La otra familia

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Ramón Ponce, de 81 años de edad y con 8 hijos, no quería entrar a la casa de abuelos, en Media Luna, porque la asociaba a una especie de asilo para quienes no tienen familia o son despreciados. Además, “qué iba a pensar la gente”.

A Eva Rosabal, de 83, la familia no se lo permitía, “hasta que me escapé. Aquí he cambiado cantidad, ya no me pongo tan nerviosa como antes, y me divierto con los demás. Creo que me voy cuando sea para el cementerio. Algunos me piropean, pero no les hago caso”, agrega sonriente.

Salvador Anaya, de 65, permanecía bastante tiempo en la calle, porque “me aburría junto a mi sobrina muda, con quien vivo, y estaba un poco débil. Ahora como siempre a la hora establecida y me entretengo en el grupo”.

Así, muchos se negaban a comenzar; luego sus vidas se llenaron de nuevos amigos y del entusiasmo, que algunos apenas recordaban.

La licenciada en nutrición y miembro del equipo de captación con más de 12 años de experiencia, Yamilé Vargas Tamayo, dice: “es normal esa reacción al principio, por la existencia de tantos prejuicios, después ni de vacaciones desean salir.

“Varios entran por vivir solos y deprimidos. Los hay con más de 20 años sin ir a fiestas, que casi no reían por desilusiones y, pasados unos meses, hasta se enamoran entre ellos. Los visitantes se asombran porque, a veces, son como muchachos: juegan, bailan, hacen chistes y obras de teatro.

“Los atendemos lo mejor posible y la alimentación es buena: incluye desayuno, merienda por la mañana y la tarde, almuerzo y comida. Una los asocia con los padres”.

El proceso de captación se realiza por un equipo multidisciplinario, integrado por médicos, trabajador social, psicólogo, logopeda, dietista y otros profesionales, quienes evalúan cada caso, visitan los hogares y realizan charlas con familiares, cuando es necesario. El período de adaptación es de un mes.

LA CASA DE TODOS

La remodelación constructiva, realizada hace unos meses, favorece la comodidad de los 25 adultos de avanzada edad que permanecen en la Casa, de 7.00 de la mañana a 5.00 de la tarde. Su administrador, Aris Miguel Figueredo Pérez, asegura: “se hicieron cambios de la carpintería, enchape en los dos baños, construcción de una terraza en la segunda planta para juegos de mesa y de un comedor en el patio, que antes estaba al lado de la sala.

“Hay más amplitud en el interior y pensamos incrementar las capacidades, al menos en diez, por la situación de envejecimiento poblacional en el municipio y todo el país, aunque se debe aprobar primero a nivel de provincia. Tenemos ventiladores y sillones nuevos”.

Ana Rosa Sosa Velázquez, cocinera y fundadora de la Casa, confiesa: “me siento muy feliz con ellos, celebramos cumpleaños y bailamos. Algunos me hacen reír con sus chistes. En ocasiones, me elogian la comida. Siempre me esmero para que quede buena”. Luego vuelve al ajetreo entre ollas y sartenes. Desde allá, dice “pregúntales, si quieres”.
Rafael Guisado, de 65 años, asegura que sí, “y siempre a su hora. Aquí también nos toman la presión con frecuencia, hacemos ejercicios, visitamos museos y otras instituciones de cultura, debatimos sobre política, deporte y la sociedad de forma general. En el baño, siempre hay toallas y jabón. Cuando alguno se enferma, vamos al hospital o a su vivienda. Esta es como mi otra familia”.

Para Elda Fonseca, de 63, “todo es perfecto, solo falta un teléfono, así mi hija podría llamarme”.

EL AUMENTO DE LA EDAD O APUNTES SOBRE EL ENVEJECIMIENTO

Según el informe Estrategias de enfrentamiento al envejecimiento poblacional (2013), del Departamento de Adulto Mayor, Asistencia Social y Discapacidad, de la Dirección Provincial de Salud, Granma tiene 14 casas de abuelos, con 340 capacidades en total, y siete hogares de ancianos, con 457 camas.

Estrategias actuales privilegian la recuperación de plazas que se redujeron durante el Proceso de Reorganización y Compactación de los Servicios en el año 2010, y abrir nuevos centros para las prestaciones geriátricas, en correspondencia con el aumento de la edad promedio en cada municipio.

Los altos niveles de envejecimiento influyen en el incremento de las personas jubiladas que, en abril de 2014, ascendían a 99 mil 940.

El presupuesto para pago por concepto de jubilación roza los 280 millones de pesos (INASS, 2014). Como promedio, 1,3 personas sostienen económicamente a cinco, lo cual provoca un alto desbalance.

Según la tesis de licenciatura de la periodista Maricarmen Tornés Bernal, presentada en julio de 2014, el territorio tiene alrededor de seis mil 377 núcleos protegidos por la asistencia social, en el 44% hay adultos mayores. Varios reciben subsidios en hogares de ancianos y casas de abuelos o se favorecen con el servicio de alimentación de los comedores comunitarios. Alrededor de seis mil 415 viven solos, por disfunciones familiares u otros motivos.

De 2008 a 2013, el crecimiento de la población disminuyó de 2,1 a -0,8 por cada mil habitantes (ONEI, 2013), como resultado de las migraciones y, en menor medida, de bajos niveles en la tasa global de fecundidad.

Se añade la cantidad de ciudadanos que se va a otras regiones, en especial con edades inferiores a los 40 años, en busca de nuevos espacios de realización profesional, mejores condiciones de vida, por matrimonios u otras razones.
A nivel de país, la esperanza de vida es de casi 80 años, el aborto legal y con aceptación moral, lo cual influye en que una alta cantidad de embarazos se interrumpa de forma intencional. Como en el resto del planeta, el acceso de las mujeres a la educación superior y a puestos de trabajo, el incremento de métodos anticonceptivos y los problemas económicos, conllevan a una baja en la tasa de natalidad. El promedio de hijos por fémina ni siquiera llega a dos, con incidencias negativas en el reemplazo poblacional.

Según la Oficina Nacional de Estadísticas, en el 2035 los ciudadanos mayores de 60 años podrían constituir más de un tercio de la población.

El panorama actual exige el aumento de las casas de abuelos, hogares de ancianos y cuanto favorezca la atención a personas con edades avanzadas. Ellas suelen necesitar la ayuda de otras y, a veces, adquieren una condición de dependencia que resulta inevitable, sobre todo cuando sufren determinados padecimientos.

La familia no siempre asume su cuidado permanente, por situaciones circunstanciales o de otro tipo. Instituciones del Estado, destinadas a su atención, asumen entonces bastante responsabilidad.

Es vital regalarles amor y tratarlos como a nuestros propios padres. Por eso alegra tanto percibir la felicidad de quienes conviven en la casa de abuelos, en Media Luna. Ver a una cocinera que se ríe a carcajadas con los muchachos de 70 años y más, observarlos a ellos ensayando una obra de teatro y aconsejándose unos a otros, respecto a la actuación, “porque tenemos que hacerlo bien”, o escuchar el piropo de Ponce a Eva y las bromas de todo el grupo. Oír sus anécdotas de travesuras y los planes para cuando se encuentren el próximo día.

Resulta esencial seguir la búsqueda de alternativas para el incremento de los nacimientos y de la población económicamente activa, conscientes de que influyen muchos factores en el fenómeno.
 

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