Luis Ramírez Villasana, maestro Héroe del Trabajo

Foto: Luis Carlos Palacios
Foto: Luis Carlos Palacios

Nacer pobre en Cuba hace 76 años, y además ser negro, no era nada halagüeño. Que tenía  un futuro incierto y oscuro como la piel, lo comprendió Luis Manuel Ramírez Villasana desde que tuvo capacidad suficiente para interpretar la realidad en que vino al mundo, en Bayamo, en 1940.

Un triunfante y barbudo Primero de Enero le cambió el norte a la brújula de su destino. Desde hace bastante tiempo es una reconocida personalidad en el entorno de la Ciudad Monumento Nacional, Granma y más allá.

En ocasión de la reciente celebración del Día Internacional de los Trabajadores, le fue conferido el título honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, el cual le será impuesto en fecha próxima, pues por estar delicado de salud no pudo asistir a la ceremonia de imposición realizada en la capital del País, el Primero de Mayo.

Hace unos años,  al coincidir en una escuela de las Sierra Maestra,  le solicité una entrevista y al responder de manera afirmativa y al aceptar, le escribí en una hoja de la agenda  varias interrogantes.

Pasados algunos días, respondió ampliamente el cuestionario, sentados ambos en la pequeña sala -ambientada con un gran afiche de una mujer angolana recolectando café- de su modesto hogar, en la calle Pío Rosado, de la capital granmense.

 ¿Infancia?

Transcurrió en el seno de mi numerosa familia, en la que imperaba la pobreza, pero fuimos educados en el orden y la honradez.

El horcón del hogar era mi abuelo, hombre respetado por todos, que poseía una modesta zapatería, la cual fue mi primera escuela y él mi primer maestro, que tenía algunos conocimientos pero sus métodos de enseñanza incluían hasta cocotazos.

Así transcurrieron mis primeros años, la mayor parte del tiempo en ese lugar, en el que los martillazos sobre zapatos colocados en las rodillas de abuelo, determinaban si en la casa se comía ese día.

Llegado el momento matriculé cuarto grado y el siguiente lo repetí. Cuando parecía que todo estaba perdido, una maestra me sacó del bache. Jamás olvidaré cuánto bien me hizo Mercedes Cossío (pedagoga y escritora, recientemente fallecida).

La niñez me la hizo más llevadera mi mamá. Ella lavaba y planchaba ropas a las familias pudientes para atender a sus tres hijos, que nunca anduvimos descalzos. –Tú tienes que estudiar –me decía- para llegar a ser alguien. Me pagó estudios de mecanografía, que costaban dos pesos mensuales.

¡Así de buena era mi madre¡

Adolescencia

Una parte en la humilde herrería de mi padre, en la que era aprendiz y tuve que sujetar muchas patas de caballos para ayudar a la familia.

-¿Es por eso que tiene las manos tan grandes?

-Exactamente.

-Disculpe la interrupción. Continúe.

La herrería dejaba tan poco que mi padre me consiguió trabajo como dependiente en una bodega que vendía frutas, dulce de leche, refrescos y otras chucherías. Iba a ganar un peso y 50 centavos al mes.

Imagínese usted lo que es poner a un hambriento donde hay comida. Era más lo que comía que lo despachado. Al terminar el primer mes el dueño me pagó y dijo que no volviera por allí. Él no sabía leer ni escribir, pero era evidente que no cuadraba la lista con el billete.

En mi adolescencia me hice músico, tocaba la tuba e integré la Banda Juvenil Rafael María de Mendive. Abandoné esos trajines cuando me hice educador.

-Magisterio.

De muchacho no pensaba en ser maestro. Me gustaba la pintura, pero era inalcanzable para mi.

Siendo estudiante de la Escuela Primaria Superior me destaqué como monitor y una prestigiosa pedagoga me comentó que yo tenía condiciones para ser maestro. Lo dije a mi madre y se sintió feliz. A mi padre no le cayó nada bien porque veía en peligro a su aprendiz de herrero.

Gané una beca para la escuela normal para maestros por patronato que había en Bayamo, que me liberaba de abonar los 12 pesos mensuales establecidos, no los 15 correspondientes a la matrícula. También se pagaban los uniformes, libros, temperas, conferencias.

El uniforme me lo regaló un amigo ya graduado. Libros no pude adquirir nunca y me especialicé en coger notas en las clases y estudiar con bibliografía ajena, que leía por las madrugadas.

Al triunfar la Revolución, en enero de 1959, formaba parte del bloque estudiantil 26 de Julio y era uno de los dirigentes de la Asociación de Estudiantes.

Ese año hablé con Fidel en cinco ocasiones. Aquí en Bayamo, en Santiago de Cuba y en La Habana. Es una historia larga. Queríamos que se mantuviera la Escuela Normal por patronato,  aquí en Bayamo. En el último encuentro el Comandante en Jefe nos pidió que siguiéramos estudiando y nos hiciéramos maestros.

El día 20 de diciembre de 1960 me gradué en San Lorenzo, Sierra Maestra, municipio de Bartolomé, renuncié al puesto de escribiente que desempeñaba en el Juzgado de Bayamo y el 8 de enero siguiente me encontraba en una  escuela rural de montaña.

Martí

Fuente de inspiración permanente en todos los sentidos. Modestamente he tratado de promover actividades dirigidas a profundizar en su vida, obra y pensamiento.

¿Por ejemplo?

Un muestreo realizado a 214 personas, arrojó que el 90 por ciento de ellas desconocía cuándo y  en qué circunstancias  el Apóstol expresó: Yo tengo de Bayamo el alma intrépida y natural .Convoqué un concurso sobre por qué lo había dicho y se recibieron más de dos mil cartas. Todas interesantísimas.

En 1995, centenario de su caída en Dos Ríos, libré otro denominado Una Carta para mi amigo, recibiéndose  tres mil misivas de alumnos de todas las enseñanzas, incluida de Adultos. Decían cosas maravillosas.

¿Amigos?

Muchos.

-Entre ellos el pedagogo y poeta Raúl Ferrer.

Sabes que es así. Lo conocí a finales de 1960. Me impresionó profundamente y sus palabras me llegaron al corazón. Entonces para mí quedó más clara y firme la convicción de ser maestro.

Jugó un papel decisivo en la campaña de Alfabetización y fue fundador de la educación Obrera en Cuba. Tengo el privilegio de haber sido amigo de él, bajo cuya influencia estuve más de 20 años.

Estando yo en , como combatiente internacionalista, el gobierno de aquel país solicitó a Cuba colaboración para la campaña de Alfabetización. Al preguntarle a Raúl Ferrer quién, en su opinión, podría cumplir esa tarea, contesto: busquen al negro Villasana, que ya está allá. No me abandonó, en dos oportunidades fue a ayudarme.

¿Cómo qué y cuándo había ido a Angola?

Marché para allá en 1976 como político de tanques, luego fui asesor de la campaña de alfabetización. En total estuve seis años y cuatro meses.

¿Qué le dijo el General de Ejército Raúl Castro en aquella nación?

 Que yo tenía la tarea del indio. Hace pocos años se lo recordé, aquí en Bayamo, y le pregunté el significado de esa expresión. Me respondió: Esa frase yo la utilizo cuando me refiero a una tarea fuerte, que impone sacrificios. Quedé satisfecho. Quizás no se acordó de mí, pero admitió la posibilidad de haberlo manifestado.

Liderazgo barrial.

-durante más de15 años fui delegado en la circunscripción 173 del Consejo Popular San Juan El Cristo. Es tarea que reporta satisfacción y la desarrollé con dedicación y amor.  Nunca n tuve que suspender una asamblea por falta de asistencia de los electores.

Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular

-Lo fui durante la V y VI Legislatura. Nunca pasó por mi cabeza que llegaría a ser parlamentario. Participé activamente en las sesiones de la Asamblea Nacional.

Una de las mayores satisfacciones de mi vida como diputado, es haber tenido la posibilidad de estar cerca del Comandante en Jefe, conocerlo mejor y comprender, aún más, el por qué tantos seres humanos en el mundo lo aman y respetan.

Hablar.

Es criterio de algunos que hablo mucho. Creo que eso tiene que ver con las tareas que he desempeñado. En primer lugar soy maestro, y los maestros hablan bastante.

Hablar para mí es una necesidad. Me consuela saber que hay personas a las cuales les gusta la forma en que hablo y el contenido de lo que digo.

¿Amores?

¿De qué tipo?

Carnales

Durante muchos años viví dependiendo de mi madre. Ella se desvivía por atenderme y en el fondo era muy celosa, no le cuadraba ninguna mujer para mí, siempre le encontraba algún defecto y perdí muy buenas posibles esposas.

Cuando su salud comenzó a resquebrajarse, mi mamá me dijo que me buscara a alguien que me atendiera, que ella no podía seguir haciéndolo.

Desperdicié mucha juventud, pero tuve la suerte de encontrar una buena mujer, Juana Roble Carrillo, que hace más de 30 años estamos juntos y nos queremos mucho.

Ella se molesta cuando le digo que la quiero como madre, tía, hermana, amiga. Y se alegra cuando le declaro: pero también te quiero porque eres hermosa y porque has sido capaz de aguantarme tanto tiempo; en las buenas y en las malas; en las verdes y las maduras.

¿Héroe del Trabajo? (*)

“Me conmovió la noticia, me siento altamente reconocido, pues ser un Héroe del Trabajo es algo tan grande… Esa aspiración no estaba en mi plan de vida”.

(*) la pregunta le fue formulada por la colega María Valerino, del periódico La Demajagua

Orlando Fombellida Claro

Orlando Fombellida Claro. Licenciado en periodismo en Centro Universitario de Holguín. Trabajó en el Semanario Antorcha, de Banes, y el periódico Ahora, de Holguín, se desempeñó como corresponsal del periódico Granma, en la provincia de igual nombre. Es redactor-reportero del periódico La Demajagua. Colabora habitualmente con CNC Digital y Cubaperiodista

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