Reglamento escolar, un convite a la reflexión

Javi, en Media Luna, pasó la etapa vacacional con dos estrellas en la cabeza, gracias a la destreza de su barbero, pero antes del primero de septiembre hubo que borrarlas. Liliana deseaba comenzar el noveno grado con una falda más corta y otro “look”, porque “es bueno que la gente sepa lo bonita que soy”.

Y les confieso que no hacía falta ningún esfuerzo para percibirlo, aunque cubriera su cuerpo con un burka, vestimenta empleada por las mujeres árabes, con solo una rejilla en la cara para permitir la visión. En la escuela, el primer día le llamaron la atención, y el segundo le pidieron que buscara a sus padres.

Desde hace mucho, el reglamento escolar, cual velador de la disciplina y las normas de comportamiento, prohíbe esas manifestaciones, pero a partir del presente curso la exigencia es mayor, con aplicación en todos los centros educacionales, excepto en la Enseñanza Preescolar.

Así, por ejemplo, el referido documento clasifica las violaciones en menos graves, graves y muy graves. Según corresponda, establece medidas disciplinarias que pueden incluir hasta la separación definitiva del Sistema Nacional de Educación, siempre que el alumno tenga más de 16 años de edad y ese tipo de comportamiento sea recurrente.

En caso de fraude académico, se le retira el examen y obtiene calificación de cero; si eso ocurre en una prueba final, el estudiante no tendría derecho a extraordinario ni a otra posibilidad para “aprobar”, por lo que el próximo curso seguiría con los mismos libros de texto y podría hasta sentarse en la misma silla. ¡Mano dura! ¡Durísima!, diría un conocido.

Pero quien esté implicado, aunque no sea protagonista, también recibiría más que un fuerte cocotazo, por “poseer cualquier elemento de las evaluaciones sin aplicar”.

Otras de las faltas, con sanciones más severas, son fugarse; ausentarse de manera injustificada con frecuencia, llevar armas blancas u otros objetos que puedan causar daño e introducir material pornográfico o subversivo.

Entre las graves, se incluyen maltratar de obra o de palabra a profesores, compañeros de estudio…, usar de modo incorrecto el uniforme, no participar injustificadamente en la actividad laboral (agrícola y socialmente útil), mantener activado el celular u otro dispositivo en turnos de clases y demás actividades docentes y extradocentes.

Como es costumbre, las disposiciones en la forma de vestir establecen el color de algunas prendas.

Ya sabemos que los niños y adolescentes, en ocasiones, actúan por impulsos, deseos de “encajar” en el grupo y por inocencia, por eso resulta esencial que padres u otros familiares estén al tanto, conozcan el reglamento, participen en debates al respecto y dialoguen con sus hijos, visiten el centro escolar y pregunten a los profesores. El aprendizaje de los pequeños y velar por el cumplimiento de las normas es responsabilidad de todos.

Yasel Toledo Garnache

Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Vicepresidente de la AHS en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

Un comentario sobre “Reglamento escolar, un convite a la reflexión

  • el 2 marzo, 2017 a las 9:52 am
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    Estoy de acuerdo totalmente con las normas que plantea el reglamento escolar, creo que eso ayuda a crear valores importantes en el futuro, aunque si creo que se puede flexibilizar un poco en el tema del uniforme me refiero específicamente en el largo de las sayas de las niñas de la secundaria sin llegar a que sea una vestimenta inadecuada debemos tomar en cuenta la edad (muy difícil por cierto) y la moda y así evitaríamos tantos complejos por parte de las pequeñas a la hora de asistir a la escuela.

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