Yordanis Samón y su improvisado “cocodrilismo”

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El primera base Yordanis Samón, juega esta temporada con Matanzas, en partido frente a Ciego de Ávila, en el estadio José Ramón Cepero, de la ciudad avileña, el 19 de agosto de 2016. ACN FOTO/Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/ogm
El primera base Yordanis Samón, juega esta temporada con Matanzas, en partido frente a Ciego de Ávila, en el estadio José Ramón Cepero, de la ciudad avileña, el 19 de agosto de 2016. ACN FOTO/Osvaldo GUTIÉRREZ GÓMEZ/ogm

Desde su llegada a Series Nacionales, a principios de los 2000, lo admiré. No le vi el llamado “estilo”, que para los entendidos es sinónimo de elegancia en los movimientos, pero sí la fortaleza innata de la “gente del campo”, como suele decirse.

En realidad, él no podía tener el aire de las academias. Llegaba desde El Dorado, ese barrio rural del municipio de Bayamo, sin haber pasado por la famosa pirámide deportiva de alto rendimiento. Llegaba después de haber apaleado a cuanto pitcher se puso delante, tanto en la llamada Liga del Tomate como en los campeonatos provinciales. Era lo que acostumbramos a llamar un “asesino” con el bate.

Por eso, pese a sus deficiencias en el fildeo, a Yordanis Samón Matamoros tuvieron que abrirle un espacio en el equipo titular de Granma, primero en los jardines y luego en la primera base. Nunca puedo olvidar que en su debut, en una época con mucho más calidad que en el presente, fue escogido el novato del año.

Samón, a fuerza de batazos, se hizo de un nombre en Granma. Su número 8 en la espalda era identificado hasta por Mónica, mi hija que ahora tiene 11 años y hace algún tiempo no conocía de bolas y strikes. Acaso la mayor prueba de que el Bombardero de El Dorado –como lo apodó el narrador Pachi Espinosa- llegó a ser una suerte de ídolo en su territorio está en colocación de una gigantografía en el estadio bayamés Mártires de Bardados, cerca del banco de su equipo.

Él parecía inmortalizarse en estas tierras por las que lo dio todo a pesar de las reiteradas e injustificadas exclusiones de la preselección nacional, una injusticia que hubiera desalentado a cualquiera. Parecía que él iba a seguir abultando sus impresionantes números con la casaca de Granma o con el emblema del caballo, animal que identifica a esta provincia desde el surgimiento del apelativo de Alazanes.

Sin embargo, de buenas a primeras, sin esperárselo nadie, Samón se ha puesto dientes enormes, corteza dura, hocico largo y se ha convertido en Cocodrilo. Es decir, en un hombre del roster de Matanzas, el equipo más importador –y no precisamente de materias primas- que se haya conocido en los últimos tiempos en la pelota nacional.

Cuando lo observé por televisión, vestido de rojo, reptil en el hombro, sentí cierta pena. Me pregunté cuántas veces se habrá bañado antes en las aguas del Canímar, cuántos puentes habrá contado en la ciudad de Carilda, cuánto sabrá del impresionante museo cardenense Oscar María de Rojas, qué lo atará a los campos de Jovellanos, cuáles secretos dejó en las cuevas de Bellamar, cuántas ocasiones visitó la Ciénega,  cuántas historias lo vincularán al oleaje o a la arena de la playa más hermosa.

Sentí pena, no por él, que no jugó una mínima entrada en el torneo provincial de Matanzas; que seguramente se marchó con la ilusión de llegar al IV Clásico Mundial, una posibilidad real si Víctor Mesa vuelve a ser el timonel nacional y este, en retribución a su rendimiento, lo incluye, ¡por fin! en el equipo Cuba.

Sentí pena por el béisbol de mi país, en el que se quiebran normas fijadas a lo largo del tiempo, parece romperse el principio tantas veces defendido de territorialidad, se permiten desequilibrios que afectan la competencia, se defiende lo insostenible. Sentí pena por los granmenses que se emocionaron con sus batazos por más de una década y hoy, en tono de broma, para burlarse de una felonía dicen: “No seas Samón”. Sentí pena por los que ayudaron a formarlo en los montes dorados. Sentí pena por los aplausos que se volvieron escarcha.

Samón, al final, es una víctima del robo interno de talentos, que no significa nada, absolutamente nada comparado con la estafa continuada de los “mercaderes del deporte”, esos que han desangrado nuestro pasatiempo nacional. Esos malos malos, enemigos de la “pureza” en el deporte. Aquí… ¿quién dijo?

Pregúntenle a Yordanis Samón Matamoros, el nuevo Cocodrilo, que cambió de parecer de la noche a la mañana, el gran caballo que mudó su piel.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

4 comentarios sobre “Yordanis Samón y su improvisado “cocodrilismo”

  • el 19 septiembre, 2016 a las 11:38 pm
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    Solo le digo algo:

    Yo y muchos cubanos ya no coincidimos con su criterio. Debe usted actualizar su pensamiento deportivo, el Mundo entero ha cambiado, el que no cambie perece, pura Selección Natural. Mucho ha demorado nuestro país en cambiar.

    Saludos.

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  • el 20 septiembre, 2016 a las 9:59 am
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    Bueno estoy de acuerdo en parte, una por lo que se ha defendido la territorialidad, pero tambien pienso que si se permitiera que todas las provincias hicieran lo mismos y que los equipos pudieran ofrecer lo que victor le da sus peloteros (todos sabemos, casas, moto electrica, tenis de marcas y hasta dinero) a lo mejor seria una forma de que se elevara la calidad, pero todos sabemos que en los territoriales mandan mas que el director eso es real, segun dicen, y menos en matanzas que victor hace lo que le da la gana, y no solo en matanza en toda la pelota, nadie lo para, pero realmente estoy de acuerdo que sea asi el equipo de matanza por lo menos tenemos un equipo que da lucha, en el caso de Samon, señores, con las cosas que le hizo victor, yo creo que samon se le ha dado bastante de lo que merece en granma, por que nadie se acuerda que lo contrataron en mexico y nada de nada, y ahora que busca chichiguas con victor, a quien va sentar, si samon todos sabemos que no sabe hacer ajustes al bate y es malo malo a la velocidad y la buena mezcla de picheo que es lo que sobra fuera de cuba, ya veremos, lamento que hemos perdido un buen guajiro noble, se ha convertido algo raro, malo que le salga mal todo esto y vuelva al equipo granma donde los propios peloteros no lo quieren, investiguen y veran.

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  • el 1 octubre, 2016 a las 10:22 am
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    Excelente comentario, Osviel. Tienes razón, Matanzas es «el equipo más importador –y no precisamente de materias primas- que se haya conocido en los últimos tiempos en la pelota nacional». El conjunto yumurino, con su próspero «empresario» Víctor Mesa al timón, importa productos elaborados, y de primera calidad, como el caso de Samón. Pero, al parecer, este advenedizo «ejecutivo» es inmune a las crisis, porque todos los días tiene más poder. Sí, ¡pobre pelota cubaba!

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  • el 17 enero, 2017 a las 3:20 pm
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    Veremos que hará Samón en la próxima serie nacional, después de perder contra granma en la semifinal. Espero que en Granma no lo acepten.

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