Historia no rima con muela

Por: Yelandi Milanés

Aquellas palabras proferidas por un joven estudiante me impactaron tremendamente. Para él completar un cuestionario de historia se resolvía fundamentalmente con “muela”, algo que resultaba como una ofensa verbal hacia una disciplina de suma importancia para cualquier nación.

Quizás la errada asociación de la historia con el discurso extenso y vacío, común en personas interesadas en convencer o llenar espacios donde hay carencia de conocimientos o argumentos, proviene del hecho de que muchas veces la recibimos de esa manera.

La nociva tergiversación- conciente o inconciente- no debe ser motivo para ver como tal, a la asignatura favorecedora del conocimiento de nuestra esencia y tradiciones.

Grandes sabios, desde la antigüedad, han defendido el valor de la historia, pues más allá de contener fechas, acontecimientos y figuras relevantes, nos permite encontrar varias respuestas a las incógnitas sobre el origen de nuestro presente.

Unas de las preguntas clásicas de todos los tiempos han sido “Qué somos y De dónde venimos”, y una de las materias que mejor nos ayudan a responder esas interrogantes es- sin dudas- la historia.

La malinterpretación de su valor e importancia puede derivarse de la cuestión de ser impartida de forma monótona, como una amalgama de hechos en los cuales no existe un análisis integral, ni datos interesantes o novedosos propiciadores de un mayor acercamiento e incremento del interés.

Recuerdo a mi profesor del pre enamorándonos con datos poco difundidos pero reales, mostrándonos la otra cara de la moneda, en la cual valorábamos los hechos en su justa dimensión y no investidos del triunfalismo con el cual generalmente se aderezan. El hecho de enseñarnos la historia más objetiva, nos ayudó a verla menos “muelera”.

Disfrutábamos sobremanera escuchar sus narraciones sobre grandes figuras, con sus virtudes y defectos, tal como somos lo seres humanos. Decía Martí: “El sol tiene manchas”, y la grandeza de esos hombres radicaba en ser, por sobre todas las cosas, hombres virtuosos y con pocos lunares.

De ahí seguro proviene mi aversión hacia toda esa retahíla de palabras banales, empleadas muchas veces a la hora de disertar sobre la historia. Resulta muy penoso ver a algunas personas en un alarde desenfrenado de verborrea, donde se descubren – detrás de frases muy bonitas y rebuscadas- palabras generalmente huecas.

Por eso defiendo la historia contada con pasión pero objetivamente, esa que cuando vamos a su esencia convence a cualquier auditorio de que a partir del Primero de enero de 1959 fuimos realmente más libres, o la que demuestra- alejada de la perorata-  la importancia de la unidad en cualquier proceso revolucionario, muchos de los cuales han fracasado por carecer de ella o en los que como hoy sucede en Venezuela, decidirán el rumbo de su revolución y el mantenimiento de logros sociales alcanzados.

Si valoramos e interiorizamos la historia con todos sus matices, estaremos contribuyendo a un mejor aprendizaje, cada vez más alejado del nocivo mecanicismo.

Convencer a todos de la importancia de nuestras memorias, proveedoras de conocimientos y experiencias que nos  evitan repetir fracasos y errores del pasado, contribuirá a entender la relevancia de la misma en nuestra identidad, y a no relacionarla con la perniciosa “muela”, pues evidentemente son palabras que no riman.

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Acerca del Autor

Yelandi Milanés
Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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