Bayamo: Monumento de una Nación

Por: Mónica María Ramírez Aguilar

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Bayamo, M.N. Llama la atención la abreviatura colocada después de escribir el nombre de la ciudad cabecera de la provincia cubana de Granma. Al redactar la fecha siempre debe estar la M de Monumento y la N de Nacional, condición otorgada a la también conocida como Ciudad de los Coches el 30 de diciembre de 1935.

Bastó su historia o el papel que desempeña dentro de los hechos más significativos de la Nación para que oficialmente fuera reconocida. Pues como plasmara Emilio Roig de Leuchsenring en un artículo publicado en la revista Carteles, año 36, No.15:

Si la ciudad de Trinidad ha podido conservar en sus plazas, edificios, calles y rincones las características de las viejas poblaciones coloniales de nuestra patria, Bayamo es la ciudad heroica, revolucionaria y patriótica, por antonomasia, cuna y escenario de los fundadores y protomártires de nuestras luchas de independencia, cuyos hijos, en renunciamiento inigualable, la inmolaron, cual moderna Numancia, en aras del ideal libertador.(Sic)

El jueves dos de enero de 1936, en Pleno del Gobierno de la República de Cuba, presidido provisionalmente por José A. Barnet y Vinageras se aprobó el Decreto-Ley No.483 en cuyo artículo uno “se confiere a la ciudad de Bayamo, situada en el término municipal del mismo nombre, en la provincia de Oriente, el carácter de Monumento Nacional.”

La urbe está conformada por tradiciones, cultura e idiosincrasia heredadas de aborígenes, españoles y africanos, que durante el proceso de transculturación, concepto ideado por el antropólogo cubano Fernando Ortiz, aportaron al territorio particularidades que la hicieron única.

Es así como en una ciudad maltratada y conservada por el tiempo, perduran leyendas como esa de la cruz verde, madero al cual se le rindió culto hasta hace unas décadas; también los personajes propios del folklore, quienes eran conocidos por sus apodos de: Rita la caimana, Paco pila, Chicho el cojo o el Mono pasú, renombre por el cual se le conocía a Blas Elías quien fue alcalde de la ciudad durante los años 50 del siglo XX; o las rosquitas que aún se venden en una esquina de la Plaza de la Revolución conocida popularmente como Parque Céspedes.

Bautizada con nombre aruhaco y europeo vio dar a luz a hombres que luego se convirtieron en figuras ilustres de Cuba, menciónese a Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, José Antonio Saco; y otras que se relacionan con el mundo del arte tales como: los músicos Manuel Muñoz Cedeño, Sindo Garay o el escritor Juan Clemente Zenea.

En Bayamo se bailó cancán baile rápido, vivaz y escandaloso; se cantó La Bayamesa, considerada la primer canción romántica de Cuba; tuvo coros de calidad inigualable y ejemplo de ello es la Coral de Bayamo con distinguido repertorio y conformado a siete voces; alcanzó la peculiaridad de que por sus calles caminan las mujeres más lindas del país, dicho por caballeros de varias épocas.

A la también conocida como “Tea Incendiaria” la distingue su paseo General García, el helado y la amabilidad de sus pobladores; también los coches ideales para pasear y en ocasiones, salvadores del transporte público. Es notable la limpieza de sus calles, la cantidad de monumentos y la motivación que despiertan sus fiestas populares.

Colonizada, quemada, libre, cuidada, odiada y amada. Trata de avanzar al mismo paso de las almas jóvenes que la rodean, habitan y defienden. Se empeña en ser conservada, mantenida, visitada y sobre todo, Bayamo aspira a que su título más importante, el que se escribe con abreviatura en las fechas, sea respetado con la conciencia y las acciones de quienes aún creen ella.

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