Nostalgia por los juegos infantiles

Ahora que están tan de moda los My talking Tom y Ángela de los teléfonos inteligentes, los Pokemon del DVD, o las carreras virtuales de motos y carros en la computadora, a quienes nacimos allá por la época de los apagones y los televisores Krim sin entrada de memoria se nos cuela una nostalgia tremenda por los juegos infantiles.

Porque sucede que chocar la bola, empinar papalotes, jugar al escondido o saltar la suiza ya no son las opciones recreativas por excelencia. Niños y niñas prefieren agruparse para medir destrezas digitales y pasarse ̶ bluetooth, zapia o USB flash mediante ̶ la última serie del momento o el juego más escapa´o.

En mi barrio, por ejemplo, hace tiempo ya que Mandiaco recogió sus sacos, la flor de los países se marchitó y la gallinita ciega se fue a buscar juego a otro lado.

De la lectura ni hablar. ̶ Los textos de la escuela y apura´o ̶ me han dicho tranquilamente algunos de los muchachos con la misma edad en la que ya yo y muchos de mi generación habíamos “devorado” Las aventuras de Robin Hood, La Edad de Oro, Veinte mil leguas de viaje submarino y otros libros entonces imprescindibles para cualquier niño que “se respetara” en la cuadra.

Se sabe, no obstante, que el escenario infantil es otro. Tablets, celulares, computadoras y play stations son las nuevas herramientas que dominan varias de las horas de juegos de los más pequeños, e incluso hasta de los que no lo son tanto.

Aunque claro, están los que nunca renuncian a andar mataperreando (a decir de las vecinas), los que siempre tienen a mano alguna maldad para el de al lado, o aquellos que con aires de corredores y alpinistas llegan a la casa con más de un raspón a cuestas como símbolo de sus proezas recreativas.

Pero es que esas también son cosas propias de la infancia que muchos “padres modernos” pretenden suprimir con juegos electrónicos para mantener tranquilos a sus pequeños durante horas y horas.

Horas que en exceso, lejos de beneficiarlos los afectan. Adquisición de una mala postura, irregularidad en los horarios de alimentación, alteraciones en el comportamiento y el sueño, distracción en clases, entre otros cambios suelen venir aparejados a este fenómeno.

Y no se trata de renegar de la tecnología, mucho menos de no reconocer las habilidades y destrezas que les aportan a los infantes.

Se trata, eso sí, de que los padres sean menos tolerantes en cuanto al consumo desmedido de estos aparatos y más exigentes y selectivos con los contenidos que sus hijos adquieren como forma de distracción.

Películas para adultos y series donde si incita a la violencia no deberían formar parte de los entretenimientos de los niños, y sin embargo la posibilidad de obtenerlas ya no resulta una dificultad para muchos de ellos.

En mi propio vecindario es más común escuchar a un chiquillo interesado por el último capítulo del “Señor de los Cielos” que por jugar al parchí o leerse un cuento para niños.

Ante esta observación de seguro no pocos afirmarán que esta es una época diferente, difícil de comprender para los que crecimos en pleno Período Especial jugando con muñecas de trapo hechas por la abuela, leyendo los que nos cayera a mano, aprovechando los apagones para buscar el mejor escondite, “tomando prestada” algunas tizas del profesor para dibujar el pin pon o divirtiéndonos de lo lindo con el ¡arriba quenqueeeeeeeeeeeeeee!

Es cierto, los tiempos no son los mismos ̶ pero nostalgia aparte ̶ ojalá que las familias cubanas no olviden que ni la buena literatura infantil, ni los juegos instructivos pasan de moda.

Ya lo alertó el Maestro (José Martí) “a los niños, sobre todo, es preciso robustecerles el cuerpo a medida que se les robustece el espíritu”.

Mailenys Oliva Ferrales

Periodista del sistema provincial de la radio en Granma. Trabaja como reportera del sitio www.radiobayamo.icrt.cu. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Holguín.

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