El hombre de nuestra marcha guerrera

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Su nombre figuraba en una lista de sospechosos por infidelidad al gobierno español. Su casa era el centro principal de la conspiración. En ella constituyó, el 14 de agosto de 1867, el Comité Revolucionario de Bayamo, del cual formó parte.

El sobrenombre de Gallito Bayamés por sus dotes artísticas y literarias, quizás no permitan asociarlo al gran patriota y revolucionario que fue, mas, si mencionamos que era conocido como Perucho Figueredo, a muchos nos será imposible dejar de pensar en su accionar independentista y en su marcha de guerra inmortal, la cual imprimió aires de eternidad a su figura.

La constante labor conspirativa de este patriota lo convirtió en un enemigo de la corona española, por eso no extraña que días antes del alzamiento de Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua, el 10 de octubre de 1868, el Capitán General de la Isla ordenara su detención, junto con Carlos Manuel de Céspedes, razón por la que tuvo que adelantarse la jornada insurreccional, prevista para posterior fecha.

Días más tarde, luego de la toma de Bayamo, compone en la montura de su caballo y vitoreado por el pueblo la letra de la composición que había hecho un año antes y que se convertiría en el Himno de Bayamo.

Al formarse el gobierno provisional revolucionario lo nombraron jefe del Estado Mayor y, posteriormente, en Guáimaro, fue designado subsecretario de la Guerra del Primer Gobierno de la República en Armas, con grado de Mayor General. También se desempeñó como jefe de despacho del presidente Carlos Manuel de Céspedes.

Su incesante quehacer a favor del pueblo bayamés lo convirtieron en alcalde ordinario, segundo de la ciudad, y su interés por la cultura lo impulsaron, junto a Carlos Manuel de Céspedes, a crear la Sociedad La Filarmónica, centro cultural que agrupaba a intelectuales de la región.

Perucho colaboró con el periódico El Correo de la Tarde y la revista siboneyista La Piragua, publicaciones en las cuales hizo fuertes críticas al gobierno colonial español.

En su prole también encontró seguidores, como es el caso de su hija Canducha Figueredo, designada como abanderada de su tropa.

Cayó prisionero el 12 de agosto de 1870 y fue conducido a Santiago de Cuba, donde fue fusilado cinco días más tarde.

Pero a pesar de su muerte el ejemplo de Perucho Figueredo todavía inflama los ánimos de los que entonan su himno de combate y corean al viento “que morir por la Patria es vivir”.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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