Ley de oferta y demanda: ¿Quién pone el tope al valor fijado por un vendedor?

“Oferta y demanda” se ha convertido en una frase casi habitual entre los cubanos. Aparece rápida y lacerante, casi triunfal y como bofetada, cuando el precio de determinado alimento, el transporte o un producto industrial hacen saltar los ojos de las órbitas al cliente y ponen tembloroso al bolsillo obrero. Y es que no pocos agentes de negocios privados esgrimen la frase como justificación o argumento de que es justo el precio altísimo que exigen por su mercancía.

Probablemente mucho hablen de oferta y demanda pero mucho también desconozcan ese principio económico que comenzó a regir en el país la dinámica del sector privado o el llamado sector no estatal. Se trata de una ley, alabada por varios economistas y muy criticada por otros, pero inevitable según muchos, sobre todo en las llamadas economías de mercado. Lo cierto es que paradójicamente en Cuba, los trabajadores por cuenta propia la citan a diario, quizás porque son los más beneficiados con la norma que les da la anuencia para comercializar al precio de su antojo, y les hace intocables ante el control del estado.

Veamos algo de lo que dice esa ley y cito:

Según la ley de la oferta y la demanda, si el precio de un bien está demasiado bajo y los consumidores demandan más de lo que los productores pueden poner en el mercado, se produce una situación de escasez, y por tanto los consumidores estarán dispuestos a pagar más. Los productores subirán los precios hasta que se alcance el nivel al cual los consumidores no estén dispuestos a comprar más si sigue subiendo el precio. En la situación inversa, si el precio de un bien es demasiado alto y los consumidores no están dispuestos a pagarlo, la tendencia será a que baje el precio, hasta que se llegue al nivel al cual los consumidores acepten el precio y se pueda vender todo lo que se produce mejor.

No es preciso un análisis exhaustivo para deducir que lo que ocurre en la Isla, contradice en parte el principio económico. La baja productividad, la escasa oferta o de poca calidad, la falta de un mercado mayorista para los trabajadores por cuenta propia y la falta también de un mercado estatal que compita con lo que ofrece el sector privado, influyen en el precio de los productos.

Para colmo los precios estatales tampoco son bajos, y se ha extendido en el sector privado la creencia de que siempre debe venderse más caro que el Estado, aun cuando muchas veces la calidad es incluso hasta más baja.

Y ante esa norma de oferta y demanda convertida en bandera por el negociante; ante esa ley que limita la autoridad estatal, ¿quién pone el tope al valor fijado por un vendedor cuyo interés prioritario parece ser sacar el mayor provecho posible a la necesidad ajena?

Los clientes, sobre todo quienes cuentan con el salario como único medio de subsistencia, son sometidos al designio de una red de nuevos “agentes controladores” de productos y servicios, generalmente de primera necesidad, dígase, alimentos, artículos de aseo, el transporte por solo citar algunos. Cabe preguntarse entonces ¿ qué mecanismos de control ejercerá el Estado Cubano para evitar tendencias abusivas, que nada se relacionan con el humanismo y la solidaridad que son principios de la sociedad cubana ?.

¿Cómo puede un trabajador evitar esas situaciones en las que alguien acaba sintiéndose desvalido y maltratado porque un carretillero amparado por la ley de la oferta y demanda, le aplicó la ley de la selva y sumiso el cliente acató, para poder llevar los fríjoles a casa? Porque lamentablemente ante la carente oferta estatal se ha comenzado a creer que pagar al cuentapropia lo que exija es una obligación.

Muchos opinan que los alimentos debían tener un límite de precio en lo estatal y lo privado, sobre todo cuando la ya deteriorada infraestructura agraria de la Isla se ve afectada por fenómenos climáticos como la intensa sequía de los últimos meses.

Al parecer solo resignación queda para los clientes a sabiendas de que aunque se establezca cualquier relación de precio, cuando la demanda es mayor que la oferta, la tendencia es a subir y lo único efectivo para bajarlos es aumentar las producciones. Pero mientras las transformaciones que se acometen como parte de la actualización del modelo económico, comiencen a rendir frutos substanciales, y sea mayor la oferta de bienes y servicios en el país, es bueno saber que negarse a pagar lo injusto es una alternativa, porque sin demanda poco valor tiene la oferta y el dinero ganado honradamente desde un puesto laboral, también vale.

Daimara Martínez Jerez

Periodista de CNC TV Granma. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Oriente, Cuba.

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