El amor contra la distancia y las posibilidades malditas

Por: Yasel Toledo Garnache

avión, cubaEl muchacho se acuesta bocarriba y mira al techo. Quizá su cuarto no sea ideal para la meditación, pero qué lugar lo es o cuál no.

Desde hace varios días, la tristeza rebota en su interior. A un lado y a otro, al frente y atrás, cada paso incluye un murmullo de lamentos. Ahí va, como en cámara lenta, y recuerda momentos junto a ese alguien tan especial.

Hoy trata de combatir lo de casi siempre durante los últimos días y confiar en la embriaguez de la pasión, pero la mente es indomable y las imágenes se desvanecen.

Camina por lugares de otras ocasiones: miradas disimuladas, poemas, primer beso, juramentos de eternidad…

Calla  para escuchar la voz de ella. Ahí está el parque donde conversaron, la vio sonreír y soñaron, siempre soñaron. Se detiene para observar otra vez los gestos, la espontaneidad que nunca disimuló, la forma en que ella se acercaba.

Sabe que la distancia se empeñará en alejarlos. Ni siquiera podrá verla los fines de semana, como durante el preuniversitario y la universidad. Las llamadas por teléfono cada vez serán menos frecuentes, porque el dinero no alcanzará.

Ella acaba de graduarse de Medicina, con título de oro, y todos en la familia hablan de la, casi segura, misión internacionalista.

Él escucha en silencio, y recuerda historias de otros amores que no sobrevivieron. Disfruta el tiempo juntos hasta que surge «el tema». Una y otra vez, se pregunta lo que debe hacer.

Muchos pasan por situaciones similares o peores a las de mi amigo. En ocasiones, responsabilidades profesionales y otras circunstancias llevan a la persona querida a otra ciudad y hasta país.

Algunos prefieren terminar antes que los kilómetros se interpongan, «mejor así y no sufrir esa tortura de la espera y el miedo a la infidelidad», piensan.

Varios especialistas coinciden en que las parejas no están condenadas a romper por distancias físicas, e incluso, señalan, «el amor puede fortalecerse, aunque se necesita mucha voluntad». Una amiga hace una mueca, y me susurra que sería algo así como correr la final olímpica del maratón tres días seguidos. Yo sonrío, y pienso que tiene algo de razón.

Pero ¿cuando abandonamos por ese motivo queremos en verdad? ¿La otra persona es tan importante para nosotros?  ¿Acaso no vale la pena intentarlo hasta el final?, conscientes de que el esfuerzo, la sinceridad y pureza de cuanto se haga deberá ser mayor, con la posible readaptación de proyectos, aunque con esencias invariables.

La comunicación y transmisión de afecto adquieren entonces más importancia a través de teléfonos, mensajes electrónicos y otros medios alternativos.

No es justo que una relación como esa se esfume por rumores, la distancia y las posibilidades «malditas».

La confianza, el deseo de persistir, el amor, el compromiso con el otro, el recordarse en cada pensamiento hermoso, en cada alegría… vencen cualquier obstáculo, siempre que los dos se sepan especiales y partes inseparables.

Eso le dije a mi amigo. Él se recostó otra vez y persistió con la mirada en el techo. Tal vez, pasados unos meses o años les cuente más de él y su novia, de la victoria o la separación.

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Acerca del Autor

Yasel Toledo Garnache
Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Vicepresidente de la AHS en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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