Yosvani Aguilera, el reto de no abandonar el boxeo

La última vez que “crucé guantes” con Yosvani Aguilera Zamora él acababa de llegar de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Fue una mañana de octubre en su entonces casa de las Caobas, en Bayamo. Tenía la mirada escondida detrás de una lágrima y por momentos su voz chocaba contra las paredes de la desilusión.

“Pensé dejar el boxeo. Llegué a la Villa, me acosté a dormir sin bañarme y…”, me confesó en aquella ocasión. Había sido despojado de la medalla de bronce frente al ruso Kamil Djamaloudinov, después de vencer en los dos primeros combates de la división de los 57 kilogramos a Hidehiko Tsukamoto (Japón) y Juri Mladenov (Bulgaria).

Desde entonces han pasado 15 años, uno más de los que Yosvani dedicó al boxeo, y el tiempo no ha podido borrar ese triste pasaje –“el más triste”, según él- que lo privó de un lugar en el Olimpo. Una y otra vez recurre a aquel pleito.

“Todavía hoy se habla de ese combate. Pude llegar a ser Campeón Olímpico; ese año yo le había ganado al kazajo (Bekzat Sattarkhanov) que al final fue quien cogió el oro. Fue un hecho que marcó mi vida deportiva”, sentencia.

"Trabajé bien, incluso Alcides me felicitó, mi entrenador en ese momento William González Cedeño también lo hizo. Si el réferi trabaja bien en la pelea hubiera sido mucho mejor para mí”. Cuatro años más tarde (2004) colgaría definitivamente los guantes para bajar de los cuadriláteros, aunque jamás ha podido alejarse totalmente de esto.

“Me retiré a los 30 años. Fue una decisión difícil. Me operaron y no tuve la atención adecuada. Me estaban atendiendo por gastritis y era cálculos en la vesícula. Hubiera durado un poquito más, porque en ese momento me sentía bien físicamente pero ya estaba bloqueado psicológicamente”.

El reto de no abandonar el boxeo

Bajó del encerado si se fue a la esquina. Una tarea difícil, pero que lo mantiene dentro de la actividad a la que dedicó gran parte de su existencia.

“Es un reto muy grande. No es fácil entender a los atletas, lo mismo que hacían los técnicos con nosotros. Como atleta uno sabe controlarse cuando sube al ring, pero ya como entrenador no es fácil… imagínate, pero me gusta. Ha sido una experiencia muy bonita. Al retirarse del deporte activo trabajó en la Eide Pedro Batista, luego prestó servicios en Venezuela y al regresar pasó para La Finca (Academia), ahora se encuentra en Namibia.

En la Eide dejó su huella al conseguir un segundo lugar nacional con el equipo 15-16 en el 207-208, ahora en África también ha marcado con sus puños. “Estoy trabajando con todas las categorías en Oshakati, ciudad de unos 37mil habitantes y capital de la región de Oshana.

Estuve con el juvenil en el campeonato Nacional este año y salí como el mejor entrenador. En este evento logró un meritorio resultado al asistir con cinco competidores y alcanzar tres oro, un bronce y el mejor atleta del torneo.

“Entreno a poco más de 30 pugilistas; aunque diariamente asisten al gimnasio unos 15, porque las condiciones son muy difíciles. Allí no es como aquí. Ellos vienen todos los días de la calle a practicar. A veces me dicen ´coach no eat´ (que no han comido) y los pongo a que miren el entrenamiento”.

"Las condiciones son más para el boxeo profesional que para el amateur y uno tiene que inventar mucho. Hay bastante talentos, pero sin recursos para desarrollarlos”, enfatiza.

Un vistazo a su vida sobre el ring

Más de tres lustros sobre el ring lo encumbraron como el mejor boxeador granmense de todos los tiempos, en las divisiones de los 48, 51, 54 y 57 kilogramos. Su hoja de servicios le sirvió para que la Asamblea del Gobierno local lo declarara Hijo Ilustre de Bayamo.

Asistió a dos Juegos Olímpicos (Atlanta ´96 y Sydney 2000) y ganó bronce en 57 kg durante los Panamericanos de República Dominicana 2003, medalla se convirtió en plata al ser descalificado su rival por doping. Además, ganó un sub título y mejor pelea en los 51 kg en el Campeonato Centroamericano de 1997 y dos años más tarde fue monarca de este mismo tipo de torneo, en los 54 kg.

En el patio reinó junto a los mejor de la época. “Los 48 kilogramos fue el peso en el que mejor me sentí, aunque los mejores resultados los conseguí en los 57”, asegura.

No obstante, el momento más importante en su carrera resultó “cuando le gané a Maikro Romero en el Playa Girón de 1995 aquí en la Sala 12 de Enero" y el cual lo catapultó al equipo nacional con 20 años. “Yo trabajaba en la fábrica de baldosas y estaban todos los compañeros del trabajo en una esquinita ahí, y empezaron a saludarme a abrazarme. Eso fue un momento muy bonito”, recuerda.

Sin ser la primera figura en los pesos en que combatió logró asistir a dos citas estivales, lo que mucho pueden llamar golpe de suerte, pero que él atribuye a su disciplina, principal virtud como atleta. “¿Principal virtud?: la disciplina.

"Fui a dos Juegos Olímpicos que no me tocaban. Para Atlanta, como entré en el 95, quien hacía cuatrienio era Juan Ramírez, de Camagüey, aunque yo le estaba ganando y no iba. En el Cardín gané la medalla de oro y cuando fueron a dar el equipo Juan Ramírez no estaba, se había ido para su casa sin permiso ahí hice equipo.

“Para Sydney 2000 me ganó Enrique Carrión en la final del Cardín e hizo el equipo, pero a última hora le salió doping y yo estaba ahí para sustituirlo”.

Epílogo

Sonó el gong. Ha terminado un “combate” a ritmo de recuerdos, confesiones y relatos sobre nuevas experiencias. Cruzar guantes desde esta perspectiva con Aguilera nos acerca a ese virtuosismo demostrado sobre el ring, que ahora transita por otra senda en la que también labra el camino hacia la gloria.

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