El encanto del piropo

piropoLa mayor parte de los piropos que he recibido son por ser buena gente, pocos por lindo. Mis compañeras de aula en la universidad me auguraron: ¨La historia difícilmente cambiará¨.

Quizá los ejercicios en la tarde me formen mejores músculos y quién sabe lo que pase, pero tampoco tengo mucha voluntad para realizar planchas y cuclillas.

Yo digo piropos con frecuencia a mi novia, vecinas, amigas y compañeras de trabajo. Los resultados casi siempre son positivos, noto su alegría. Sonríen, dicen ¨gracias¨ y, seguro, se sienten tan bellas como son. Tal vez por eso, lamento que algunos digan expresiones desagradables, causantes de muecas y molestias.

Exaltar la belleza de una mujer, hacerlo cara a cara, casi en un susurro, o decírselo con los ojos, nunca será pecado y, en verdad, a veces, es difícil contenerse, pues hay cubanas tan «monumentales» que merecen ser declaradas patrimonio de la nación.

¿Quién no suspira cuando ve a una dama elegante, a un verdadero ¨mango¨, de esos que todos desean comer y motivan frases ¨nerudianas¨ entre los poetas aficionados de nuestras calles y centros laborales? ¿Quién no se siente capaz de escribir versos cuando ve a ¨Ojos Verdes¨, de tercer año, a «La Rosita», de la oficina de al lado, o a esa mujer mayor tan elegante que observamos en la acera?
Antes, las metáforas elogiosas solían relacionarse con el perfume de las flores, la dulzura de la miel… y hasta con piedras preciosas. Los poetas Calderón y Quevedo lo usaron como sinónimo de palabras ¨bonitas¨ y con ese significado pasó al diccionario en 1843.

Hoy hacemos analogías con componentes tecnológicos, automotores y de otros tipos, como: ¨¿Te llamas Google?, porque tienes todo lo que busco¨.

Un buen piropo motiva, entusiasma y levanta el ánimo; jóvenes y adultos lo agradecen, porque les demuestra que llaman la atención, atraen miradas, despiertan deseos e inflaman pasiones. Hay frases pícaras, ingeniosas  y originales, que sintetizan sentimientos y celebran la amistad.
Existe el falso concepto de que solo las féminas merecen cumplidos, y muchas temen alabar a hombres que les impresionan, porque consideran que es inapropiado. No comprenden que reconocer lo positivo de otros jamás será incorrecto.

Los halagos no necesitan de palabras rebuscadas para ser agradables, pues constituyen reflejo de la personalidad de cada cual, aunque haya por ahí quien los aprenda de memoria.

Debemos elogiar siempre que lo consideremos apropiado, pero con mesura y educación. Quizá con una simple frase alegremos el día de alguien y lo hagamos sentir especial. ¿Quién sabe? Tal vez, hasta sea la llave para conquistar el corazón de la persona ideal.

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Yasel Toledo Garnache

Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Vicepresidente de la AHS en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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