Coches en las vías públicas: Emblema devenido problema

Por: Orlando Fombellida Claro

En aras de no hacer realidad la expresión de enredarse en las patas de un caballo, o sea, estar en problemas, Roberto Ayala Pompa debe “torear” a unos cuantos jamelgos cada día, mientras barre una arteria de Bayamo, ciudad capital de la provincia de Granma.

“Para realizar este trabajo hay que ser músico, poeta y loco, pero principalmente loco, porque el tránsito de coches por aquí es constante y echan mucha basura”, dice tras verter en su carrito colector un montículo de bosta, y subir luego a la acera, a solicitud del entrevistador, quien le pregunta:

-¿Por qué hay tanto estiércol en esta vía?

-Porque cocheros inconscientes le dan una patada al saco (recolector) o lo dejan desbordarse.

-¿Qué tiempo dura la limpieza de la calle?

-Un ratico. Cuando avanzas un tramito y miras para atrás, está igual que antes de barrerla.

-¿Cuál cree puede ser las solución a ese problema?

-Exigirle a los cocheros traigan los sacos (destinados a la recolección de las eyecciones de sus bestias) y situar inspectores.

Roberto Ayala limpia desde hace seis años y medio las calles Primera y Ocho, en el reparto Roberto Reyes, de la capital granmense.

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José Luis Corrales Labrada ve pasar cientos de coches cada día.Fotos: Orlando Fombellida Claro

Los vecinos de la última la nombran con el más desagradable sinónimo de boñiga, por el problema enunciado.

José Luis Corrales Labrada, residente en la vivienda marcada con el número 17, en la susodicha calle Primera, reconoce el quehacer de Ayala Pompa y otras personas encargadas, también, de asearla mañana y tarde, “no obstante ese esfuerzo, está casi siempre sucia. En las casas, al echar agua en el piso se pone color miel, y la comida hay que servirla en el momento de comerla, para evitar le caiga estiércol pulverizado.”

“Los coches hacen falta. Prestan un servicio importante, por eso, el Gobierno municipal, Higiene y Epidemiología y Transporte, deben evaluar la situación y adoptar medidas para solucionar la dificultad”, plantea José Luis.

NI LOCAL NI NUEVO

No solo en las calles bayamesas por las cuales está autorizada la circulación de medios de tracción animal, se ve materia fecal de équidos, sino en todas, incluidas las próximas a la Plaza de la Patria, el tramo de General García abierto al tránsito vehicular, y Martí, ambas en el Centro histórico Urbano de la Ciudad Monumento Nacional.

El fenómeno no es privativo de dicha villa, está presente en toda Granma y el resto del país. Un reportaje publicado el 18 de agosto de 2014, en el periódico Trabajadores, dice: “(…) un constante pa, pa, pa, lo anuncia, y ese ruido seco y firme resulta interesante hasta que el coche para, y el caballo, sin pudor alguno y cómodo al fin, orina.

“Esta realidad salpica, ensucia, enrarece el ambiente en la ciudad mantancera de Cárdenas, saldo que paga por una tradición que se ha vuelto, al decir popular, un mal necesario (…).

Allende las fronteras de nuestro caimán antillano, el inconveniente tampoco es nuevo. Debido a su masiva presencia en las urbes, gran contaminación y muertes por ellos causadas, los caballos fueron considerados el problema ecológico del siglo XIX.

En 1898 se realizó en Nueva York la Primera conferencia internacional sobre planificación urbana, y el tema preocupante para los asistentes era la bosta de equinos.

A finales de ese siglo y el siguiente, la solución a tal contrariedad fue, ¡miren ustedes!, la motorización de la vida, causante hoy, en gran medida, de la contaminación ambiental y el cambio climático.

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Vista hace fe

COCHEROS TIENEN LA PALABRA

En la piquera próxima a la estación ferroviaria de la capital granmense se ven, en filas, en ocasiones a ambos lados de la calle, 15, 20, 30 y más coches y cativanas; allí los animales liberan sus cuerpos de superfluas sustancias sólidas y líquidas, cuya descomposición llena el entorno de un hedor agrio y de partículas ocre las oquedades en la vía y portales cercanos.

Detenerse, por ejemplo, a la vera de calle Línea, a seguirlos con la mirada al pasar, es un magnífico ejercicio para combatir la artrosis y “engrasar” las articulaciones del cuello, pues el ir y venir de uno detrás de otro es constante.

Al cierre de junio último, en Granma tenían licencia para transportar personal mil 296 coches tirados por caballos, a los cuales se suma una elevada e indefinida cifra de medios de ese tipo presentes en las vías de manera ilegal.

-Por qué hay tanto estiércol en las calles? -Pregunta CNC digital a dos conductores de ese tradicional medio de transporte en Bayamo.

-Porque algunos cocheros no ponen doble saco (recolectores), y por los baches, cuando el coche los coge, se les bota el estiércol. Esas dos cosas. No hay más nada –dice Yunior Tamayo.

-¿Dónde bota usted el estiércol?

-Vivo en El Almirante y cuando me voy, si el saco está muy lleno, me orillo en algún lugar que no haya casas y lo echo fuera de la carretera, pero casi siempre lo hago en el patio de la casa.

El otro encuestado acepta responder la primera interrogante, aunque opta por no decir su nombre:

– Es que aquí nosotros no tenemos ni dónde deshacernos del estiércol; en Los Elevados hay un depósito, a veces te dejan echarlo y a veces no; el del (hospital) infantil, en ocasiones está lleno y hay que vaciarlo en el suelo. Cuando el saco se llena bota.

Rubén Morales Enamorado, director de Servicios Comunales en el municipio cabecera granmense, aclara: “En Bayamo hay situados, de manera permanente, tres contenedores destinados a recolección de estiércol: debajo del Puente Elevado, en Carretera Central; en calle Línea, esquina a 10, detrás del parque infantil Los Caballitos, y en la avenida Jimmy Hirzel, en el reparto Siboney, cerca de la fábrica de helados. De manera ocasional se sitúa uno en el cementerio.”

Son camas de camión denominadas ampirol, las cuales una vez llenas, las recoge un carro especializado, vaciándolas en el vertedero, y retornándolas después al punto de origen.

Los cocheros no vacían el estiércol en tales recipientes, remarca Morales Enamorado.

CONTAMINANTE Y ABONO

En las proximidades de las arterias por las que andan los medios de tracción animal, en Bayamo, abundan expendedores de refrescos, jugos, dulces, bocaditos, frutas, carne de cerdo, bacon, jamones y chorizos.

Además de afear el entorno, el estiércol de caballo contamina el aire, el agua y los alimentos. Es portador de la bacteria Clostridium tetani, causante del tétanos.

Pero también es un nutritivo abono orgánico y con ese fin podría acopiarse, para utilizar en los huertos, mejorar la higiene comunal en pueblos y ciudades, las cual no es opción, sino obligación, y quitar a los coches el calificativo de mal y dejarle el de necesarios.

Y que en Bayamo en particular, cesen de ser un problema y recuperen el de elemento simbólico que otrora fueron, como hizo constar en muy bien sazonadas crónicas, el historiador José Carbonell Alard.

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Acerca del Autor

Orlando Fombellida Claro
Orlando Fombellida Claro

Orlando Fombellida Claro. Licenciado en periodismo en Centro Universitario de Holguín. Trabajó en el Semanario Antorcha, de Banes, y el periódico Ahora, de Holguín, se desempeñó como corresponsal del periódico Granma, en la provincia de igual nombre. Es redactor-reportero del periódico La Demajagua. Colabora habitualmente con CNC Digital y Cubaperiodista

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