El Sindo Garay de Bayamo

El 17 de julio de 1968 muere en La Habana Sindo Garay, trovador, compositor de relevancia en la música cubana, que aunque nació en Santiago, pidió ser sepultado en la ciudad de Bayamo.

Los días 17 y 18 de julio de 1968 fueron de conmoción para la música y la cultura cubanas, moría un enigma, una página viva del pentagrama en la isla, el santiaguero Antonio Gumersindo Garay García nacido el doce de abril de 1867, con 101 años de vida.

Parece una noticia de obituario sin mayores trascendencias, pero Sindo Garay, como era conocido, quien murió en La Habana  pidió a sus hijos, todos con nombres aborígenes, que se le sepultara en Bayamo, ciudad que amaba entrañablemente y en la que vivió y compuso buena parte de su repertorio musical en el que destacaron mas de 600 canciones muchas de ellas trascendentes.

No era una trastada de gallego, paralelo a como reza un refrán popular entre la Habana y Madrid, pues entre sus ascendientes, aunque podrían encontrarse ibéricos había mezcla del indio y del asiático por la fisonomía y el pequeño tamaño. Más bien era un deseo del hijo adoptivo de una tierra que lo acogió como a uno de sus nativos.

Fue el velorio de Sindo un acontecimiento, de La Habana a Bayamo se trasladó el féretro junto a una caravana de autos vistosos, elegantes como los almendrones que aún circulan en la isla.

Contaban los que fueron testigos del acontecimiento, aunque muy niños, recuerdan a sus mayores murmurando que música, tabaco y buen ron no faltó en el periplo.

Canciones a guitarra limpia, a voz en cuello, de aquel que sin tener  formación académica, se había ganado un lugar de honor entre los músicos cubanos, y había muy buenos intérpretes y compositores por esas épocas.

El pueblo de Bayamo en masa salió a despedir a su amigo, en la hoy casa de la cultura 20 de octubre se veló por algunas horas el cadáver del músico.

En una tumba a la izquierda, inmediatamente al entrar al camposanto de Bayamo, se puede encontrar una lápida de mármol rosáceo, sencilla, que cubre los restos del gran cantor. No siempre estuvo allí la lápida, con el paso de los años las autoridades entendieron que era ese montículo un lugar sagrado por partida doble y hasta allí en su nueva envoltura marmórea se va a rendirle honores varias veces al año.

Fue Sindo un caminante sempiterno de Bayamo, entristecido por el abandono de la ciudad y sus inmuebles, pero enamorado de la magia que dejaron los restos de la quema patriótica, de sus mujeres, de sus gentes hospitalarias.

Aquí compuso, bajo la fronda de un árbol, en una tarde calurosa, una de sus canciones emblemáticas que aunque la nombró Mujer bayamesa, todos le llaman La bayamesa de Sindo, por considerarse una versión de La bayamesa compuesta por el poeta José Fornaris en marzo de 1851.

La tarde, Perla, Amargas verdades, Retorna, Tormento fiero y Guarina, son algunas de las canciones que no se olvidan de este juglar, poseedor de un fino humor.

Entre sus muchos motivos de orgullo, Sindo contaba con el honor de haber estrechado las manos de José Martí y Fidel Castro. Durante su infancia fue enlace del coronel José Maceo y en su repertorio incluyó el poema Semblanza de Martí, basado en el encuentro que tuvo con el Delegado del Partido Revolucionario Cubano.

Al genio loco del pentagrama, como fue llamado por poetas y músicos, al dueño indiscutible de un gran talento, extraordinaria musicalidad y acendrada cubanía, le dedicamos unas letras en el aniversario de su siembra en su Bayamo.

Junto a la tumba de Sindo Garay.
Figura de Sindo expuesta en el Museo de Cera de Bayamo.

 

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Diana Iglesias

Licenciada en Psicología, Universidad de Oriente 1998. Escritora de programas dramatizados históricos para la radio. Periodista en la redacción de la Oficina Cultural Ventana Sur. Colabora con las páginas web de La Demajagua, Crisol, AHS, CNC TV , ACN. Realizadora audiovisual, documentalista. Promotora cultural.

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