En la marea de las venas

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éticaHablaré de ética. Eso me pidió el profesor en la Universidad en cuarto año de la carrera. Confieso que fui víctima de la morosidad para redactar aquellas líneas. El habitual deseo de llenar la página en blanco parecía distanciado. Quizá porque temía repetir lo que cientos de estudiosos han expresado.

Esa palabra (ética) me acompaña desde mis años infantiles. Siempre la creí importante, sinónimo de algo bueno. Tal vez, en discusiones adolescentes, hasta teoricé sobre su significado y la conceptualicé. Sí, es posible. La mencioné y escuché tantas veces… Los análisis en el aula, que a veces se convirtieron en “broncas dialógicas”, con ejemplos de la cotidianidad, me motivaron a presionar el teclado, para redactar párrafos sobre el comportamiento moral. Ahora vuelvo a la aventura porque, cada vez que percibo un acto de irrespeto, desconsideración o algo más, el dolor lacera mis entrañas.

Cada uno de nosotros debiera llevarla muy dentro, como modo de conducta orientado al bien y permanente búsqueda de la belleza, entendida como bondad y sinergia colectiva, para caminar hacia el mejoramiento humano personal y grupal. Nuestra realidad es demasiado compleja como para también vocearnos, empujar, colarnos  y “joder” a otros.

No piense que soy excesivamente moralista ni que ando con un termómetro imaginario para medir temperaturas de dignidad.

La ética no se enseña con tizas y pizarras, ni con definiciones teóricas, que algunos, incluidos AristótelesAristóteles y Jean Paul SastreJean Paul Sastre, esbozan desde la antigüedad. En papeles de antes y ahora, se lee: “Disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y la actuación humana” o “conjunto de costumbres y normas dirigentes y valorativas del proceder en una comunidad”. Las clasifican en social, profesional, informática… y establecen rasgos y otros elementos.

Como escribió el investigador Vicente Manuel Prieto, “hay reglas que deben ser respetadas, unas están escritas y legisladas, otras se relacionan con la autorresponsabilidad. Le agrego que también con la enseñanza recibida, el medio donde se desarrolla el individuo, el ejemplo de los adultos… Incluye honestidad, buena fe, solidaridad, empatía… Uno también tiene paradigmas en ese sentido.

A veces, ante determinadas circunstancias, me pregunto qué haría mi abuelo. Yo adoraba los apagones durante las noches, a pesar de mosquitos y el calor, porque él contaba sus inicios de niño del campo, que trabajó desde los nueve años de edad y picaba caña junto a su padre para llevar dinero a la casa. Hablaba de la vida en las lomas y de cuánto se esforzó por ser mejor cada día, con respeto y consideración a todos. Además, de cómo se relacionó con Raúl Podio, medialunero en el Ejército Rebelde. No sé si añadía algo de ficción, tampoco lo investigaré, porque la historia me gusta tal cómo la narra, con sus gestos y emoción.

Según el estudioso Antonio García Ninet, la ética requiere constante observación interior. No se trata de llorar después de lo errores. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez? Pero resulta esencial reflexionar sobre lo ocurrido y corregir para el presente y futuro.

Verdad que, en ocasiones, existen dudas ante ciertas decisiones, pero cuando uno la lleva en la marea de sus venas es consecuente con ella, aunque los pasos duelan, porque al final queda la satisfacción de no fallarle a uno mismo.

Todos tenemos gran responsabilidad en la constante construcción de nuestra sociedad. Comencemos por ser mejores en lo individual, para incidir luego en los demás. Nosotros lo merecemos.

Yasel Toledo Garnache

Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Miembro del ejecutivo de la UPEC en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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