Los jóvenes y el ejemplo de los mayores

Por: Yasel Toledo Garnache

Foto: Internet

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-“¡Pero, mami! Mis amigas pueden regresar a cualquier hora”, dice Susana sofocada por el llanto.

-¿Y qué? Te dije que a las 11:00 debes estar aquí.

-¡Ni que yo te importara tanto! Cuando era chiquita me dejabas con la vecina para ir a fiestas y, a veces, no regresabas en toda la noche.

-¡Muchacha, respétame que soy tu madre!, culmina la frase con la caída de la mano sobre el rostro juvenil.

Que escena más triste la narrada por aquella joven con lágrimas en los ojos a varios amigos en un parque.

Hacía más de ocho años del suceso, sin embargo el dolor permanecía en la mente de ella, uno de las causas por las que se fue de casa más tarde.

¿Cuán condicionada fue la reacción de su madre? ¿Cuánta razón tenía cada una? ¿Es este un claro ejemplo de “haz lo que digo pero no lo que hago”? ¿Acaso existen manuales para educar? ¿Cuánta importancia tiene el ejemplo para los adolescentes?

Hace unos días, tres colegas presenciamos como lloraba un pequeño sobre un camión durante unos 40 minutos, sin descanso, lo cual a estas alturas me parece un record, que según mi madre, mi heroína, yo era capaz de superar con facilidad. Hubo quien hasta bajó del medio de transporte, por culpa de esa música tan mala.

La progenitora del infante solo lo miraba y refería escenas de otras “malcriadeces”. La abuela intentaba consolarlo. Yo pensaba que lo más favorable era mimarlo, resolver aquello. La persona a mi lado me explicó que lo más efectivo era aplicar la “terapia de choque”, algo así como decirle “llora cuanto quieras”.

Varias jornadas después, vi como otra madre voceaba a una niña en el bayamés Paseo General García y la alaba por el brazo. “A veces, los pequeños también son diablillos”, justificaba un señor a mi lado.

Lo ideal es que nuestros padres sean especies de héroes, quienes todo lo puedan, arreglen muñecas o carritos para jugar, hagan bates, nos lleven al estadio y ayuden en la realización de trabajos escolares.

Lo mejor es que estén siempre cerca, cual impulsores y consejeros, guardianes que protejan y permitan leves riesgos, con la mezcla exacta de “mano dura” y risas, siempre con cariño y amor, para que sean también verdaderos amigos. Pero eso no es tan fácil, porque no existen moldes. El primer paso es comprender la importancia de su apoyo y críticas para el presente y futuro de los hijos.

La muchacha de la primera historia tuvo demasiadas preguntas desde pequeña, con silencios o “curvas” como respuestas. Ella, como otros muchachos, se sentía “ahogada” en casa y prefería estar fuera para eludir las discusiones, recriminaciones y ofensas. Algunos se refugian en los amigos, la pareja…

Prefiero recordar imágenes de pequeños junto a sus padres, juegos en la arena, el parque o el patio de la vivienda.

Veo, en la memoria, las sonrisas compartidas, los abrazos sinceros, y a nosotros, ya grandes, siempre amorosos con los más adultos, en especial con quienes contribuyeron a nuestra formación, regalaron alegrías y enseñanzas. Muchos de ellos todavía nos tratan como niños, y eso nos gusta.

Acerca del Autor

Yasel Toledo Garnache
Yasel Toledo Garnache

Es egresado del Centro Nacional de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso y Mejor Graduado Integral de la Universidad de Holguín (2014). Periodista, ensayista y narrador. Vicepresidente de la AHS en Granma. Ganador de la beca nacional de creación Caballo de coral, por el proyecto de libro de cuentos La Remodelación, y de otros concursos literarios. Corresponsal-Jefe de la Agencia Cubana de Noticias en Granma. Colaborador de las revistas Ventana Sur y Alma Máter, el suplemento La Campana y de sitios digitales como la AHS.cu, y CNC TV. Autor del blog Mira Joven.

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