Marianas con fiereza de hombres

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MarianasTras siete largas horas de reunión en La Plata logró concretarse el anhelo de Fidel, de sumar mujeres a la lucha. Las oposiciones y reservas de muchos hombres constituían un fuerte escollo para materializar ese sueño.
Mas, el líder de la Revolución, contra machismos y prejuicios, convirtió a las 13 integrantes del Pelotón Mariana Grajales en su escolta personal.
El coraje de aquella mambisa constituiría un símbolo para ellas, y la cercanía a Fidel -su instructor de tiro- uno de sus más grandes privilegios.
Este 4 de septiembre de 1958 fue un día trascendental para la actual general de brigada Delsa Esther Puebla Viltres (Teté) y Edemis Tamayo Núñez (La gallega). A 57 años del importante acontecimiento, estas valerosas granmenses vuelven la vista sobre aquellos días de marcha y combate.
“Nuestra incorporación al Ejército Rebelde estuvo condicionada por los atropellos del ejército batistiano. Las violaciones a señoritas, los bombardeos, las matanzas de adultos y niños, el robo de cultivos y animales a los campesinos, constituían una práctica cotidiana de los esbirros del tirano; con una situación tan deplorable se imponía alzarse y luchar para derrocar a Batista”, explica Puebla Viltres.
“Desde el arribo a la Sierra y durante la Ofensiva final, atendíamos los heridos, cocinábamos, llevábamos mensajes y otras actividades, pero no combatíamos. Después, en la contraofensiva, Fidel planteó que si queríamos combatir se nos debía respetar ese derecho, pues la naciente revolución pretendía dar protagonismo a la mujer”, recuerda Teté.
La gallega también se suma al recuento y evoca la conformación del pelotón: “De las 13, 11 pertenecíamos a la actual provincia de Granma y 2 a Santiago, aunque luego nuestra provincia asumió a las santiagueras”.
“Usábamos un fusil M-1 pero aprendimos a tirar con todos los fusiles. Para darnos esas armas el Comandante batalló fuerte, porque otros jefes no querían mantener desarmado a un hombre para cedernos las armas”, confiesa Tamayo Núñez.
Para Fidel estaba muy claro el papel decisivo que desempeñarían estas jóvenes. Teté nunca olvida las palabras del Comandante: “Batista está disfrutando su golpe de estado, y yo estoy preparando a estas mujeres para desmoralizarlo”.
Luego vino el combate de Cerro Pelado, su bautismo de fuego, y tras ese, otros enfrentamientos armados. Estas dos marianas se incorporaron a la tropa de Eddy Suñol Ricardo y partieron hacia Holguín. Más que a combatir fueron a dejar sin armas los enclaves militares de esa oriental provincia.
Su condición de mujer no las libró de las contingencias de
la vida guerrillera, pues al igual que los hombres pasaron hambre, sueño y cansancio. Las guardias, caminatas y la estricta disciplina tampoco les fueron ajenas.
“Es muy dura la convivencia con hombres y el rigor de la guerra, mas el ejemplo y protección de Celia –un ser muy querido por nosotros- nos ayudó mucho a sobreponernos, declara Puebla Viltres.
“Nuestro desempeño fue tan bueno que luego muchos jefes solicitaron mujeres para sus tropas, pero la contienda bélica -tras la creación del pelotón- duró tan poco que impidió aumentar el número de féminas”.
Las misiones desde los tiempos de la Sierra Maestra nunca cesaron en sus vidas, pues luego del triunfo revolucionario continuaron asumiendo tareas de orden civil y militar.
Su experiencia guerrillera y la sabiduría del Comandante en Jefe les brindaron una importante lección, corroborada con los años: “Un pueblo donde los hombres y las mujeres puedan pelear, será un pueblo invencible”.

Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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