Una mujer inconfundible

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Ana Regla Mola. / Foto: Diana Iglesias

Nieta de la Condesa de Pueblo Nuevo, discípula de eminentes maestras, hija de un hombre inmensamente inquieto y dulce; ha bebido de las aguas del río Bayamo que la imantan a esta tierra por más de medio siglo. Reside para más señas, en la parte más antigua de la ciudad, donde late el corazón de los patriotas Francisco Vicente Aguilera y José Joaquín Palma y todavía se escuchan en los amaneceres de julio, los gritos de Ñico López arengando a los asaltantes al cuartel de la guardia rural.

Desde que la conocí, hace varios lustros, se de sus amenazas de irse a la capital, donde dicen que nació un día del siglo XX, porque la edad gravita como incertidumbre sobre sus hombros, en un rostro y un espíritu, indomable como el paterno, que no da tregua al paso del tiempo.

Imperturbable va de aquí para allá, puliendo, conservando, resguardando del paso del implacable: documentos, tarjas, puertas, hierros, muebles, pisos, todo cuanto narre la historia de su Patria, no importa si está en lo más intrincado de la Sierra Maestra o en medio de matorrales asolados. 

Revive a ratos el Bayamo de las retretas dominicales de la Banda de música, se siente otra vez niña, ataviada como condesita, saltando en la Plaza de la Revolución de un lugar a otro, bajo la mirada atenta de la abuela paterna: una mujer negra, pero osada y culta, que estudió magisterio y llegó a ser concejal número uno del Ayuntamiento de Bayamo, ganándose la admiración y el respeto del pueblo.

Los recuerdos de su padre también la asaltan, más no vienen acompañados de nostalgia, sino de orgullo y un profundo afecto por el autor de sus días, ese cuyo legado aún le abre las puertas de amigos y hasta desconocidos, cuando se enfrenta a la resolución de difíciles problemas laborales.

Es que Ana Regla Mola Rodríguez no escatima gestiones cuando de la conservación del patrimonio histórico cubano se trata. Lo mismo monta una bicicleta que hace guardia a choferes, funcionarios o torneros, de los que depende la culminación de un trabajo restaurador, que es capaz de conquistar a los operarios con una salvadora merienda de pan con croqueta y refresco de frutas a la hora en que las tripas más aprietan.

Entre las miles de anécdotas que atesora y cuenta incansable, como guardiana del patrimonio, está la de haber dirigido la visita en el Museo Casa Natal de Carlos Manuel de Céspedes a Fidel Castro, durante una de los tantos recorridos por la provincia en el año 1986.

Disponía de solo quince minutos en los que detalló con premura y certeza al líder de la Revolución cubana, los pormenores de la vida del Padre de la Patria en la casona colonial y los detalles de la reconstrucción del inmueble para convertirlo en museo. Aun siente la mano poderosa de Fidel sobre su hombro y la complicidad del hombre sencillo de pedirle la orientación hacia la satisfacción de una necesidad fisiológica de orden primario.

Sin la historia de Anita, como la llaman los más cercanos, no se puede escribir ni una letra de monumentos y sitios históricos en Bayamo. Unas veces a pie, en bicicleta o ¨a dedo¨ llegó hasta cada uno de ellos, algunos ya abandonados y desconocidos, les hizo expedientes para su estudio y los restauró con sus propias manos.

A su larga cuenta de restauradora y conservadora museóloga, van el reloj de cuerdas de la Catedral de Bayamo, junto a otros colegas: la puerta de la Capilla de la Dolorosa y la de la antigua cochera de la casa de Francisco Vicente Aguilera, hoy puerta lateral de la Biblioteca Provincial 1868, piezas únicas que sobrevivieron a la quema patriótica de enero de 1869 y la efigie y el pórtico del antiguo cementerio de San Juan, el primero de Latinoamérica a cielo abierto.

En los primeros meses del actual año, una nueva tarea la ocupa, dirigir al colectivo del Parque Museo Ñico López, sitio emblemático para la nación y el legado patriótico de la Revolución, asaltado en la madrugada del 26 de julio de 1953 por un grupo de revolucionarios paralelos al asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, liderada esta acción por Fidel.

Parte de ese complejo histórico cultural es la sala Los Asaltantes, entonces una hostería en venta, donde pernoctaron los principales líderes atacantes del cuartel de Bayamo y donde el luego Comandante en Jefe, sincronizó los relojes con sus compañeros para atacar al unísono las dos fortalezas del ejército en Oriente.

Enfrascada en un nuevo montaje museográfico, le revolotean ideas para ambientar las salas, hora usando también las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones, empleando recursos audiovisuales y más atractivos carteles donde se explica a los visitantes lo ocurrido hace más de sesenta años.

Por su consagración, es merecedora de diversas distinciones y reconocimientos entregados por organismos y las direcciones del gobierno, el Partido Comunista de Cuba y el Ministerio de Cultura. Sin embargo no hay para Anita mayor premio que la asistencia del público a los museos y las actividades artísticas y culturales que prepara con esmero en torno a fechas históricas y personalidades.

Exquisita en sus proyecciones como promotora cultural, incansable, nada pasa inadvertido para Ana Mola. En mayo último recibió en La Habana un reconocimiento del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural por su meritoria participación en la defensa de la cultura nacional. Dispuesta a desempeñar tareas donde le asignen, espera con ansias el momento de volver a la Casa Natal del Padre de la Patria, institución donde aprendió la mayor parte de lo que hoy sabe, y a la que ha dedicado la mayor parte de su vida profesional.

Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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