Las tesis y la nostalgia

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El suceso me despertó la nostalgia. Al principio, ella caminaba con paso lento. Luego, saltaba de un lado a otro, como duendecillo intranquilo, y los recuerdos se multiplicaban en mi mente. Una sensación indescriptible recorría mis entrañas, como sumergida en la marea de las venas.

Al frente, tres estudiantes, Ana Leticia López, Lorianne Urizarri y Mónica Ramírez, presentaban sus tesis en opción al título de Licenciadas en Periodismo. Al final, las tres sonrieron entre aplausos y felicitaciones.

Hace justamente un año estuve en su lugar. Recuerdo el «cómo diré todo esto en tan poco tiempo» y el nerviosismo, más visible en mami.

Hoy pienso en los centenares de jóvenes cubanos que, durante estos días, realizan exámenes estatales y defensas de documentos científicos. Imagino el ajetreo, el insomnio de algunos y hasta los instantes de pasmo, que suelen extenderse a los familiares.

Visualizo otra vez a varios amigos. Algunos derramaron lágrimas, tomaron calmantes y no pudieron evitar el sudor en las manos; otros, hicieron catarsis a escondidas mientras fingían tranquilidad. Luego me confesaron que casi temblaron. Me ponían una mano en el hombro y después, con tono jocoso o serio, expresaban: «prepárate para cuando te toque».

Cuando es un familiar u otra persona querida la protagonista, los demás en la sala también sentimos inquietud. Cada palabra nos parece la página de un libro inconcluso y asentimos con la cabeza, cruzamos los dedos o sonreímos seguros del triunfo.

El suceso comienza desde antes con la investigación previa, las entrevistas y encuestas, la redacción, la búsqueda del vestuario y el brindis…

Por cierto, hace poco una diplomante me preguntó si consideraba adecuado hacer regalos al oponente y a los miembros del tribunal.

«Es tu decisión», le dije. Ella ripostó: «Los demás de mi grupo lo harán. Yo quisiera, pero…» El tono de su voz y la tristeza en los ojos comunicaban más que las palabras.

Eso merece otro comentario, ahora solo subrayo: Ojalá siempre tuviéramos la inocencia de un niño, un uniforme como ropa para ese momento y el brindis fuera modestísimo, simbólico, y no una manera de presumir o motivo para el estrés y preocupación de algunos. El talento y la preparación lucen mejor sin encajes.
Las defensas de tesis significan, también, una especie de despedida de la universidad, y una presentación para la etapa profesional. Una puerta se cierra, aunque no de forma completa, y otra se abre, llena de retos, sueños y deseos de superación.

Hacerlo bien es ser consecuente con los buenos profesores, los esfuerzos personales y el de la familia. Al final, queda ese vacío que nos hace volver una y otra vez en busca de los recuerdos, y desandamos nuevamente los pasillos de la casa de altos estudios, jugamos pelota junto a los compañeros de la beca o recorremos calles y parques, que nos despiertan la sonrisa.

Perduran las imágenes del momento frente al tribunal, la oponencia y el auditorio. Uno las visualiza cada cierto tiempo, acompañadas de ese ser travieso, que ahora mismo persiste, incansable: la nostalgia.

Yasel Toledo Garnache

Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Miembro del ejecutivo de la UPEC en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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