Celia, siempre viva

La heroína que nos dejó para siempre el recuerdo memorable de su sencillez y ejemplo, arriba este 11 de enero al aniversario 37 de su desaparición física.

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Muchos calificativos han acompañado el nombre de Celia, esa “alma” perenne de la Revolución hecha mujer; ese modelo de sacrificio, guerrillera de la Sierra y el llano y  heroína incansable a quien, con justeza, bautizaron como la flor más autóctona.

Pero, junto a esa grandeza histórica que la arropa conviven también, cientos de anécdotas, pequeños detalles y gestos reveladores, que no pueden, ni deben soslayarse.

En Media Luna, poblado donde vivió los primeros 20 años de travesuras e ingeniosas prácticas abundan los relatos de aquella pequeña que desde la infancia mostró gran simpatía por los niños.

Apego que no quedó solo en travesuras infantiles; pues en Celia tomó otra dimensión. No ajena a la triste realidad de los niños pobres del batey hizo un censo con el fin de asegurarles el día de reyes, un juguete, un pantalón, un par de zapatos o una batica. Para conseguirlo iba con la gente pudiente de la zona, les hablaba y los convencía hasta lograr, muchas veces, que le dieran una vaca, un lechón o dinero.

También contaba con una cuña descapotable roja con la cual se le podía ver por las colinas del central en Pilón repleta de niños harapientos y descalzos. Ella, sin levantar muros de distancia con aquellos pequeños, les regalaba paseos inolvidables. Para ellos Celia era un ser especial a quien bautizaron como su “madrina”.

 UNA ALUMNA SINGULAR

En la escuela Celia también dejó su huella personalísima. Al comenzar el 4to grado fue matriculada en la escuela pública número 4 de Media Luna. En esta institución le asignaron a la joven maestra Adolfina Cossío (Chucha), con quien tuvo un lazo especial.

Respecto a la estudiante que años más tarde la sorprendería con su personalidad, Cossío expresó: …“Era una niña muy calladita y lucía frágil. Si alguien me hubiera preguntado entonces, cuál entre mis criaturitas podía llegar a ser revolucionario, por su timidez y fragilidad nunca la hubiera escogido”.

Sin embargo, poco tiempo le tomó a Chucha descubrir que aquella fragilidad era solo aparente.

En una ocasión esta profesora se molestó con sus alumnos porque no querían estudiar. Aún inexperta y con la intención de sensibilizarlos les dijo: “lo que deben hacer es no venir más a clases, si total, no estudian”.

Aquel incidente había ocurrido un viernes, pero preocupada por la posible reacción de los niños Chucha visitó el sábado a Celia. Allí supo que ella había ido de casa en casa a recordarle a sus compañeros no asistir el lunes, pero al ver desecha a su maestra en lágrimas modificó su “orden” y retornó de nuevo a cada hogar. Ese lunes no faltó ningún niño a clase.

Muchos años después, la maestra Cossío le reprocharía con afecto a la heroína el hecho de haber sido en sus 50 años de magisterio la única discípula que intentó hacerle una huelga. Apuntaba en esa ocasión: “¡qué zorrita resultaste!” Y agregó con una sonrisa: “y pensar que ya a los 10 años eras rebelde y audaz”.

 SIEMPRE SENSIBLE, SIEMPRE REBELDE

Es bien conocida por la historia nacional la profunda influencia que tuvo el padre de Celia, (Manuel Sánchez) en la formación de su espíritu rebelde y revolucionario. Al innato patriotismo del ilustre doctor Sánchez debió la joven sus primeros acercamientos a la obra martiana, a la justicia social, a Fidel y a la guerrilla.

Precisamente en la Sierra, convertida en un soldado más que dormía a la intemperie, caminaba largas jornadas y vivía las mismas penurias de los rebeldes, Celia siguió siendo toda detalle, delicadeza pura e infinita sensibilidad.

Cuenta en uno de sus textos Adelaida Béquer, quien tuvo la oportunidad de conocerla, que nunca descuidó su apariencia. Aun en la guerra se preocupaba por adornar su cabello con una flor, de preferencia una mariposa. “Esa era una de sus pasiones. Decía que las plantas sabían quién las cuidaba… y que al regarlas era necesario hablarles”.

Una manifestación de esa profunda sensibilidad se produjo al retornar a Media Luna de un viaje a la capital y ver cómo le habían cortado las ramas a un flamboyán del patio de la casa. “Sus lamentos fueron tantos, que parecía habérsele muerto un ser muy querido”, relató Béquer.

Anécdotas de los días de lucha revelan, además, el ingenio que siempre tuvo la guerrillera. Instrucciones para las células de Pilón en el fondo de un cake; una almohada en su barriga simulando un embarazo y una inesperada huida de entre dos oficiales, fueron algunas de las ocurrencias que le salvaron la vida en más de una ocasión.

Incluso aún en medio de la guerra estaba al tanto de que no se perdiera ni un papel, ni un mensaje, ni un comunicado de aquella gesta, para que más tarde los investigadores pudieran escribir la historia de la lucha insurreccional con toda objetividad. Papeles que con gran celo fueron recogidos por Celia hasta la creación de la Oficina de Asuntos Históricos, la cual conserva aún ese tesoro.

De manera callada, modesta y sencilla, aquella joven rebelde trataba de pasar siempre inadvertida, sin embargo esas mismas cualidades la hicieron única en medio de los lomeríos de fuego.

Su “peso” en la labor guerrillera lo reafirmó en abril de 1957 Raúl Castro cuando le escribiera en una breve nota desde la Sierra Maestra… “Tú te has convertido en nuestro paño de lágrimas más inmediato y por eso todo el peso recae sobre ti; te vamos a tener que nombrar madrina oficial del destacamento…”

 «LUZ» IMPRESCINDIBLE DE LA REVOLUCIÓN

Aunque la participación de Celia en el Ejército Rebelde fue clave, imprescindible resultó luego su presencia en cada obra de la revolución triunfante de enero de 1959. No hubo proyecto, problema o inquietud de los trabajadores que le fuera indiferente. A todos los recibía sin ningún tipo de etiqueta.

Si se traba de campesinos los recibía siempre con una sonrisa en la puerta del edificio donde vivía. Román García, así lo corroboró luego de un emotivo encuentro con ella.

– “Un día llegaron los compañeros del Partido del municipio Bartolomé Masó con la buena nueva de que teníamos que irnos para La Habana a una sorpresa que le habían preparado a los colaboradores del Ejército Rebelde.

“Esas son cosas de la flaca-me dije. Así mismitico fue. El día de la condecoración Celia se apareció primero que todo el mundo y fue uno por uno arreglándonos el cuello de la camisa o de la guayabera, peinando con sus dedos las cabelleras y secándonos el sudor”.

A Celia tampoco le falló nunca su sentido de compromiso, acompañado de pequeñas dosis de humor. En un viaje de trabajo fuera de la capital dijo a sus compañeros: “aquí traigo el almuerzo para no causar gastos a la provincia” -y mostró un cartucho de palitroques. “Y les traigo hasta el postre¨, agregó, sacando otro cartucho con mamoncillos. Al mediodía, repartió dos palitroques y un mamoncillo por cabeza y todos se sometieron a la dieta sin chistar.

En otra ocasión, en uno de los últimos trabajos voluntarios donde participó antes de su muerte, hizo gala de la admirable modestia que la caracterizaba también. Geraldine La O contó cómo Celia le pidió que la abrigara porque sentía frío (siempre fue friolenta).

Geraldine se encaminó a la casa para traerle un abrigo, pero Celia la detuvo y le dijo: –  “¿no tienes un saquito de yute?”  Ella le respondió afirmativamente, pero aun así iba en busca de otra cosa. –No, replicó Celia. Esperó el saco y después de ponérselo sobre los hombros continúo su labor.

Así era Celia, única, especial, extraordinaria…la Celia, siempre viva

Y es tanto el legado dejado en cada sitio donde estuvo, en cada proyecto del que fue partícipe y en cada obra donde puso su mano suave; que es difícil no encumbrarla. Sin embargo, su recuerdo no se extingue ni se deteriora porque esa nobleza, sencillez e infinita dulzura suya, la continúan engrandeciendo incluso, más allá del mito.

 Bibliografía utilizada:

-Celia: La flor más autóctona de la Revolución, de Adelaida Béquer, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1985.

-Celia, ensayo para una biografía, de Pedro Álvarez, 2003.

 

Mailenys Oliva Ferrales

Periodista del sistema provincial de la radio en Granma. Trabaja como reportera del sitio www.radiobayamo.icrt.cu. Licenciada en Periodismo por la Universidad de Holguín.

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