Uno más uno es igual a tres (OPINIÓN)

Hace unas décadas cuando pensábamos en una familia ideal enseguida se dibujaban los rostros de papá, mamá, y nené, sin los dos primeros no podía concebirse el bebé y aunque los métodos científicos apunten a otra maneras de concepción se patentiza que el óvulo femenino debe ser fecundado por el espermatozoide masculino para que surja una nueva vida.

Pero aislemos un tanto las clases de biología. Propongo acortar el cómo se conocieron, las primeras etapas de noviazgo, suprimamos incluso, de quién fue la idea de traer al mundo a la pequeña criatura. La crianza, la convivencia, la educación del niño o niña… ese será el norte de la polémica.

La familia ideal se desvanece poco a poco como perspectiva en hombres y mujeres actuales. Ahora surgen nuevas nomenclaturas como familia monoparental o también núcleo monomarental, aunque el término pueda resultar complejo, es muy fácil su comprensión.

Se resume en una familia formada por un sólo padre o cabeza de familia. En otros casos, se constituyen a partir de un hombre o mujer, que no desea sacrificar su deseo de paternidad o maternidad, por el hecho de no haber formado una pareja.

Pero cuán positiva resulta esta tendencia que toma auge en la sociedad cubana, para los niños, la joya esencial de una familia.

Según estudios predominan más los casos de madres solteras que el papel protagónico del padre en la crianza y educación de los hijos, aunque existan padres impulsores en la vida del pequeño.

Sin embargo, en el plano sentimental es determinante e insustituible el cariño y la protección que puedan proveerle al niño en sus diversas etapas de la vida, la madre y el padre.

Quizás, influidos por la sociedad sexista, entendamos que la madre puede ser la almohada, la confidente, en ocasiones la sobre protectora y el padre sea la figura de apoyo, de decisión, de carácter, pero en cualquiera de las dos vertientes radica la educación, el apego, la guía y el amor.

Quizás por circunstancias de la vida esos bandos puedan estar bien unidos o separados, pero ante la presencia de un hijo se exige su total entrega y comprensión con un solo propósito: hacer germinar la pequeña semilla hasta que esta de sus propios frutos.

Ser madre soltera, padre soltero, familia monoparental en ambos casos, más que una decisión será un ejercicio de vida, donde no solo seremos responsables de nuestras acciones también debemos asumir como padre y madre a la vez la formación del niño o niña desde todos sus ámbitos.

Padre, madre: Nunca se suple el papel del padre ausente o de la madre ausente, conjugar esos roles se torna complejo y requiere de mucha pasión y responsabilidad. Pero cuando la vida no nos entrega una familia ideal o por circunstancias quedamos solos en el camino, luchemos por el premio mayor: un hijo.

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