Aniversario 58: El campanazo del 8 de enero de Fidel Castro en La Habana

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La capital parecía reventar de júbilo, por la victoria y por la entrada de los barbudos comandados por Fidel. Sin embargo, muchas de las frases aquella noche contenían advertencias.

Algunas deberíamos meditarlas una y otra vez aunque la Cuba de hoy no se parezca a la del 8 de enero de 1959, fecha en que el Ejército Rebelde penetró triunfal en La Habana.

En aquel momento, ideal para el festejo, el líder revolucionario que entraba vencedor a la ciudad más importante del país no se pavoneó por haber derrotado en menos de 25 meses a un ejército pro yanqui, inmensamente superior en hombres y armas. Lejos de eso, lanzó el aviso crucial: el verdadero sendero de la nación estaba por hacerse y esa construcción podían aparecer muchos peligros.

“Estamos en un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa y, sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en lo adelante todo será fácil. Quizá en lo adelante, todo sea más difícil», expresaba entonces Fidel, dos años y 20 días después de haber dicho en el recóndito Cinco Palmas que con ocho hombres y siete fusiles se podía ganar la guerra.

“¿Quiénes pueden ser hoy o en lo adelante los enemigos de la Revolución?  ¿Quiénes pueden ser ante este pueblo victorioso, en lo adelante, los enemigos de la Revolución?  Los peores enemigos que en lo adelante pueda tener la Revolución Cubana somos los propios revolucionarios”, agregaba.

Y para esclarecer conceptos subrayaba que “hay muchas clases de revolucionarios”, desde los que andan con la Revolución en los labios para beneficiarse personalmente de esa palabra hasta los que demuestran desinterés, sinceridad, verdadero espíritu de sacrificio,  deseos de darlo todo a cambio de nada y afán de cumplir con el deber.

Tal vez hoy necesitemos como pocas veces en la historia –apartando las diferencias de contextos- ahondar en la profundidad de aquel discurso.

Ya no está Fidel, lamentablemente, aunque esa pérdida sea un hecho inevitable de la vida. Sin él la batalla contra los vicios que erosionan nuestro sistema social resultará más difícil.

Otro de los arrecifes que tenemos por delante, mirando aquel 8 de 1959, es imaginar que lo corrupto, lo podrido, lo amañado… no tomará otros ropajes y camuflajes en el futuro.

Aquella clarinada de Fidel, hace 58 años, nos advierte que no podemos jactarnos de victorias parciales; que en lo adelante surgirán otras piedras -camufladas o no-; que la lucha solo puede ser exitosa si se convierte en victoria permanente, y si llega a arrastrar, en su corriente creadora y entusiasta, al pueblo; el mismo que protagonizó el triunfo de ese enero de campanas.

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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