Saber «comerse» un paquete

Por: Osviel Castro

Estaba en un gimnasio biosaludable de los que han instalado en Bayamo, cuando, asombrado escuché la pregunta: «¿No viste lo que le hizo Daddy Yankee al Príncipe?».

Un muchacho contó maravillado cómo el Daddy había «matado» al de la corona durante un programa televisivo: «Lo chantajeó, se rajó las zapatillas y le enseñó la marca, después se quitó el anillo y le dijo: ‘Todo el dinero que tú tienes no vale más que esta sortija’», expuso en éxtasis el joven.

«Ese tipo está volao, es el ‘uan’», agregó, para terminar diciendo que había observado esa «jugada» en el paquete, el famoso amasijo audiovisual que incluye shows, seriales, noticias y otros contenidos enlatados.

Mi pasmo surgió, más que por la escena contada, por el alto nivel de seducción que tenía aquel imberbe, quien parecía dominado y apresado por una fuerza superior mientras hablaba.

De seguro, otro paquete, con otra historia similar, lo enajenará mañana y lo complacerá al extremo. Y él dirá que, al final, cada persona es libre de consumir lo que prefiera.

Sin embargo, esos párrafos no intentan lanzar una diatriba contra las predilecciones del muchacho, sino deslizarse sobre el fenómeno de la «fascinación acrítica», que, a lo largo de Cuba y más allá, se ha incorporado a la existencia de miles personas de diferentes edades.

Hace varios años el prestigioso intelectual Cintio Vitier (1921-2009) habló de la necesidad de «educar la sensibilidad», un concepto vinculado con la elevación del saber y el acto de direccionar los apetitos del consumo cultural.

«(…) no se trata de reprimir, de censurar, de prohibir, procedimientos que siempre han sido contraproducentes, sino de realmente educar las apetencias, de enriquecer las opciones, de mostrar las calidades superiores de la vida, de refinar los placeres, de comunicar los instintos con el arte, la belleza con el bien, el Eros mismo con la patria», decía él en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 27 de diciembre de 2006.

Esas palabras exponen de manera sintetizada pero magistral los caminos para formar un ser humano que tenga una postura analítica ante cada producto inmaterial, traído de «allá» o nacido en tierra propia. Que no sea un espectador pasivo de todo el maremágnum audiovisual que se comercializa hoy como pan caliente en cualquier latitud.

Un aporte a esos derroteros estriba, sin dudas, en el «enriquecer las opciones», que Vitier nos señaló hace más de nueve años y que todavía parece una asignatura pendiente a pesar de ciertos cambios o aumentos televisivos y de que hoy ya algunos Joven Club de Computación y Electrónica en el país ofrecen de manera gratuita el proyecto cultural «La Mchila», otro ajiaco audiovisual y de texto, muy riquísimo, muy superior en estética al paquete, pero poco consumido por la población.

Claro, hoy el consumo de cualquier «obra» audiovisual no se realiza mediante las viejas fórmulas del embudo.

De cualquier manera -sin obviar el papel insustituible de la familia-, todas las rutas desembocan en la escuela, ente que no puede vivir ajeno. En ella habita buena parte del conocimiento requerido y una gran dosis de la cultura que tanto necesitamos para saber comernos o bebernos cualquier paquete.

 

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Acerca del Autor

Osviel Castro
Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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