¿Tiene algo nuevo que aportar?

Por: Darelia Díaz Borrero

Seguro han advertido que en disímiles espacios de intercambio se hace recurrente la interrogante ¿Tiene algo nuevo que aportar?

Y ello no es casual, si tenemos en cuenta que son cada vez mayores los encuentros en los que se repiten historias como la experimentada por el amigo “Periquito Pérez”

Según cuenta este,  hace unos días tuvo que asistir de manera oblivoluntaria a una reunión en la quetras casi tres horas de debates, alguien alertó que era tiempo de concluir la asamblea, no obstante con tono flexible comentó que aún se disponía de algunos minutos para escuchar a quien tuviese algo nuevo que aportar.

Sin apenas dejarlo terminar la frase, otras dos o tres manos resaltaron en el auditorio, entre ellas la de “Perencejo”, quien, aunque no quería ser reiterativo, 15 minutos después todavía castigaba a los presentes con ideas antes expresadas por sus colegas.

Como si no bastara, “Don Papagayo”, el segundo que supuestamente tenía algo nuevo por decir, bombardeó a sus similares con frases memorables de héroes de la Patria cubana, pues, al parecer, resultaría imperdonable para este privar al resto de su dominio histórico y gran oratoria.

Entonces, para fortuna del auditorio, alguien tuvo la excelente idea de plantear que el Dios crono indicaba redondear el debate; claro si no quedaba ¡ALGO NUEVO QUE APORTARRRR!

Esta última frase con toda la carga semántica que conlleva decir algo contrario a lo que realmente se piensa, y con un tono ya no tan flexible.

Fue en ese momento cuando el silencio se apoderó del auditorio, y aunque muchos se quedaron picados porque no les dieron la palabra, dejaron sus manos abajo porque NO HABÍA OTRA COSA QUE APORTAR

Relatos como estos pudieran caracterizar muchas de las asambleas previas a congresos, balances anuales de empresas, y hasta reuniones vecinales en los barrios, aún cuando estas últimas tienen un matiz más informal.

 Resulta que cada día se hace más latente la necesidad que tienen muchos de escucharse a sí mismos, lo cual imprime un aire tedioso a no pocos espacios, los cuales deberían ser aprovechados para demandas oportunas y la propuesta de iniciativas concretas.

Lo peor del asunto es que no escapan al vicio ni los más jóvenes, a quienes siempre se les caracterizó por el desenfado y la osadía al hablar.

El síndrome del eco gana a diario más seguidores, por lo que es usual presenciar debates carentes de soluciones y en los que la síntesis y la precisión quedaron en la puerta, o más allá de esta.

Entonces, resulta necesario despojar arraigadas mañas, e imprimirle un tono fresco, renovador y práctico a los intercambios.

También se hace preciso aplicar nuevos métodos, que partan, en primer lugar de hacer bien lo que toca en el aula, el surco, los centros asistenciales y otros escenarios, a fin de contribuir al desarrollo económico del país, más allá de las palabras.

No se trata de renegar la historia, sino de evocar frases memorables de los héroes y mártires de la Patria como preámbulo a reflexiones concretas y útiles.

Ello redundará en encuentros más fructíferos; seguramente todos los presentes lo agradecerán.

 

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Acerca del Autor

Darelia Díaz Borrero
Darelia Díaz Borrero

Licenciada en Periodismo Darelia Díaz Borrero, egresada de la Universidad Oscar Lucero Moya, de Holguín, en el 2012. Trabajó como redactora reportera de prensa en la Agencia de Información Nacional (AIN) entre 2012 y 2015, cuando comienza a laborar en la televisora CNC, de la provincia de Granma. Sus trabajos han sido replicados en disímiles medios provinciales y nacionales de prensa. Actualmente colabora con el periódico Granma.

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