Uniforme escolar, sin espacio a la relajación

En toda Cuba, por estos días, las familias ultiman los detalles para el inicio del curso escolar, y entre las prioridades ocupa especial espacio el ajuste de los uniformes, el cual no siempre se corresponde con lo que estipula la escuela.
No es un secreto que encontrar en la red de comercio las tallas de uniforme que se corresponda con las medidas del estudiante es una tarea casi imposible, pero ello no justifica los excesos al darle, en el hogar, los toques finales a la prenda.
Resulta que el escaso ejercicio de la autoridad por parte de muchos padres deja brecha abierta a posiciones permisivas que escasamente ponen freno al desenfado y arrebato juveniles, los cuales, muchas veces, entran en contraposición con los reglamentos escolares.
La temática ha sido objeto de varios trabajos periodísticos, pero el fenómeno sigue latente, por ello no deja de ser una preocupación.
Sucede que en la etapa de la pubertad y los inicios de la juventud todos andan en busca de la aceptación grupal; meta que generalmente se proponen alcanzar adoptando tendencias de la moda, que en ocasiones ni siquiera se ajustan con la personalidad del estudiante, pero no importa, porque el objetivo primario es “encajar”.
Entonces son cada vez más aquellos que, con tal de llamar la atención, ceden ante los embrujos de los piercing, tatuajes y pelados extravagantes.
En los varones es usual, además, que dejen caer los pantalones por debajo de los glúteos para mostrar el calzoncillo de marca o sencillamente prefieran las camisas por fuera. Mientras, las féminas cortan las faldas, entallan las blusas, y acuden al exceso de maquillaje y todo tipo de accesorios.
Esa acrecentada dependencia de los adolescentes y jóvenes hacia las tendencias estéticas, es natural y totalmente comprensible; sin embargo el problema está en que estos no parecen entender del todo que cada cosa tiene su momento y espacio, y definitivamente, la moda, nada tiene que ver con la solemnidad que demanda la escuela.
No por gusto desde tiempos memoriales surgieron los uniformes para los centros educativos. En Cuba esa prenda identifica a los alumnos de los distintos niveles de enseñanza. También el uniforme garantiza una igualdad estética, asegura el respeto hacia las normas de educación formal e impide la proliferación de diferencias entre estudiantes de familias de bajos ingresos y aquellos que viven en abundancia y pueden lucir las prendas más caras.
Se hace entonces necesario transmitirle a cada estudiante el respeto hacia ese traje escolar. La institución educativa, principal interesada en el cumplimiento de sus regulaciones, tiene la mayor responsabilidad en este empeño, pero se necesita el acompañamiento de la familia para el éxito de esta importante tarea, pues es, precisamente, en el hogar donde los estudiantes se visten, a diario, antes de salir a clases.
Por tanto toca a padres y demás tutores de los adolescentes y jóvenes velar por el uso correcto del uniforme y fomentar en estos el respeto hacia el centro educativo al que pertenecen.
Por otra parte, la escuela debe ser consecuente en sus exigencias con el uniforme pero no extralimitarse y poner a la familia en aprietos al exigir artículos que, en ocasiones ni siquiera están presentes en la red de comercio, como las medias blancas a nivel de la rodilla.
Este primero de septiembre las calles se convertirán nuevamente en un mar de colores. Todos cargarán sus mochilas de sueños, ansiosos de multiplicar saberes y asumir nuevos retos; no obstante la euforia de los inicios no puede ser pretexto para la relajación en el uso del uniforme escolar.

Darelia Díaz Borrero

Darelia Díaz Borrero

Licenciada en Periodismo Darelia Díaz Borrero, egresada de la Universidad Oscar Lucero Moya, de Holguín, en el 2012. Trabajó como redactora reportera de prensa en la Agencia de Información Nacional (AIN) entre 2012 y 2015, cuando comienza a laborar en la televisora CNC, de la provincia de Granma. Sus trabajos han sido replicados en disímiles medios provinciales y nacionales de prensa. Actualmente colabora con el periódico Granma.

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