Making of y el misterio de un seudónimo

Dazra Novak es una escritora y una mujer interesante. Lo primero lo supe desde que leí su cuento Té de coca en la revista El Cuentero. Lo segundo, lo descubrí en pocos encuentros en La Habana. En aquel primero, entró junto a otros escritores al pequeño local donde nos encontrábamos los alumnos del Curso de Técnicas Narrativas, del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso (2014). Permanecía seria y nada en sus gestos parecía demasiado sobresaliente, aunque quizá precisamente ese fuera parte del encanto.

Dazra es el seudónimo con el que firma sus obras y quien, según dijo ella (la de carne y hueso) en una entrevista, “no sé si es hombre o mujer porque cuando lo soñé sólo estaba escrito, creo que edad no tiene, yo, en cambio, respiro, reposada en la más común de las existencias”.

¿Acaso es posible establecer límites entre ambas? ¿Cuánto de la mujer real hay en sus textos? Después de leer algunos, sospecho que mucho.

Ella misma lo confiesa: “de dónde salen las voces sino de nuestras experiencias, de ese juego constante con el tiempo. Lo que fue, lo que es, lo que pudo haber sido, eso que aconteció a alguien más y, por suerte o desgracia, no a nosotros”.

Vayamos por pasos para conocerla un poco más: Reside en La Habana. Es Licenciada en Historia, Premio David 2007 por el libro de cuentos Cuerpo público (Unión, 2008), Premio Pinos Nuevos 2007 por Cuerpo reservado (Letras Cubanas, 2007) y ganadora de la beca Frónesis (2010).

Es de estatura media, cabello negro. Suele usar gafas y una cámara fotográfica para guardar momentos, lugares, rostros…

Hace poco devoré, como polilla que come con los ojos, su novela Making of, Premio Uneac de ese género en 2011, y de la cual expresa la autora: “su pretexto consiste en la filmación de un documental en Cuba, pero eso es apenas la mampara tras la cual el equipo de filmación escenifica otra realidad, fragmentada, llena de peripecias absurdas y trasnochadas, una realidad que manipula a estos personajes y los lleva a replantearse sus vidas, o no”.

Dazra logra una agradable atmósfera narrativa, con precisión en el lenguaje y estilo coloquial. Los capítulos casi nunca exceden las seis cuartillas y poseen cierta independencia como historias, pero a la vez se entrelazan en la trama general de una manera creativa y experimental. Hay mucho de fotografía en la narración por la brevedad de las oraciones, cortantes, ilustrativas: “…El guardacostas. Aquel hombre vestido de verde. Los pasillos dilatados, angostos. La celda fría. El interrogatorio…”

El diálogo no es sólo entre personajes o en monólogos, busca también la complicidad con el lector, una especie de rejuego, motivarlo a que opine, reflexione: “Cualquiera pensaría que tengo algo, no te dejes engañar, al final uno es producto del azar. Por eso te necesito. Somos marionetas, la historia nos inventa a nosotros. Son sólo fotos viejas, nada más”.

Y esa preocupación por tener una historia, algo fuerte y real, se vuelve constante: “De tenerla ¿dónde está? ¿Comienza con el diario, con la foto o aquel día entre banderas bajo el sol?”

Las páginas se vuelven un filosofar con reflejo en la propia actuación de personajes como Amelia, Raúl, Carlos y Harry, quienes conviven durante los días de filmación y todo lo que implica: Sobreponerse a dificultades técnicas, la investigación previa, el conocimiento de hasta la psicología de los entrevistados para lograr buenos testimonios, una regla que a veces profesionales de los medios de comunicación olvidan. Pero el verdadero conflicto es más profundo y complejo.

De Making… no les diré mucho más. Su mejor voz es el propio libro. ¿Y de Dazra? Siento que debo respetar la decisión de que su otro nombre sea sólo para la vida personal.

Ella ha visitado nuestra provincia en varias ocasiones. Una vez, el también escritor Ahmel Echevarria le preguntó “¿a qué sitios regresarías?”. Y respondió: “a donde fui feliz, al lugar donde nací, la callecita que desemboca en el bar La Terraza, en Cojímar, y a la casa de campo de mis abuelos maternos, con un terreno inmenso lleno de árboles frutales, a pocos metros del mar, en Granma”.

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