de Cuba, ensayista y profesora cubana, no yerra. No caben dudas que con el tiempo, los historiadores, amplían su diapasón cognoscitivo, su visión sobre la Historia, se agudizan sus sentidos y ese olfato para saber distinguir qué investigar y qué novedad decir.

Para ellos, entonces, es como si la vida, con su práctica, se fundiera con el acerbo teórico adquirido en los años mozos de universidad. Entonces, la vida adquiere un prisma y un matiz más completo, más real, más dinámico y vivaz.

La doctora en Ciencias históricas Olga Portuondo, Olgita, como le llaman sus amigos, ha realizado un auténtico aporte a la historiografía cubana contemporánea al estudiar la historia regional del oriente de la isla en el siglo XVIII y los procesos de formación de la identidad y la nacionalidad cubanas.

Ha recibido el Premio Nacional de Historia, 2003; el de Ciencias Sociales y Humanísticas, 2010; Nacional de Investigación, 2006; Anual al Mérito Científico de la Universidad de Oriente y el Ministerio de Educación Superior (en tres ocasiones) y Medalla Conmemorativa por el 50 Aniversario de la Universidad de Oriente, entre otras distinciones.

Su extensa bibliografía incluye, entre otros títulos: Un guajiro llamado El cucalambé. IImaginario de un trovador, Cartas familiares, Francisco Estrada y Céspedes; Nicolás Joseph de Ribera; Historia de Cuba: La Colonia; Un liberal cubano en la corte de Isabel II; José Antonio Saco, eternamente polémico y La virgen del Cobre; símbolo de cubanía, que ya circula en su sexta edición.

Es coautora de varios libros y sus ensayos y artículos sobre temas históricos han sido incluidos en antologías y publicaciones periódicas dentro y fuera de Cuba.

-Sobre su pasión por la historia, comentó al programa Primera colada, del cual formamos parte como auditorio:

-Estudié en un colegio privado, laico. Sucede que allí había, realmente, una educación patriótica muy singular que nos motivaba por el estudio de la Historia de Cuba. Siempre hacíamos representaciones del juicio de Martí, del fusilamiento a los estudiantes de medicina. Nos enseñaban flanco izquierdo, flanco derecho, esas cuestiones militares con las cuales me familiaricé desde que tenía ocho años porque se hacían unos desfiles muy bonitos.

“El quinto año del bachillerato lo hice en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santiago de Cuba. Iba a estudiar filosofía y letras, entonces lo más cercano a la historia, pero se hizo una reforma universitaria y crearon la carrera de historia. Así ingresé en enero del 63 en la Universidad de Oriente”, ilustra la doctora en Ciencias históricas.

“Las posibilidades de que una mujer hiciera historia eran muy limitadas hasta entonces. Estaba Hortensia Pichardo, pero casi ninguna mujer historiaba. Era una profesión monopolizada por el sexo masculino. La carrera abrió la posibilidad de que las mujeres pudiéramos expresar nuestros criterios historiográficos.

“Empecé como profesora a impartir clases en la universidad desde que era estudiante, por la carencia de profesores. Este año cumplí 50 años de docencia en la Universidad de Oriente. Impartía historia de la antigüedad, que aporta una cultura extraordinaria. Eso me robó un poco el tiempo que podía dedicar a la investigación.”

-De su primera investigación y publicación Cartas familiares, Francisco Estrada y Céspedes, explica:

-Se acercaba el aniversario de la guerra del 68. Existía la posibilidad de publicar unas cartas que había escrito un mambí a su esposa que se había ido a vivir a Jamaica, este autor era Francisco Estrada y Céspedes, sobrino de Carlos Manuel de Céspedes.

“Ese fue mi primer trabajo, aprender a transcribir aquellas cartas de amor y desesperación, a describir los acontecimientos de la manigua, donde se hablaba de Céspedes y de las dificultades cotidianas. Fue una gran experiencia escoger qué era lo que debía investigar”, expone la investigadora titular de la Academia de Ciencias de Cuba.”

-Comentarios de la relación historiador-editor:

-Trabajé con un editor excelente, Ricardo Repilado, el Repi, como le decían. Un amor. Aprendí muchísimo sobre el trabajo editorial.

“Quien escribe debe saber cómo se hace el trabajo editorial, las normas. No se puede dejar que el editor te reescriba el libro. Uno debe vigilar qué le van a cambiar sin irrespetar el trabajo del editor.

“Para el historiador es importante saber escribir para hacer historia. A veces se piensa que no es necesario. Pero dominando las técnicas uno aprende a ser más atractivo, sin que implique la ficción.
“A veces me pongo hasta en el trabajo de diseño, porque el libro siempre se proyecta como un elemento social. ¿Cuántas personas no intervienen en el trabajo de su publicación?, desde que uno va al archivo, el trabajo de composición, cubierta…”enfatiza.

-De las lagunas de la historiografía cubana, acota:

-Siempre hay que acercarse mucho más a la verdad de la historia, al proceso de la formación de la identidad nacional. Por qué negar el papel del aborigen, por qué trabajar fundamentalmente la presencia africana del siglo XIX?

“Hay una unidad en todo el territorio oriental, una necesidad de hacer esa historia. Estamos en el contexto del archipiélago cubano, del caribe, nunca se pueden pasar por alto esos vínculos porque si no, estamos haciendo una historia muy reducida que no contiene la mayor riqueza.”

-Y de la dualidad ciencia e historia, opina:

-He insistido mucho que en esta época tenemos que hacer una historia mucho más elaborada con los elementos que tenemos en ciencia, que son bastantes, porque ha existido un cambio en la historiografía.

“Ya no se trabaja solamente la cultura política, las grandes personalidades de la historia; se trabajan elementos de antropología cultural, del psicoanálisis, la sociología, la psicología.

“Estamos en otra época y tenemos que aprovechar en ese sentido todos los recursos de la ciencia que se nos ofrecen. Hay que trabajar esa otra historia que tiende a la sociedad en su conjunto. Se puede estudiar a una persona en particular pero rodeada de los elementos que componen la sociedad. No somos entes asilados.

“Los historiadores nunca trabajamos en función del pasado solamente. El pasado está construido en función de su presente, no puede desligarse, por eso subrayamos el hecho de que cada generación tiene su historia y debe ser contado desde su punto de vista.

“El historiador, si es historiador de verdad, investiga el pasado pero siempre pensando en el presente y en el futuro. El pasado se estudia para conocer mejor la sociedad que le corresponde vivir y cómo construir ese futuro. Estoy muy contenta con vivir en esta época y hacer la historia en función de mi generación.”

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