Sin carburo, ni madurín, ¡que sea natural la fruta!

Antes era recurrente esa frase que decía “A ese lo maduraron con carburo” en referencia a lo rápido que había sido su tránsito de una etapa a otra de la vida, pero ahora esa definición con respecto a frutas y viandas como el plátano, ha cambiado.

Muchos clientes nos quejamos luego de adquirir en tarimas de agromercados o a carretilleros, algunos productos del campo como la fruta bomba, el mamey o los platanitos con muestras evidentes de que se aceleró su proceso de maduración con químicos, como el llamado madurín o “Flor de imé”.

Resulta que aparentemente están listos para comer, pero no es así, solo su cáscara denota madurez, y al abrirlo nos deja consternados, porque dentro muestran una masa dura, o en algunos casos, como el plátano –por estar blandos- los consumimos a expensas de que nos haga daño.

No descubro nada nuevo al escribir este artículo, opinarán algunos tal vez. Mas, es necesario seguir insistiendo en la necesidad de chequear en los sitios de venta, que sea posible, este fenómeno, que sí presenta una nueva arista en la transgresión.

Se trata de los aguacates. Ha ocurrido por estos días que al comprarlos, varias personas cuando los pican han comprobado su dureza por dentro y esto se debe, según opinan varios clientes, a que en lugar de echarle madurín los hierven para que se muestren listos para consumir, aparentemente.

Ni buena textura, ni untuosos, ni sabrosos, porque a decir verdad  les falta igual el dulzor a los frutos sometidos a ese engañoso procedimiento de acelerar su maduración con productos químicos, que hacen daño a la salud humana.

Algunos cuentan, porque lo han comprobado, que en ocasiones desde que está el vegetal o la fruta en el campo ya les echan esos mejunjes, sin conciencia de que muchos maduradores artificiales son cancerigenos.

Se impone para los vendedores el deseo de sumar más billetes a su cartera, haciendo caso omiso de los perjuicios que ocasione al cliente, muchas veces niños, ancianos o a cualquier tipo de persona, NO hay escrúpulos a la hora de inclinar la balanza, donde don dinero los lleva a engañar y dañar a los consumidores.

Lo que igual llama la atención es la poca o nula fiscalización por inspectores o personal indicado para comprobar en agromercados la calidad de las producciones, algunas de ellas ofertadas fuera de época y sin embargo, aparentemente listas para su consumo.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de las direcciones de esos centros de expendio? Porque igual puede suceder que pasen gato por liebre y vendan allí productos cárnicos, por ejemplo, hígado de cerdo, sin tener los requisitos de higiene y chequeo veterinario necesarios.

Es un asunto que requiere la atención de todos los implicados y que no caiga en saco roto, porque no es justo que el cliente, además que dejar en la tarima casi la totalidad del salario, dañe su salud con los residuos de madurín o Flor de imé o el madurador artificial usado indiscriminadamente en frutos que debieron estar listos por un proceso natural.

Es increíble que una preocupación generalizada de la población desde hace mucho tiempo, siga sin respuesta.

Por: María Elena Balán Sainz, Servicio Especial de la AIN

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