¿Quién dijo que se fue Bermúdez?

Foto: Cortesía del autor

El sábado 8 de julio, ya avanzada la mañana, Orlando me dio la noticia y no sé por qué junto al dolor lo primero que me llegó fue la canción de Alberto: “cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede ocupar, ni el mejor… y sonreí porque no pensé en el deceso sino en la alegría perenne que exhibía aquel hombre que se declaraba fallecido por leyes de la naturaleza. Pero es que, aunque la naturaleza es la única verdad que existe, ni ella misma puede borrar de la vida a las cosas y las personas que han dejado más que huellas surcos. Siempre habrá alguien que en un momento dado tenga que recurrir a las ocurrencias de Bermúdez para poder explicar algo.

Nos conocimos en el patio de la Uneac, organización que prestigió con su membrecía. Un señor con galardones tan grandes como los de Héroe Nacional del trabajo, Premio Nacional de arquitectura y Premio Bayamo, entre otros, no puede pasar inadvertido. Y como si fuera poco, para estar más en los recuerdos se hace notar en cualquier grupo por su gran sentido del humor. Vivía buscando situaciones, creando personajes y elucubrando ideas para hacer reír con sus ingeniosos guiones de programas humorísticos en la emisora provincial. Fui, junto a Félix, uno de sus personajes de los programas costumbristas y de ese modo nos fuimos habituando a bromear, y a contarnos aquellas cosas que a veces hacemos y resultan risibles para los demás aunque no lo sean para nosotros.

En los años 90, por las mañanas, Miguel acostumbraba a dar consejos de cómo construir casas de bajo costo en un espacio que compartía con David en el programa Hoy en la noticia. Recibía las llamadas y se pasaba ratos conversando con las personas para decirles de cómo preparar una mezcla y cosas así. Todo lo tenía anotado en una libreta. Creo que sería bueno publicarla.

Hace unos años atrás a Miguel le gustaba darse su traguito de vez en vez. Su familia no quería por cuidar de su salud. Por esa razón hizo periodos de abstinencia en varias oportunidades. Cuando quería salir por un traguito decía jocosamente a su esposa: Voy a una reunión al restaurante de aquí al lado. Me contó que en una de esas reuniones olvidó el bastón y como a los tres días, por una nueva cita, regresó al España y el cantinero se lo tenía en un estante. Luego de un rato le preguntó al joven por aquel bastón en un estante, “haciéndome el chivo loco”, me comentó. Y el joven le dijo: “Ese es de un viejito que viene y cuando se pone alegre se le olvida cojear”. Ahí mismo comenzó a reír que casi no me termina la historia. Él era así: incorregiblemente humorista.

Miguel siempre andaba con un cuento, una historia o una idea en planes y a flor de labios. Conversador por excelencia y bailador sin igual. Si ustedes ven la admiración con que me contó de cómo una vez, siendo muy joven, se fue a un baile en Yara con unos amigos y cuando la orquesta empezó a tocar todos se quedaron admirando las cualidades del cantante y nadie bailaba. Era un mulatico flaco con una gran chaqueta, me contaba, era Benny Moré, no había quien bailara compadre, dijo con gozo.

Miguel tiene tanta historia y es tan bromista que usted puede estar seguro de que no ha ido a parte alguna. Mora y morará en nuestros recuerdos a través de sus ocurrencias, sus chistes, de sus historias, de sus obras arquitectónicas, de sus huellas…

Juan Ramírez Martínez

Doctor en Ciencias Sociológicas. Máster en desarrollo cultural comunitario. Profesor de nivel superior de Lengua Inglesa. Miembro de la Uneac y Fripresci. Realizador audiovisual.

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