La corazonada del “padre” del Heberprot-P

Por: Televisión Granmense

El Factor de crecimiento epidérmico humano recombinante Heberprot-P, salvador de la amputación de miles de pies diabéticos, mereció el Premio Especial en la XIII Feria Internacional Salud para Todos 2015, realizada desde el 20 y hasta el 24 de abril en Pabexpo, La Habana, Cuba.

El "padre” de ese medicamento, desarrollado por el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB), en la capital cubana, es el científico Jorge Berlanga Acosta, natural de Bayamo, ciudad a la cual regresa cada vez que un chance tiene, para irrigar las raíces que en ella conserva.

En una de esas visitas a la capital de la provincia de Granma, de la cual es Hijo Ilustre, este redactor tuvo el privilegio de sostener un amplio dialogo con él.

De 52 años de edad, cuerpo magro y un metro 70 centímetros, aproximadamente, de estatura, vestido con pantalones de color oscuro, camisa sport de cuadros y zapatos negros, se acomodó con garbo en la butaca indicada por el fotógrafo, para conseguir una buena composición de la imagen.

Al preguntarle sobre su infancia y formación profesional, responde que pasó la niñez practicando “cirugías” a ranas y lagartos, aunque entonces no sabía de la existencia de animales de laboratorio en los cuales se ensaya con fines medicinales.

Es que siempre le gustó, argumenta, la Biología, la ciencia de la vida, razón por la cual cursa la carrera de Medicina Veterinaria en el antes Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias (Isca) de Bayamo, hoy Universidad de Granma, donde, una vez graduado, labora, vinculándose a un proyecto de investigación relacionado con el metabolismo.

En 1991 ingresa al CIGB. Ensanchan sus conocimientos una maestría en patología experimental en medicina molecular y posdoctorados, en el laboratorio de cicatrización de cirugía plástica en la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá, y la unidad de patología del Empire Cáncer, de Londres.

CORAZONADA

Con natural orgullo, Berlanga recuerda:

Cuando entré, el primero de septiembre de 1991, al Centro de Ingeniería Genética, quien me recibió fue el doctor Luis Herrera Martínez, uno de los fundadores de la biotecnología en Cuba, y la tarea que me asignaron fue trabajar en la farmacología del factor de crecimiento epidémico y dedicarme estudiar la cicatrización.

Cómo un tejido regenera, cicatriza, cómo responde el organismo ante un daño, cómo restituir la parte dañada, siempre me apasionó. Porque los mecanismos que priman para la cicatrización y regeneración de un tejido dañado, sea periférico o de órganos internos, son universales, arrastrados a lo largo de la evolución y son muy interesantes.

Al estudiarlos, siempre hay eventos biológicos que son comunes con la formación de embrión o con el proceso de transformación maligna, de formación de un tumor: células multiplicándose, dividiéndose, nuevos vasos sanguíneos; fenómenos biológicos extremadamente interesantes sustraen a uno.

Cuando empecé a entender cómo cicatriza un tejido, me enamoré del tema. Llevaba siete años trabajando con el factor de crecimiento en quemados Ebermín, que es el ingrediente farmacéutico activo del Heberprot-P, y tuve una corazonada, inspiración, me surgió una hipótesis; por haber identificado detalles biológicos me percaté que en el caso del pie diabético era necesario no ponerlo de forma tópica sobre la herida, sino hacerlo llegar a los planos profundos de la herida, porque ahí está la reserva biológica de células que expresan la mayor densidad de receptores.

Insiste el científico cubano en destacar que en 1982, el Centro de Investigaciones Biológicas comienza a trabajar la ingeniería genética, que consiste en coger un gen humano y transformarlo en una construcción genética, y en fecha tan temprana como 1984, el doctor Luis Herrera Martínez, actual director del CIGB obtiene el clon de expresión del mencionado factor de crecimiento epidérmico, “una proteína que tenemos todos – invertebrados y vertebrados- y que en la escala evolutiva comienza en las lombrices de tierra.

“En 1987 teníamos el factor de crecimiento epidérmico formulado, cuyo primer uso fue en pacientes quemados en un accidente de trenes en la entonces Unión Soviética.

Cuba fue el segundo país del mundo en tener el factor de crecimiento epidérmico. El primero, Estados Unidos de Norteamérica”.

Esa es la génesis del Heberprot-P,”un medicamento novedoso y único prescrito para la terapia de la úlcera del pie diabético (UPD) basado en el factor de crecimiento humano recombinante (FCHrec.), mediante infiltración intralesional directamente en el sitio de la herida,” dice el sitio digital que lleva el nombre del medicamento.
Cada 30 segundos una persona en el mundo pierde un pie o una pierna debido a la diabetes.

El jurado de la muestra científico-técnica que le otorgó el reconocimiento mencionado, destacó que el Heberprot-P posee Registro Sanitario en más de 25 países, patentes otorgadas en más de 30, y sobrepasan las 160 mil personas beneficiadas de 27 naciones.

Otros reconocimientos otorgados al producto: Premio al mayor impacto social; Premio de innovación tecnológica; dos premios de la Organización mundial de la propiedad intelectual Medalla de Oro al Mejor Inventor joven y Premio a la Patente.

CON UN PIE EN EL LABORATORIO Y EL OTRO JUNTO A LAS CAMAS DE LOS PACIENTES

Historia que no se puede olvidar, considera Berlanga la siguiente:

Cuando Celia Sánchez Manduley -a quien de niño tuve el privilegio de conocer- fallece en 1980, el Comandante en Jefe (Fidel Castro Ruz) manda a buscar a Estados Unidos a un famoso oncólogo. Randolf F. Clark, y le pregunta qué es lo más avanzado en ese momento para tratar el cáncer y el médico le responde: los interferones.
Fidel decide crear el Frente Biológico, devenido Polo Científico del Oeste de La Habana, dedicado a la investigación biomédica y ahora BioCubaFarma.

Selecciona a seis médicos, cuatro de ellos estaban en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (Cnic) y dos de asistencia, pertenecientes a los servicios médicos del Ministerio del Interior, y los manda a Finlandia, porque en esos época era allá donde único se producía interferón, por un profesor que lo hacia en un laboratorio.
Al regresar a Cuba, en la pista del aeropuerto José Martí, en La Habana, había un auto esperándolos y los llevan a una casa de protocolo que el Comandante había mandado a acondicionar como laboratorio, y les dijo: ustedes no salen de aquí hasta que tengamos el interferón.

En solo 40 días lo lograron y quien se inyectó la primera muestra, obtenida de forma natural, no recombinante mediante mecanismos de ingeniería genética, fue Fidel.

Cuba era azotada por la epidemia de conjuntivitis hemorrágica, provocada por un virus y el interferón, como su nombre lo indica, interfiere el crecimiento de las células malignas, de los tumores, y la multiplicación de virus.
Esa es la historia del interferón cubano y, en mi opinión, la piedra angular que marcó un giro en la investigación biomédica y que tenía un pie en el laboratorio y el otro en la cama de los pacientes, porque en Cuba el pueblo es el principal destinatario de los resultados de las investigaciones.

Meses después, a pocos metros de aquella casa con el número149 convertida en laboratorio, Fidel inaugura el Centro de Investigaciones Biológicas, cuna del de Ingeniería Genética.

Al inaugurarlo, Fidel Dijo: El centro es grande, pero yo espero que los resultados sean grandes también.
Berlanga Acosta insiste en que en cuanto a ese importante logro él aportó la idea original, experimentos básicos, la iniciativa de inyectar, pero como en todo éxito de la ciencia cubana, es resultado del sistema social de Cuba, de la abnegada labor de muchas personas, de la decisión del director del Cigb, doctor Luis Herrera, de crear un grupo para trabajar en esa línea.

Lourdes Carbonell, presente en la sala en la cual tiene lugar el diálogo, le cuenta que una conocida que tiene pie diabético, le aseguró: “a ese hombre (Berlanga) le debo la vida”, a lo cual le respondió: Esa es la mayor satisfacción que uno recibe como investigador. Creo que no hay mayor premio para quienes nos dedicamos a la investigación, que pacientes te digan, como me han dicho: me salvó la vida, me salvó la pierna, me puedo ir caminando.

BAYAMO EN LA SANGRE

Sobre qué es Bayamo para él, Berlanga Acosta confiesa llevarlo en su torrente sanguíneo, tenerlo presente aunque se encuentre a miles de kilómetros de él, y disfrutar recorrer el río que lo bordea, caminar por sus calles, la Plaza del Himno…con lo cual se nutre de nuevas energías.

Por eso, enfatiza, siempre voy a regresar (a Bayamo).

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