Sin margen a chapucerías

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Foto: Diana Iglesias

Camina por la ciudad como si fuera toda suya. Es uno de los guardianes del centro histórico de la segunda villa fundada por los españoles en la isla. Como vigilante no tiene sitio fijo, tampoco lleva uniforme. Le distinguen el sombrero de yarey bien grande y camisas de mangas largas para protegerse del astro rey. No está en la nómina de las empresas que custodian el patrimonio social y sin embargo a su mirada escrutadora nada escapa.

Fachadas, ventanales adosados con vitrales, columnas, terminación de paredes, colores de las pinturas empleadas, materiales usados, calidad de las obras, todo, absolutamente todo le interesa a este espigado caminante en Bayamo, plaza donde la arquitectura colonial peligra en desaparecer ante la urgencia de rehabilitar locales, adaptándolos a las nuevas necesidades de personas jurídicas o naturales.

Alfonso Carulla Figueredo es Arquitecto y Máster en Ciencias de Rehabilitación del Patrimonio Edificado y Conservación de Centros Históricos, comparte su tiempo laboral entre dos exigentes instituciones: la Empresa de Construcción de Obras de Ingeniería número 4 (Ecoi-4) y en la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos, ambas en Bayamo.

En la primera se desempeña como especialista en obras de arquitectura e industriales, controla el consumo de materiales, visita e inspecciona obras; en el segundo, es proyectista especializado en la conservación del patrimonio inmueble, hace cumplir las regulaciones urbanísticas, cuando llega un trámite visita el edificio y plasma lo que debe hacer el propietario particular o estatal para que el inmueble preserve sus valores arquitectónicos.

Para Carulla, como es conocido en Bayamo y no pocos sitios de la provincia de Granma, la Arquitectura, así con mayúscula, es arte y ciencia, y como tal exige el respeto que merece cada inmueble edificado, como parte de la historia y las características de una época, de la identidad de cada período vivido por la sociedad cubana.

Desbaratar, demoler un inmueble de épocas pasadas, contribuye deliberadamente a la extinción de la propia historia; así como añadirle nuevos elementos arquitectónicos anacrónicos. Daños que siente Alfonso casi como propios, sentimientos que hablan por si solos del sentido de pertenencia por su trabajo.

De su intensa vida laboral hablan colegas, directivos, operarios de la construcción, compañeros de soles y extenuantes jornadas a pie de obra. También lo distinguen reconocimientos y premios, de los que habla con modestia pero es imposible pasar por alto uno muy importante.

En el 2014 el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes obtuvo el Premio Anual de Conservación correspondiente al trabajo desarrollado en al año anterior, lo que significa que fue el museo donde mejor labor se desempeñó en pro de mantener vivas las huellas del tiempo. Allí Carulla dejó su impronta.

Materializado por una brigada de constructores del municipio de Buey Arriba, trabajadores de la institución y de la Oficina Provincial de Patrimonio, Alfonso fungió como supervisor y controlador de la calidad de las obras ejecutadas.

Aunque rechaza algún protagonismo en el Premio, por igual lo tuvo como los ejecutantes. Con modestia prefiere de resaltar el papel del proyectista ingeniero Nosbel Domínguez y de la compañera Kelvis Tamara entonces directora de la Casa Natal del Padre de la Patria y el equipo bajo su égida.

El papel preponderante del arquitecto estuvo además en la confección del expediente, documentación concursante junto a muchas otras obras similares del resto del país. Reflejo de todo el trabajo realizado y de las alternativas ingeniosas por mantener cada pieza en su lugar, empleando los materiales más idóneos.

La casa donde nació Carlos Manuel de Céspedes posee enormes valores de la arquitectura característica del siglo 18 cubano, razones sobradas para restaurarla y conservarla, además de que en ella nació el Padre de todos los cubanos y en el piso superior, algunos años después, el sacerdote y orador Tristán de Jesús Medina.

Resalta Carulla, que los valores arquitectónicos de un inmueble están dados por el espacio en si, no tiene que ver simplemente con la moldura, detalle equis o columna determinada. El valor histórico lo da el ser exponente de una época, la antigüedad; el conmemorativo otorgado al ser el espacio donde se desarrollaron hechos o acontecimientos vinculados a la historia, y los valores cultural y ambiental se componen por la contribución del inmueble en la caracterización de un entorno.

Las autoridades gubernamentales y políticas de la provincia reconocieron en ese momento la contribución sin igual del arquitecto en la obtención de tan difícil premio para una institución granmense. Recuerda Alfonso, el galardón es hijo del sudor, del sacrificio por muchos meses frente a la obra y de numerosos escollos que hubo de sortear, entre humanos y objetivos.

Restaurar es complejo y hay que hacerlo bien, sentencia, recuperar lo que se ha perdido lleva pericia hay que ajustarse a los proyectos. Por esta máxima convertida en filosofía de trabajo, con frecuencia se siente en espacios constructivos el respeto cuando aparece o actúa la mano de Alfonso Carulla en el control de la calidad.

Lamenta que no lo llaman tanto como quisiera para supervisar edificaciones en ejecución. Reafirma tener como único propósito que la arquitectura se respete, y se cumplan los proyectos. En una ciudad, donde reconoce, no es pródiga en cumplir con las regulaciones de la ciencia-arte.

Tiene incontables ejemplos de personas naturales o jurídicas que por desconocimiento o por la urgencia de resolver los problemas incurren en indisciplinas que afectan la conservación del patrimonio. Asegura que se adolece además de un sistema de gestión para la conservación del patrimonio inmueble, que regule acertadamente la restauración, rehabilitación y conservación.

Llama la atención sobre la destrucción del patrimonio edificado en la época colonial en Bayamo y resalta lo irreversible de esta problemática. Erróneamente directivos y funcionarios, habitantes del centro histórico asumen que sustituyendo determinadas características por otras más actuales o construyendo por patrones del siglo 18 se está haciendo un edificio colonial y esto no es más que un falso histórico.

Es común escuchar: se puso una reja colonial, se levantó una colunma colonial, y estas no son coloniales, no fueron echas en esa época, son actuales aunque sean semejantes a aquellas mencionadas. Por tanto, hay que evitar destruir lo hecho.

Con frecuencia siente que no es bien mirado, es un gaje del oficio, comenta, y agrega que si se acomoda a las circunstancias, si es blando en las decisiones de control, no logra la preservación del patrimonio.

La arquitectura para este hombre lo es todo. Le disgusta la repetición de los patrones en las edificaciones como el marco P y el terminado con estuque grueso en el segmento inferior de las paredes exteriores de cientos de casas. Costumbres que impuestas por el (mal) gusto del propietario, están catalizadas entre otras causas, por la posibilidad de adquirir los recursos. Unas y otras lastran la imaginación y lo artístico en el diseño arquitectónico.

En Bayamo, señala que la Casa del Joven Creador tiene ese valor artístico del que habla, así como la otrora academia de Arte Oswaldo Guayasamín, entre otros elementos aislados. Sin embargo, advierte que el centro histórico para considerarse como tal, está impelido a conservar los inmuebles coloniales, la pérdida de estos conllevó a que de sus 49 áreas ahora solo quedan 31 con esa cualidad.

Urge adquirir conciencia del peligro que implica la desaparición del arte de diseñar, proyectar y edificar inmuebles. Construir no es sinónimo de arquitectura, acuña este profesional del dibujo, las formas y los ambientes habitables. Señala lo apremiante de rehabilitar, conservar y mantener lo construido. Ideas que lleva además a las aulas donde forma ingenieros de la construcción, educando con el ejemplo.

Alfonso Carulla no tolera las chapucerías, lo saben clientes y operarios de la Ecoi-4, funcionarios de la Oficina de Patrimonio y la población de Bayamo que habita en el centro histórico. Este guardián sin uniformes ni sitio predeterminado a requisar, sabe lo importante que es su trabajo para la cultura. Y en el se mantiene incólume.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

Un comentario sobre “Sin margen a chapucerías

  • el 2 noviembre, 2017 a las 4:05 pm
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    Diana:
    Aunque tardíos lleguen a ti mis parabienes por este homenaje al arquitcto Carulla y a su trabajo por preservar lo escaso del patrimonio de la etapa colonial de Bayamo.

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