La historia en pareja puede ser diferente

Por: Darelia Díaz Borrero

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Hay historias difíciles de asumir como algo real; vivencias que antes conocíamos solo como parte de la trama de una telenovela, ahora burlan la ficción y golpean la puerta de la realidad.

Entonces, comprendemos que son problemáticas recurrentes, y laten a nuestro alrededor; pero no las advertimos hasta que nos tocan de cerca, como la de aquella que aguanta en silencio los maltratos físicos y psicológicos de su esposo porque, al parecer, no tiene otra salida.

Resulta que ella consagró los mejores años de su vida a colmar de atenciones a su pareja, tanto que renunció a su realización profesional, la cual pudo haber sido fértil, si no hubiese dejado empolvar el título universitario.
Ahora tantas atenciones son retribuidas con humillaciones e infidelidades ,de las cuales ya van a nacer sus frutos, casi frente a sus narices; pero a ella solo le queda aguantar el trago amargo, porque su dependencia económica, la deja de manos atadas.

Resignación es prácticamente lo único que le queda, sobre todo porque al rebasar las cuatro décadas, el reto del comienzo se torna casi una utopía.

Tal vez si no hubiese renunciado al ejercicio profesional, a que tenía todo el derecho, la historia tendría matices menos oscuros, pero desgraciadamente la realidad es otra.

No la culpo por entregarse por completo al amor, sin embargo considero que se deben aprovechar al máximo las posibilidades profesionales garantizadas a las mujeres cubanas, con su plena incorporación a los cambios sociales y económicos en el país.

Por citar ejemplos, hoy las féminas en esta Isla representan el 48 por ciento de los empleados del sector estatal civil, el 66 de los técnicos y profesionales, y el 53 de los científicos; así como su representación en el Parlamento supera el 48 por ciento, uno de los índices más elevados en el mundo.

Claro, todavía falta mucho por lograr, sobre todo porque aún cuando la mujer se realiza profesionalmente y existe una voluntad estatal para promover su empoderamiento, las féminas continuan llevando sobre sus hombros el peso de las tareas del hogar.

No son pocos los casos, en los que las mujeres, tras una larga jornada laboral concluida horas después de la de su esposo, tienen que llegar a casa y volverse “la mujer orquesta”, mientras él espera viendo la televisión, por el plato con su comida.

Sin embargo, son las féminas las principales encargadas de desterrar los patrones machistas en el ámbito familiar, porque ese mito de que se es menos hombre por cocinar, limpiar, lavar o fregar, es un pretexto que le ha servido a muchos para eludir tareas.

Conozco a quienes cocinan casi mejor que sus esposas y siguen siendo masculinos en toda la dimensión de la palabra.
La repartición de roles en el hogar puede ser una opción materializable, pero para eso la pareja debe negociar las tareas desde el mismo inicio de la vida en común, a partir del cariño y el respeto mutuos; sin recurrir a imposiciones o reclamos, para que la armonía reine.

Si el comienzo de la historia no es bueno, dificilmente lo será su desarrollo.
Entonces, lo no corregido oportunamente se tornará en desconsideraciones y maltratos, más aún si el hombre se siente dueño y señor de la economía hogareña, como en el caso de la vivencia de aquella, antes reflejada, y que queda como anillo al dedo de muchas mujeres.

Varias admiten el maltrato porque anteponen, a su felicidad, el bienestar de sus hijos, a los cuales no pueden garantizarles un futuro mejor fuera de esas cuatro paredes proporcionadas por aquel que solo funge como padre biológico.
Tal amor maternal es digno de reconocer, sobre todo porque ese sacrificio, por sus vástagos, lo hacen sin esperar nada a cambio; no obstante, creo que también es contraproducente criar a un hijo en un ambiente familiar adverso.
El asunto va más allá de los avances en la política laboral y salarial, y el rol jugado para la adopción de un avanzado Código de Familia.

Es obvio que en ocasiones muchas quieren desprenderse de esas ataduras, y les resulta casi imposible advertir la luz al final del túnel; pero la resignación y el cansancio no deben ser las salidas. No es justo llenar de atenciones a quien no sea digno de ellas.

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Acerca del Autor

Darelia Díaz Borrero
Darelia Díaz Borrero

Licenciada en Periodismo Darelia Díaz Borrero, egresada de la Universidad Oscar Lucero Moya, de Holguín, en el 2012. Trabajó como redactora reportera de prensa en la Agencia de Información Nacional (AIN) entre 2012 y 2015, cuando comienza a laborar en la televisora CNC, de la provincia de Granma. Sus trabajos han sido replicados en disímiles medios provinciales y nacionales de prensa. Actualmente colabora con el periódico Granma.

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