La gran victoria de Misleydis

Por: Osviel Castro

Foto: Osviel Castro

“No le tengan miedo al trabajo; el campo lleva sacrificios, pero deja bienestar. La tierra siempre te agradece el esfuerzo”.

Esas fueron las primeras palabras de Misleydis Cedeño Guerrero, una muchacha que desde hace más de un lustro ha asombrado a muchos con sus resultados en el cultivo del arroz.

Hace nueve años se atrevió a algo grande cuando pidió en usufructo un terreno de 6,71 hectáreas, la tarea era complicada para una joven que había sido ama de casa durante buen tiempo, pero ella no sintió el menor miedo.

Al cabo de los meses, en agosto de 2009, después de recibir un crédito bancario de 22 000 pesos, se volcó de lleno a la agricultura en las inmediaciones de Los Pozos, en el municipio de Yara.

“Sabía que iba a pasar trabajo, pero me arriesgué. Vengo de una familia campesina, crecí ayudando a mi abuelo y a mi padre en el campo. Cuando empecé me dije: “Yo puedo”, y lo hice. Mi mamá me dio todo el apoyo y algunos amigos también me ayudaron”, cuenta ahora al recordar que la tierra adquirida era una porción plagada de marabú y de otros arbustos menos espinosos.

Tal fue su vehemencia en las labores bajo el sol, que hoy es una cosechadora ejemplar en su cooperativa, la Francisco Pi Figueredo.

En su “parcela” ha obtenido durante años rendimientos de hasta siete toneladas por hectárea, un resultado que no es común en estos tiempos.

“La agricultura necesita dedicación al máximo y más el arroz, que lleva siembra, varios pases de agua, fumigación, control de plagas, corte… ”, asegura con una leve sonrisa.

Madrugadora por excelencia, cada día de este mundo se levanta a las 4:30 de la mañana en el barrio de Jobosí, “Les echo comida a los animales, dejo preparado el almuerzo y salgo en bicicleta para el campo, que está a varios kilómetros de la casa; a las seis de la mañana llego y estoy trabajando hasta que pueda”, comenta.

Esas labores domésticas y agrícolas se complicaron en 2015, cuando vino al mundo Félix Vladi, su segundo hijo. Sin embargo, Misleydis siguió la ruta trazada y solo abandonó los cultivos parcialmente, que quedaron en manos de familiares de confianza. Ella recuerda que hasta embarazada se iba a supervisar la cosecha. “Después que llegó el segundo niño me mantuve al tanto de todo, y cuando estuve en condiciones de salir, me fui de nuevo al trabajo sin descuidar a mi bebé, que hoy tiene 22 meses”.

Los ríos de sudor en el campo han dado sus frutos, no solo por el salto en la economía personal, que la ha llevado a comprar casa y varios equipos electrodomésticos, sino también por los estímulos morales recibidos, de los que habla con mucho orgullo.

“El mayor de todos fue el que me dieron en La Habana, en abril de 2016”, expresa refiriéndose a la medalla Abel Santamaría, otorgada por el Consejo de Estado a propuesta de la Unión de Jóvenes Comunistas, la cual se concede a personas con aportes sobresalientes a la sociedad.

“Yo estaba muy nerviosa por la significación del acto y porque allí se encontraban Machado (José Ramón Machado Ventura), la Primera Secretaria de la UJC y otros dirigentes importantes. Me duele que mi papá y mi abuelo, que ya no están físicamente, no hayan podido vivir ese momento», expone con un tono solemne.

Después de la condecoración ella regresó con mayores motivaciones a sus sembrados. “Quiero seguir consagrándome, mejorar los rendimientos e inculcarles a mis hijos el trabajo”.

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Acerca del Autor

Osviel Castro
Osviel Castro

Licenciado en Periodismo, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba (1995). Corresponsal del periódico Juventud Rebelde en Granma. Colaborador en temas de deportivos de la CNC TV Granma.

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