Camilo y el ataque a la planta móvil de Bayamo

No resultó un episodio de varias horas de relámpagos bélicos. Tampoco hubo muchos estruendos ni bombas. Sin embargo, aquel 20 de abril de 1958 no ha podido desprenderse de la memoria de Bayamo.

En esa fecha, antes de la medianoche, Camilo Cienfuegos entraba a la ciudad, acompañado de 39 hombres, y hacía sonar su ametralladora Thompson para iniciar así el ataque a la planta eléctrica móvil. La acción, que no llegó a 30 minutos de duración, provocó un diluvio de noticias y de ecos, algunos confusos.

¿Por qué el hecho se infiltró en la historia si no fue algo “del otro mundo”? ¿Qué sucedió realmente en esa jornada nocturna? ¿Cuál era el móvil de tanto alboroto?

Estas preguntas merecen respuestas juiciosas y sin apasionamientos, porque aquel combate no constituyó una aventura aislada; se incluía dentro una amplia y bien pensada estrategia de lucha de Fidel.

TAREA DE LEÓN

Camilo, un guerrillero que en principio era indisciplinado y travieso, poco a poco fue madurando hasta convertirse en uno de los más destacados y respetados combatientes del Ejército Rebelde.

Se mostró tan intrépido en sus acciones que el 31 de marzo de 1958, el Líder de la Revolución le confió la arriesgada misión de abrir un frente de guerra en los llanos aledaños a Bayamo. Al inicio la encomienda radicaba en apoyar la huelga revolucionaria del 9 de Abril, pero luego todo cambió tremendamente.

El Comandante en Jefe, al explicar la decisión, decía que el entonces capitán debía hacerse cargo de las operaciones en el triángulo Bayamo-Manzanillo-Las Tunas. También tenía que aunar las fuerzas de los grupos guerrilleros y de los insurgentes clandestinos del Movimiento 26 de Julio en la Ciudad Antorcha.

No era cosa de coser y cantar. Por un lado, en Bayamo estaba establecido el Puesto de Mando del ejército batistiano contra la Sierra Maestra. Por otro, había un manojo de guerrillas audaces, aunque sin una dirección unitaria: las de Gerardo Hernández (Machado), Orlando Lara, Alcibíades Bermúdez, Idelfonso Figueredo, Carlos Borjas y Concepción Rivero.

Con apenas 13 hombres descendió Camilo de las crestas para realizar aquella tarea de león: Osvaldo Herrera, Orestes Guerra, Walfrido Pérez, Rodolfo Vázquez, Alejandro Oñate (Cantinflas), Ramón López (Nené), Delfín Moreno, Agustín Benítez, Ramón Pérez, Santiago Rosales, Samuel Pardo, Cristino Naranjo y Walfrido Lara.

Pronto, mientras se deslizaba hacia los llanos con su pequeña tropa, empezó a sumar gentes valerosas. Y en dos meses y medio de campaña por terreno liso pasó por numerosos caseríos en tina vasta zona -desde El Jardín hasta Limones y Dos Ríos-, en los que entabló hermosas amistades, las cuales perdurarían con el paso del reloj.

Las familias Peláez, Ramírez, Silva, Maceo, Verdecía, Capote y otras se unirían por siempre al Hombre de la eterna sonrisa. Por eso no resultó extraño que, al desaparecer en aquel fatídico vuelo, algunos lo buscaran por esta región por si se había dado un “saltico” hasta acá.

El 16 de abril Camilo, como premio a su lealtad y capacidad, recibía el ascenso a Comandante, el más alto grado del Ejército Rebelde. Varios de sus hombres, al enterarse de la noticia por Radio Rebelde festejaron el suceso como si hubiesen tocado el Himalaya.

Cuatro días después sobrevendría el mencionado ataque a la planta móvil de Bayamo, una instalación montada sobre rieles, traída para potenciar la generación que llegada desde Santiago de Cuba. En ese entonces la Ciudad Monumento tenía poco más de 60 mil habitantes; de ellos solo un 22 por ciento podía acceder a la electricidad.

LA ACCIÓN

El plan para el 20 de abril no se limitaba a atacar la guarnición que custodiaba la planta, situada cerca del local que hoy ocupa la terminal de trenes.

Camilo, quien había hecho campamento en Casibacoa desde el 18, pensaba, según le explicó a Fidel más tarde, quemar el mencionado bloque generador después de tirotear los tanques de combustibles. Pero además, en coordinación con hombres del 26 de Julio en Bayamo, pretendía sabotear la fábrica Nestlé, asaltar la Estación de policía -ubicada en la calle Máximo Gómez- y el Servicentro de la salida hacia Holguín.

De esas acciones solo se ejecutó el ataque a la instalación eléctrica. Osvaldo Herrera narró de esta manera el capítulo en su diario: “Hicimos nuestra entrada (…) a las 11 PM y como a los veinte minutos ya estábamos frente a nuestro objetivo. Se divisaban como a 300 metros los tanques de petróleo de la Planta Eléctrica Móvil (…) A fin de estudiar la ubicación del enemigo, se escuchó en el silencio de la noche, el repiquetear de la Thompson del Comandante. Casi al unísono abrimos fuego nosotros. No habían transcurrido quince minutos cuando siento a mi espalda la voz de Nené, que me dice que mataron al Gordo. Se refería al teniente Amado Estévez, residente en Cueto, Barajagua. Cayó acribillado a balazos en la Ciudad Monumento. Una víctima más en esta lucha por la libertad.”

Mientras Gerardo Hernández (Machado) describió que el enemigo se atrincheró detrás de unos sacos de arena. “El grito de ¡ríndanse!, ¡ríndanse! lo repetíamos constantemente. El Comandante Cienfuegos, al ver que la posta no se rendía y sin sentirse el fuego en la Estación de policía dio orden de retirada. Había que evitar ser cercados. El objetivo estaba cumplido- atacar a los guardias en el mismo corazón de Bayamo.”

La operación provocaría un alboroto en los miembros del Ejército, quienes se asustaron al comprobar con alarma la realidad: había bajado un Comandante de la Sierra para tiroteados en plena ciudad.

El Señor de la Vanguardia al dar su parte a Fidel explicó que el plan no se efectuó en su totalidad, que al parecer los tiros no penetraron los depósitos de petróleo, lo cual imposibilitó quemar la planta.

“No pudimos recoger armas debido a que aquello estaba muy alumbrado y peleamos al descubierto”, reconoció con franqueza.
Pese a esa lucha a plena luz, el ejército tuvo, según indagaciones posteriores, 18 bajas, entre muertos y heridos. Mientras los revolucionarios lamentaban la pérdida de Amado Estévez. Este hombre, que apenas estudió hasta el quinto grado, había sido fundador del 26 de Julio en su zona de residencia. Era amigo del destacado luchador holguinero Oscar Lucero Moya y se había unido al Ejército Rebelde en 1957. Participó en varios combates: Bueycito, El Hombrito, Mar Verde y Altos de Conrado. Se sumó a la tropa de Camilo en las inmediaciones de Limones, con los grados de teniente, se le encomendó dirigir una escuadra. No había cumplido, al caer, los 29 años.

La acción del 20 de abril merece recordarse siempre, sobre todo en Bayamo, cuna de tantos hechos gloriosos, ciudad eternamente ligada al Señor de la Vanguardia.

Por: Osviel Castro y Aldo Daniel Naranjo

Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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