Cuba que linda es Cuba

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El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez

Ni el sol, ni el agobiante calor que acosaban a Bayamo en la mañana del sábado 27 de mayo fueron obstáculos para que una colorida multitud llenara el patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” de la Ciudad Monumento Nacional, y así disfrutar de un espectáculo singular y variado protagonizado por niños entre las edades de 4 y 14 años. El Festival de valores como ellos le denominaron, o de música cubana, como añado yo, “Cuba que linda es Cuba” fue asumido por los pequeños cantantes que conforman el coro Ismaelillo. Por esta agrupación han pasado varias generaciones de niños y niñas bayameses, muchos de los cuales hoy se desempeñan como instructores o cantantes en el mundo del arte y otros señorean en disímiles profesiones. Aris Rodríguez es la paciente y actual directora de este elenco compuesto por casi medio centenar de infantes que asumen con una increíble responsabilidad una tarea tan ardua en largas sesiones de ensayos y luego bajo el fuego del sol bayamés. Dúos, solistas, coro completo… todo un espectáculo digno de ser visto en otros espacios.

Hoy día, en Cuba, es un tema bastante recurrente, el de las diatribas contra el reggaetón y la chabacanería en el lenguaje musical actual. Este festival fue, o mejor dicho, es, porque ya no se podrá hablar del mismo en pasado, un espacio en el que escuchamos a todas esas voces infantiles defendiendo canciones del repertorio popular cubano, fundamentalmente dentro del complejo del son. El Panquelero, el Baile del suavito, El Manicero, La vida es un carnaval, El yerbero, Frutas del Caney y otras tantas descubridoras de horizontes para los pequeñines que cantaban y a los que escuchaban, pues salían de allí tarareando o cantando las obras del concurso. Los adultos no fuimos inmunes al encanto, nos recreamos con las interpretaciones pues nos ayudaron a volver a escuchar música con unos arreglos exquisitos. No creo que haya sido por falta de divulgación, soy testigo que los organizadores promovieron el espectáculo en los medios con asiduidad e intención, sin embargo, hubo una falta notable: no vi por ninguna parte a directivos del sector de la cultura (con la excepción de los organizadores de la casa de la cultura), de la Empresa de la música, de la Organización de Pioneros, Ministerio de Educación, estudiantes con sus maestros o maestras… tal vez estuviesen perdidos dentro de la multitud, pero la guerra contra el mal gusto no la gana un solo combatiente, en este caso, el colectivo de la mencionada casa de cultura.

El Dúo Alma de Cuba interpretó El baile del suavito. / Foto: Juan Ramírez Martínez

El espectáculo, llamado también Festival de valores como ya había dicho, supongo tanto por los potenciales valores del arte como por los inculcados en torno a la apreciación de lo mejor de nuestra música popular, contó con un detalle muy astuto por parte de los organizadores: el desempeño de los actores-instructores adultos en el manejo de los mensajes a los infantes. Primero, dar a conocer el nombre de los autores con mucha intención de manera que quedara una huella en el oído y supiésemos que estábamos escuchando una canción de Moisés Simons, de de Saborit, Delgado u otros de grandes compositores de la isla. Y segundo, por el llamado a escena de los personajes de las más populares historietas y animados de producción nacional vinieron a sembrar los intermedios de intrigas y detalles jocosos. Bien caracterizados y con gracia hacían gritar de entusiasmo a los públicos infantes cada vez que salían a escena. Este fue un espectáculo rico en contenido a pesar de la carencia de una mejor escenografía y una mejor orientación en el vestuario y maquillaje de las niñas, sobre todo. Muchos padres se empeñan en hacer pequeñas adultas de sus hijas y las privan de esa etapa tan bella que es la infancia. Aquí, creo que la dirección del espectáculo debe orientar mejor a los familiares de los pequeños artistas en cómo deben ir vestidas y maquilladas las niñas, y ante todo, buscar que exista una regularidad en los vestuarios ya que la institución no los tiene: unas van de aro, balde y paleta mientras otras, sencillamente, van con lo mejorcito que tienen en ropas pues en talento hacen derroches.

Desde esta columna propongo un nuevo espacio a todos estos artistas. En diversos lugares del municipio o de la provincia y por qué no, en la televisión de proximidad cultural que nos hace visibles en el mundo: CNC TV. En una nueva versión propondría se evaluara la posibilidad de evitar la desigual e injusta competencia entre los infantes otorgándoles lugares cuando todos sabemos que los jurados son siempre permeados por un grado de subjetividad y comparar las actuaciones de niños de 5 años con otros de 13 o 14 no es leal ni lógico. El verdadero valor del Festival debe estar centrado en que gane la música y el amor por la misma así como por su cultivo no por premios que pueden herir susceptibilidades de los niños y niñas más pequeños y alejarlos de la actividad. Debe ser este encuentro lo que su nombre indica, un FESTIVAL, no un concurso y de ser un concurso habría que ajustarse a leyes diferentes.

El cierre del evento estuvo matizado por la conmovedora interpretación de la canción que le da nombre espectáculo y una vez más escuchamos y cantamos a coro, bajo ese intenso sol oriental, Cuba que linda es Cuba, quien la defiende la quiere más…

Parte del equipo técnico que permitió el desarrollo del festival. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez
El patio de la Casa de Cultura “20 de octubre” se llenó de público para disfrutar de estos peques. / Foto: Juan Ramírez Martínez

Juan Ramírez Martínez

Doctor en Ciencias Sociológicas. Máster en desarrollo cultural comunitario. Profesor de nivel superior de Lengua Inglesa. Miembro de la Uneac y Fripresci. Realizador audiovisual.

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