Pensar la historia

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Profesor Marío Mencía Cobas. / Foto: Diana Iglesias
Profesor Marío Mencía Cobas. / Foto: Diana Iglesias

La historia hay que pensarla, no se puede escribir, decir o transmitir así fríamente, sin un análisis que contenga la razón, la lógica y hasta la antilógica, pasando por los detalles casi siempre causales de aspectos económicos, sociales, políticos, educacionales, ideológicos, familiares y personales. Con imparcialidad es necesario escribir, sin obviar a los que participaron, sin que fuerzas internas o externas compulsen a omitir datos veraces ni siquiera de personas que toman luego un camino diferente al de las causas justas, hay que escribir con el corazón pero sobre todo con apego a la realidad histórica bebiendo en todas las fuentes y decantando por cotejo y oposición para que al fin salte la Historia como el límpido arroyo y corra montaña abajo hasta el valle salpicando a todos con su savia, fecundando, multiplicando.

Esas son, en esencia, las enseñanzas que me deja el encuentro con el Profesor Marío Mencía Cobas, autor de entre otros libros ¨El Moncada, la respuesta necesaria¨, Edición ampliada y modificada por Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana 2013. Una acuciosa investigación de cuatro décadas sobre las causales de este hecho histórico que implica por protagonista a la ciudad y al pueblo de Bayamo y por ende, al de Granma hoy.

Y hay una necesidad ineludible de conocimiento de la historia local y nacional en Cuba, y no es posible vivir en la isla y estar de espaldas a lo que ocurrió, hay que saber cuáles son nuestros orígenes, por qué se llama esta calle así, este cuartel, aquel sitio. ¿Qué pasó allí? ¿Con qué tuvo relación?, ¿quiénes participaron?, ¿qué pasó luego, qué consecuencias trajo?

Son preguntas clásicas, que encierran todo hecho, personaje, claves para hilvanar los eslabones de nuestra cultura e identidad. Tal como refleja Mario en su obra, magistral desde las primeras páginas, que atrapan, mientras te sumerges en documentos con más de 60 años a los que ya casi no hay posibilidad de consultar de forma masiva y aquí los tienes, desmenuzados. Pero ¡ojo! el libro no da conclusiones definitorias, le quedan interrogantes por resolver e incluso por plantear, esas que serán el hilo que nos lleve a nuevas lecturas y descubrimientos, el incentivo para ser protagonistas de escribir otras historias aun no conclusas o de las que hace falta pormenorizar.

La historia, aunque interesante, no es lineal, no suceden las cosas como quisiéremos y de eso pecan algunos investigadores, incluso testimoniantes, que al paso de los años edulcoran las acciones y las versionan al libre albedrío, según cambia su motivación o se alejan en el tiempo. Incorporan otros sucesos como la propia escritura de los hechos que aprenden y luego cuentan como lo leyeron. Mencía pone el dedo en esta llaga con particular interés, advierte, previsoramente consulta varias fuentes, confronta, comprueba, induce así una guía para el estudio, para la investigación histórica que ya no se puede desprender de su sello multidisciplinar, sino también en otras ciencias sociales.

El Che llamó a escribir la historia con objetividad, con apego estricto a la verdad, sus diarios tanto de la guerra revolucionaria en Cuba como de la guerrilla en Bolivia nos dejan una gran enseñanza. Son compendios de historia y cultura, donde se reflejan desde la toponimia de los lugares, las variables meteorológicas, los estados anímicos, las características de los hombres y sus proyecciones y la valoración de cada suceso, pasando por la comida, las relaciones humanas, y muchos otros detalles, como señalar los cumpleaños de los seres queridos en el extremo superior de la página del diario, una muestra de la profunda calidad humana de la que estaba hecha este hombre especial que dedica un pensamiento, bendice, recuerda, aún en medio de difíciles situaciones, de manera especial, a los de su sangre.

Volviendo al historiador. Nos llama a que cada obra tenga una visión analítica, precisa, que lleve sin lugar a dudas a la verdad histórica. Y esta enseñanza, ¿por qué no?, debiera extenderse a todos los ámbitos de nuestro accionar. ¿Es una utopía?

Entre los retos que plantea la investigación tenemos uno inmenso que es el proceso de los testimonios, como ya dije, son cambiantes en dependencia de la motivación de los protagonistas, del influjo cultural que reciben con la publicidad de los hechos. Y el gran desafío de entender que no todo lo que se trasmite de forma oral pertenece a la realidad, que puede estar afectado por diversos aspectos como el paso del tiempo, y la magnitud que alcanza el suceso en la propia historia contemporánea.

Para quién los estudios académicos llegaron mucho más tarde que la convicción de su camino como escritor, Mencía concede importancia vital a la lectura y al trabajo diario y disciplinado. Hay que leer, buena literatura, conocer sus propios conceptos, tener una clara y coherente cosmovisión porque ello transversalizará toda la obra, sea cual sea. ¨La prisión fecunda¨ y ¨El grito del Moncada¨, esta última en dos tomos, son los ejemplos más claros de que los ejercicios de escritura van acompañados y precedidos de amplias lecturas con fines informativos y probatorios.

Ofrecer en más de 500 páginas una visión más cercana a los sucesos correspondientes a la década precedente al triunfo revolucionario, develando verdades y deconstruyendo míticas aseveraciones como la influencia del gobierno norteamericano en el golpe del 10 de marzo de 1952 protagonizado por Fulgencio Batista, es un mérito incuestionable, que rueda por el empedrado camino de despojar a los hechos de parcialidades y adulteraciones por razones políticas.

Muchos sinsabores cuestan las historias mal contadas, mal interpretadas, sean cuales sean las intenciones. La esencia es que los sucesos y personajes hay que mirarlos en su contexto, donde hay pautas que trazan las acciones según la época, la cultura. ¿Cuánto daño hizo por lustros la inadecuada interpretación de la actitud de Mariano Martí? Le hicieron justicia a Mariano Martí, Adys Cupull y Froilán González en ¨Creciente agonía¨, al confirmar que fue Mariano el padre justo y amoroso que su medio y su educación patriarcal le depararon, que estuvo del lado de su hijo muy a pesar de sus orígenes ibéricos, que no le dio la espalda, como antes se había interpretado de la dureza y solidez de principios de un Mariano rodeado de la corrupción de las autoridades españolas. ¿Por quién fue límpido Martí, si no por sus padres?

La historia hay que pensarla, sí, mostrarla tal cual es, con sus matices, los golpes y los triunfos y la mezcla inevitable de unos en otros, acontecimientos que enriquecieron las páginas que hoy nos hacen sentir orgullo, a pesar de acciones nada dignas, por encima de todo, emerge gloriosa la verdad de un pueblo que abraza anhelante a sus vástagos, de una patria que contempla orgullosa a sus hijos.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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