Oferta y demanda no es un simple capricho

En nuestros días es muy frecuente escuchar, en lugares donde se ofrecen bienes y servicios -pertenecientes mayoritariamente al sector no estatal- la muy en boga frase de oferta y demanda, pero generalmente quienes hacen uso indiscriminado de ella evidencian un desconocimiento total o parcial del significado de este término económico.

La referida nomenclatura responde a leyes que relacionan estrechamente estos dos principios regidores de actividades bursátiles, en las cuales intervienen productores de bienes materiales y servicios, clientes y organismos encargados de regular los precios en los diferentes intercambios comerciales.

Esta condición conlleva a pensar que donde hay tantos involucrados, las decisiones y el establecimiento del precio a abonar por un bien o servicio no puede ser unilateral, como generalmente vemos en ciertas actividades realizadas por cuentapropistas.

Las ciencias económicas y la lógica de la vida enseñan que cuando la oferta es a un elevado costo, la demanda es mínima, mientras, cuando el valor es mínimo o asequible, la demanda aumenta.

Muchos de estos principios aunque existen son desconocidos por la mayoría de los cubanos u olvidados a conveniencia, porque conocida es la predilección de varias personas por tener mayores ganancias a costa de precios abusivos.

Sin embargo, no tienen en cuenta que en el ámbito comercial, gana más quien más vende y no quien más caro lo hace, de lo cual sobran ejemplos como el de China, digno paradigma de gran productor y exportador mundial con grandes ventas de productos a bajos precios, lo cual ha contribuido, junto con otros factores, a convertir al gigante asiático en la locomotora de la economía mundial.

Ese hermano país nos enseña a preocuparnos no solo por nuestro crecimiento económico -sea el mismo personal o nacional- sino por el de los demás.

Este altruista proceder no parece encontrar en nuestra cotidianidad varios seguidores, porque lamentablemente la ley del mercado cuentapropista demuestra responder a los intereses del bolsillo y no a la satisfacción de un pueblo del cual han surgido y al cual deben su mantenimiento y existencia.

Sabido es la carencia de materias primas y el alto valor de muchos de los productos que emplean estas personas, pero aunque el costo de producción sea relativamente elevado, hay una gran diferencia, a su favor, entre lo invertido y lo ganado.

Aunque al final todos sabemos el objetivo de los negocios, presididos –generalmente- por las ganancias, su obsesivo amor y culto al dinero contribuyen a la mengua monetaria de la gran mayoría.

El florecimiento del sector no estatal está favorecido por las reformas económicas, pero a su vez por determinadas ofertas que el Estado no está en condiciones de asumir, por ello muchos, oportunista y maquiavélicamente, emplean el déficit de bienes y servicios para expoliar a los no pocos necesitados.

Ejemplos sobran, entre ellos destacan los transportistas privados con sus exorbitantes precios, los cuales no fluctúan y muchas veces no se corresponden con la calidad y el trato dispensado, cuestiones esenciales a la hora de ofrecer servicios.

Y qué decir de los negocios que de la noche a la mañana, sin aumentar el costo de producción, las materias primas y los impuestos, alteran el valor de sus propuestas comerciales sin mediar para ello una previa negociación con clientes y organismos rectores de precios, solo una burda justificación de la mal aprendida y aplicada oferta y demanda.

Por eso mantengo firme la necesidad de la cultura económica para estar a tono con estos tiempos de inaplazables cambios, la cual seguirá reafirmando esa evidente relación entre los altos precios y la exigua demanda, que a la postre nos aleja del ideal que debe presidir nuestro accionar económico: necesidades satisfechas como resultado de asequibles ofertas.

Mayor participación de las entidades reguladoras de precios, ayudaría a establecer entre oferentes y usuarios un precio de equilibrio, también consignado en las leyes de la oferta y demanda.

Un incremento de la conciencia y el humanismo en los cuentapropistas, es esencial para no seguir haciéndonos daño entre nosotros mismos.

La invitación y propuesta está hecha, solo resta ahondar en el complejo y necesario mundo bursátil para comprender que oferta y demanda, no es ni puede ser, un simple capricho.

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Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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