Póngame una caja de cerveza, por favor

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Siempre que pienso en monumentos, y en el mundo se hacen muchos, creo que falta uno muy especial, el monumento a la “mujer cubana” y si hubiera para dos,  el obelisco a la “creatividad del cubano”. Ustedes instituyen las razones.

El cubano es reflejo de todas las características del latino, pero adicionalmente ha incorporado a su personalidad instintos condicionados por la adversidad, provocada por las  limitaciones económicas, que le han permitido sobrevivir a las más duras pruebas.

Se manifiesta en su carácter solidario, su optimismo y en un comportamiento, que yo prefiero nombrar, como “filosofía de la resistencia”. Los cubanos enfrentamos cada día con optimismo las duras pruebas que en el orden material y espiritual el bloqueo ha infringido a nuestra gente,  que ha dejado  su inconfundible huella en su manera de ser.

En la primera mitad de la década de los años 90, del siglo pasado, el pueblo cubano vivió una de las pruebas más dura de nuestra  historia, por la situación afrontada en duro batallar contra las dificultades, conocida como “Período Especial”.

En ese período, con las  ciudades a oscuras, o como dicen los ocurrentes dominicanos, “con algunos alumbrones” que refleja mejor, las escasas horas de luz, de los cotidianos apagones eléctricos.

La historia de estos años de nuestro pueblo es la sumatoria de pequeños fragmentos de las vidas de cada uno de sus habitantes, en incesante lucha por la supervivencia.

Mi institución no era ajena a esta realidad. El dilema era cerrar la institución  y perder   años de esfuerzo en la formación de un especializado colectivo de profesionales y buenos  trabajadores. La solución, la única que parecía sugerir el deseo de vivir, una finca cubierta de marabú que, con el esfuerzo de todos, produjo alimentos vitales para el colectivo. Otra pequeña parte de sus trabajadores continuaban cumpliendo, en situaciones precarias, las metas de la institución.

Recuerdo que tuve conciencia  de que el “Periodo Especial” estaba muriendo, de una forma poco usual, cuando en unos de los interminables viajes de trabajo por la geografía granmenses entramos a un pequeño restaurante de pueblo, habitualmente desabastecido, y para nuestro asombro la carta ofrecía un menú variado y hasta la desaparecida cerveza cubana, lo que hizo decir a un colega de forma impulsiva, “póngame una caja de cerveza, por favor”, ante la mirada atónica del camarero que asombrado preguntó, ¿la quiere toda  ahora?

Lo dijo  con una mirada picara, que todos entendimos muy bien su significado. En ella estaba reflejada una parte de realidad del momento, caracterizado por el desabastecimiento de muchos productos y la necesidad de tener la visión propia de un jefe de retaguardia, donde era necesario almacenar y tener “cosas” de todo tipo ante las escaseces.

Por suerte muchas de estas realidades han quedado atrás. La percepción, de  parte de la gente de la calle, apuntan más   en hablar en término de precios y salarios, es parte de la nueva realidad, que con un espíritu pragmático se emprenden en el país dirigido  a en rumbar la sociedad sobre bases más sólida, adecuándola ante el cambiante escenario internacional a las posibilidades económicas de la nación.

Con frecuente escucho a algunas personas, incluso dentro del país, minimizar el papel negativo del bloqueo y maximizar nuestras propias insuficientes, que son reales y debemos trabajar por superarla, y no puedo menos que asombrarme cada vez que veo a grandes  países desarrollados afectados por sanciones comerciales, o simplemente por  prácticas comerciales desleales, hablar del impacto terrible que tiene para  sus economías y me pregunto con asombro,  ¿qué decir de Cuba?

Pienso  en nuestro pueblo, que ha pasado, durante más de medio siglo, una de las pruebas más dura cometida contra una nación; sirva entonces como  recordación  este pequeño relato, un minúsculo fragmento de las hazañas de un pueblo que está en permanente batallar contra las adversidades,  con la esperanza puesta en el presente y en el porvenir.

José Alberto Sayas

Graduado como arquitecto, especializado en Ordenamiento Territorial y Urbano. Cursó la especialidad de Planeamiento Regional y Urbano en la Universidad Técnica Szczecin, Polonia y la maestría en Ordenamiento Territorial y Urbano en la CUJAE-IPF, en La Habana. Ha cumplido colaboración técnica en el extranjero. Es profesor auxiliar y ejerce la docencia. Tiene publicado artículos técnicos y sociales. Autor del blog Espacio natural y construido.

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