Eterna, La bayamesa

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Lugar donde fue cantada por primera vez La Bayamesa, a la joven Luz Vázquez. / Foto: Ecured

“La bayamesa”  primera canción romántica del cancionero cubano, fue interpretada en Bayamo en la noche del 27 de marzo de 1851 por el tenor Carlos Pérez, acompañado de su guitarra y las voces de José Fornaris, también autor de la letra, Carlos Manuel de Céspedes y Francisco del Castillo, estos últimos artífices  de la melodía.

Hechos que conocemos porque Fornaris, editor literario, publicara años más tarde los versos y esclarecedora nota en la revista Floresta Cubana de La Habana, dedicada a las ciencias, la literatura y las artes, ante los numerosos ¨padres de la canción¨ que aparecían por doquier.

Y es que ¨La bayamesa¨ nació para ser eterna, con su magia melódica se extendió como pólvora por el archipiélago, fue versionada, alcanzó la república ibérica donde se apropiaron de ella y llega  hasta nuestros días estremeciendo a intérpretes y escuchas.

¿Qué elementos eternizan estos versos? Sin dudas, los muchos mitos que hasta nuestros días rodean los motivos de la composición, sus intérpretes, el embrujo de la ciudad de Bayamo reflejado en la letra, reveladora del patriotismo y la poesía que acrisolaron  la forja de la nacionalidad cubana.

Más que una canción dedicada a una bella mujer, madre ya de varios niños y niñas que serían por ellos mismos, también protagonistas de las páginas de la historia. Los versos recogen entre líneas el deseo de libertad y el ritmo y la línea melódica encubren las ansias de los cubanos de lograr la  independencia.

Recordemos que en 1851 sucedieron en la isla las sublevaciones contra el régimen colonial español, que fueron sofocadas con ajusticiamientos y exilio. Se conspiraba en Bayamo, villa madre de la rebeldía contra los gobiernos ibéricos, que azotan con salvajismo al negro, al mulato liberto y al criollo. Décadas antes, pensadores de la talla del presbítero Félix Varela, y el bayamés José Antonio Saco, abogaron por el deslinde gubernamental de los ibéricos y sedimentaron con sus ideas los brotes independentistas posteriores.

Pero Bayamo no es solo la cuna de la sedición también es la fuente de las bellas artes, la capital de la cultura en la isla, ciudad de sociedades culturales, bibliotecas, teatros, bandas, conciertos, temporadas de bailes y representaciones escénicas, buena parte de ellas compuestas en la propia urbe.

Una juventud inquieta de elevado espíritu se congregaba casi a diario entorno a sus ideales de belleza y libertad. En ese ajiaco se cocinaron los versos que luego identificarían el inicio del romanticismo y la trova en la cancionística cubana, de los que hablamos en este comentario.

Serenatas a mujeres hermosas, amigas, novias, esposas y a hombres cabales e inspiradores se ofrecían en las noches bayamesas por igual. En voces de los patricios que años después irían con esa misma disposición a la guerra.

Allí en los campos de Cuba se eternizó una versión de ¨La bayamesa¨ que dio aliento a las huestes guerreras:

¿No recuerdas, gentil bayamesa/que Bayamo fue un sol refulgente,/ donde impuso un cubano valiente/con su mano el pendón tricolor?/?No recuerdas que en tiempos pasados/el tirano explotó tu riqueza,/pero ya no levanta cabeza/moribundo de rabia temor?/ te quemaron tus hijos; no hay queja,/que más vale morir con honor/que servir al tirano opresor/que el derecho nos quiere usurpar./ya mi Cuba despierta sonriendo,/ mientras sufre y padece el tirano, /a quien quiere el valiente cubano/arrojar de sus playas de amor.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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