Para que José Martí siga con nosotros

 Acerca de la Generación del Centenario de José Martí, el humanista cubano Cintio Vitier comentaba que “más de una vez Haydée Santamaría dio testimonio de cómo se sentían ´naturalmente´ martianos y marxistas. Esa naturalidad se mantuvo, se ha mantenido inalterable, después del triunfo. Es un hecho histórico. Es prácticamente un milagro histórico, sin duda el mayor suceso espiritual, la mayor originalidad de la Revolución cubana, sin cuyo conocimiento cabal no es posible entenderla de veras, y cuyas consecuencias distan mucho de haberse agotado.”

 Vitier, uno de los más profundos conocedores de la cultura nacional y de la obra del Apóstol, resumía así la trascendencia del pensamiento patriótico, internacionalista, antimperialista, antirracista, espiritualista, laico y, sobre todo, revolucionario, del prócer que murió en combate el 19 de mayo de 1895, hace ahora 120 años.

 En memorable conferencia impartida en 1992, el autor de “Ese sol del mundo moral” agregaba que la especificidad de nuestro hombre superior “consiste en haber sido simultáneamente un inmenso poeta y un político genial, un observador minucioso de la realidad y un visionario proyectado hacia el futuro, un excepcional analizador de los procesos históricos y un profeta del ´mejoramiento humano´; tan dinámico en la captación de los hechos sucesivos y de su interrelación dialéctica como arraigado en sus principios e inmutable en sus fines; tan eficaz como organizador revolucionario cuanto seguro de la utilidad de las virtudes que parecen más débiles en el hombre porque son las más raras y delicadas; tan conocedor de las bajas pasiones y los intereses sórdidos como de las posibilidades más luminosas del ser humano; tan realista, en suma, como idealista, no en la acepción filosófica de estos términos, sino en el sentido que a través de centurias les ha dado el pueblo.”

 Esas condiciones explican el hecho indiscutible de que el ideario martiano constituya una piedra angular entre los pilares ideológicos de la revolución socialista de Cuba.

 Un ejemplo salta a la vista en la actual coyuntura, cuando el gobierno cubano dialoga, en pie de igualdad, con sus homólogos de Estados Unidos de Norteamérica y de la Unión Europea.

 ¿No es esta una muestra de cómo la pequeña nación antillana cumple los deberes grandes y difíciles que le corresponden en el camino del equilibrio del mundo, tal cual lo pronosticara el autor del ensayo Nuestra América?
Algunos podrían calificar de exageradas y chovinistas estas palabras, pero el pueblo de la Isla las honra con casi siglo y medio de combate por tener patria, nación y nacionalidad, incluidos más de 50 años de resistencia viril y creadora en las trincheras de la que el Héroe Nacional denominó la segunda independencia.

 Por los caminos de esa segunda independencia, la Antilla Mayor lidera a sus hermanos de América Latina y el Caribe, en esfuerzos tan alentadores como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), y la Misión Milagro.

 Así camina José Martí, junto a Simón Bolívar y Ernesto Che Guevara. Es deber nuestro conocerlo, divulgarlo y aplicar sus enseñanzas.

 En la mencionada conferencia, Cintio Vitier aconsejaba: “No cabe desligar su ideario de su espiritualidad ni su espiritualidad de su ideario, si de veras queremos que siga viviendo con nosotros.”

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