Menos ingenuos ante el rumor

A nuestros oídos llegan diariamente una serie de informaciones de gran interés personal, pero lamentablemente no todo lo que escuchamos está basado en hechos reales y verídicos.

Preocupa observar como muchos individuos son dominados por el deseo incontenible de contar historias tergiversadas, de generar estados de ánimo y de crear desinformación, aspectos que han encontrado en el rumor, el medio idóneo para desarrollarse y producirse.

El rumor no es algo nuevo, pero tanto antes como ahora siempre produce acontecimientos desagradables, porque tiene una alta dosis de falsedad, proviene de fuentes poco fidedignas y se transmite por canales informales.

Pero lo más inquietante de todo es la facilidad de propagación y la ingenuidad con que muchos se aferran a la supuesta veracidad de esa información, sustentada solo por el “según me dijo fulano” o por  el impreciso “dice la gente”.

Hoy  día resulta molesto ver a personas adictas al rumor introduciendo ruidos en la mente de muchos, los cuales-por desconocimiento- no se percatan de estar recepcionando historias mal contadas o inventadas, y de que muchas veces las intenciones de quien cuenta, están motivadas por un interés de atraer la atención y alardear sobre su gran nivel de información.

Como el rumor casi siempre aborda un tema de gran importancia, el cual  la mayor parte de las veces afecta directamente a varias personas, es común que condicione conductas y genere falsas expectativas.

Todavía recuerdo el triste caso de algunas personas que recientemente vendieron desesperadamente sus reservas en CUC, por un “comentario” generalizado sobre la cercana decisión de rebajar abruptamente su tasa de cambio, olvidando los timados las declaraciones de nuestros principales dirigentes sobre las reformas económicas, las cuales estarán en consonancia con el crecimiento económico, aún por debajo de los niveles necesarios para materializar ese anhelo social y estatal.

También acuden a mi memoria el caso de la infeliz ancianita de escasos recursos, la cual casi pegaba el grito al cielo al enterarse de una bola- hermana cercana del aludido susodicho- sobre la suspensión de la libreta de abastecimiento.

La inocente veterana olvidaba que aunque nuestro gobierno aspire a eliminar  la canasta básica, aún las condiciones económicas no lo permiten, y aunque se tomara una decisión al respecto, se ha reiterado la  disposición gubernamental de no dejar desamparadas las personas de escasos recursos financieros. 

El ser humano tiene una gran necesidad de informarse, pero ante esta demanda, debe procurar no llenar los vacíos comunicativos con rumores, pues ellos guardan una estrecha relación con el chisme, el brete y otras habladurías propiciadoras de sucesos nefastos.

A menudo se “riegan bolas” sin medir sus consecuencias, las cuales se multiplican sin control y en forma caótica, pues los rumores recorren toda la sociedad y marcan su realidad.

Todo rumor se nutre de la ambigüedad y- sin duda alguna- tiene el bochornoso privilegio de envenenar el ambiente por donde circula.

Tengamos siempre presente que esos runrunes tienen un impacto social y  psicológico muy grande, de ahí la importancia de no propiciar su nacimiento y propagación. La exhortación fundamental es a no ser música de oídos, y a mostrar menos ingenuidad y más desconfianza de las informaciones extraoficiales.

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Yelandi Milanés

Licenciado en periodismo en la Universidad de Oriente. Labora en el semanario La Demajagua.

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