Cuando Maceo volvió a derrotar a Martínez Campos

Por: Osviel Castro

Antonio MaceoFue una de las hazañas militares más brillantes en la historia nacional. Parecía imposible que unos 800 armados a su manera fueran capaces de derrotar a 1 500 hombres “forrados” con todos los hierros.

Pero así pasó en los campos de Peralejo, donde Antonio Maceo Grajales lideró la tropa que derrotó al mismísimo Arsenio Martínez Campos, célebre por sus “dotes” pacificadoras.

Ese 13 de julio de 1895 los independentistas cubanos, supuestos atacantes, pasaron a ser los atacados porque dos espías al servicio de España, haciéndose pasar por vendedores ambulantes, observaron los detalles de la emboscada insurrecta y enseguida informaron a Martínez Campos.

Pese a la andanada de plomo que cayó a los libertadores inmediatamente, no se le anudó la garganta al Titán, quien de inmediato saltó de la hamaca, montó su bestia, animó a su escolta y entró al campo corajudamente a repartir espada… con el sonido de las balas a su oído.

La batalla de Peralejo se extendió unas seis horas. Fueron largos minutos de pelea cruenta. Ora dos dedos volando por los aires, ora un soldado español con el vientre incrustado en un alambre de púas, ora alguien gritando con el hígado casi entre las manos. Ora un mambí con la cara salpicada de la sangre de un compañero. Así pueden pintarse las escenas del combate, que no fue combate.

Ya casi al anochecer, el Ejército Libertador concretaba el triunfo con 132 bajas, mucho menos que las de los españoles (más de 400, según palabras de algunos prisioneros.)

Un impresionante desfile de cadáveres, entre estos el del mismísimo general Santocildes, llegó en las horas siguientes a Bayamo. “Las cajas traían los muertos de dos en dos”, narró tiempo después un asombrado testigo.

Por su parte, el Pacificador llegó a la Ciudad Monumento el 14 de julio; llevaba los ojos agrandados por el miedo, uno de los zapatos agujereados, y la espada y el bastón quebrados por balazos. Así pasó tiempo cercado, pidiendo a los del reino celestial que lo cuidaran.

Guarecido la noche del 13 de julio de 1895 en la casa de una familia cubana, logró conservar la vida apoyado en astutos ardides, saltando cercas y hasta haciéndose pasar por muerto. El Titán llegó a decir que si hubiera tenido entre la tropa a su hermano José, Martínez Campos no se le hubiera escapado.

Para el que llegó a ser Capitán General no fue Peralejo su primera derrota ante Maceo, ni el primer bochorno. Ya había perdido de palabra, 17 años antes, a la sombra de los históricos mangos de Baraguá.

Con Peralejo quedaba una vez más demostrado que nada valen los ejércitos, por poderosos que sean, si a sus espadas no las mueven las ideas justas.

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Acerca del Autor

Osviel Castro
Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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